En cada lugar...
algo especial....

Colección de Documentos Históricos 

Foto de la Tumba de William Walker en Honduras, 
  • CONVENIO WALKER - CORRAL
  • 23 de Octubre de 1855
  • PROTESTA DEL PRESIDENTE DE NICARAGUA JOSE MARIA ESTRADA
  • (Dirigida a los Gobiernos y pueblos de Cetroamérica en contra del Convenio Walker Corral del 25 de Octubre de 1855.)
  • Administración de Walker
  • GUERRA NACIONAL
  • EL CONFLICTO CON COSTA RICA
  • SEGUNDA INVASION DE WALKER
  • 28 de diciembre de 1854: Contrato Byron Cole -Castellón
    Una de las consecuencias más nefastas de esta guerra civil entre legitimistas y democráticos fué el Contrato Byron Cole -Castellón. Los democráticos (Jerez, Castellon, Guerrero , Zepeda entre muchos otros..) para triunfar sobre los legitimistas,. militar y económicamente mucho más fuertes, contrataron a los filibusteros. estos desembarcaron en el país con el objetivo de "unirse a una de las partes beligerantes en Nicaragua, vencer, de este modo, la otra, y sobreponiéndose después a las dos, formar un nuevo gobierno". El Contrato les otorgaba múltiples concesiones y privilegios. Los ingenuos democráticos no percibieron aún los intereses que tenían los sureños esclavistas!.
    ADMINISTRACION DE PATRICIO RIVAS y WILLIAM WALKER

    Diez y siete meses de guerra civil encarnizada y destructora, habian agotado los recursos de Nicaragua y enervado el patriotismo de sus hijos.
    Walker, si hubiera tenido alguna mediana habilidad, no sólo se habria adueñado de Nicaragua sin oposición, sino que habria sido el ídolo del pueblo que cansado de tan acerba lucha sólo deseaba la paz.

    Por otra parte, leoneses y granadinos, que se odiaban á muerte y que desconfiaban mútuamente unos de otros, habrían preferido poner sus destinos eternamente en manos de un elemento ageno á sus rivalidades, se éste se hubiera mostrado imparcial y conciliador.

    Pero Walker era un aventurero bastante vulgar, cuya vista alcanzaba más allá de sus conveniencias personales , y optó por el gustado sistema de apoyar al que consideró más débil contra el más fuerte, para explotar la división.

    El partido democrático que había hecho la guerra á Chamorro por su absolutismo, porque llamó a Nicaragua República, y Presidente al Director, se encontraba con la situacion en la mano y no obstante besaba humildemente el látigo de Walker, se servía de los mismos nombres para designar al gobernante y al país, y hacia exactamente lo que tanto combatiera.

    La dilatada lucha había excitado de tal manera las pasiones, que los partidos olvidaban con frecuencia sus principios, por tal de encontrar la manera como desahogar sus resentimientos y venganzas.

    El Partido democrático, aunque aparentemente dueño de la situación, mandaba tanto en Nicaragua, como el legitimista. Basta saber, que ni el Presidente, ni los Ministros, tenían autorización para hacer nada que no fuera del gusto de Walker,  que cada día se mostraba más imperioso y exigente.

    Los altivos leoneses, después de tanto años de lucha, vinierón a convertirse en siervos del jefe filibustero, de cuyo férreo dominio no podian, ni querian sustraerse. No podian, poruqe Walker se apoyaba en un crecido ejército de aventureros, cuyo número se aumentaba por cada vapor que llegaba á San Juan del Sur: no querian, porque pensaban que si se alejaban de Walker, este se rodearía de legitimistas á quienes temían más que á todos los males juntos.

    Todo, pues parecía doblegarse ante el audaz aventurero.

    El clero, que pudo haberse alarmado con la introducción del elemento protestante, fué por el contrario humilde cortesano, á quien se vio con frecuencia en las antesalas del autócrata, esperando como un favor el permiso de entrar á felicitarlo por el bien que hacía a Nicaragua.

    Las alhajas de los templos le fueron dadas de orden del Jefe de la iglesia nicaragüense, para invertirlas en la compra de rifles y elementos de guerra: mientras los personajes más notables del clero, como el Cura de Granada, don Agustin Vigil, que pasaba por el primer orador sagrado, agotaban el vocabulario de la adulación, llamándolo desde la tribuna del Espíritu Santo "Angel titular" y "Estrella del Norte".

    Walker, para la buena marcha de su negocio, necesitaba de un órgano de publicidad, que diera á conocer sus conquistas en los Estados Unidos en donde tenía cifradas sus mejores esperanzas. Fundó, pues el 20 de Octubre de 1855, un periódico bilingüe, que llamó El Nicaragüense, escrito, una cuarta parte en un español bárbaro y las restantes en buen inglés.

    El Nicaraguense retrataba fielmente el carácter de los filibusteros americanos. Era muy frecuente encontrar en un mismo número palabras de aliento para el pueblo de Nicaragua en la parte escrita en español, mientras en la inglesa, destinada á los Estados Unidos, se hablaba de conquista y esclavitud y se designaba á los nativos con los epitetos más odiosos y despreciativos.

    Degradados, afeminados, greusers, eran los calificativos amorosos con que el periódico filibustero regalaba á los nicaraguenses. Fué su redactor principal el filibustero Juan Tabor, aunque escribieron en él varios otros.

    Cuando Centro América se coligó contra Walker, El Nicaraguense fué más insolente, y la Gaceta Oficial del Salvador de 9 de Octubre de 1856, aseguraba que la parte española se hallaba entonces á cargo del general Manuel Carrascosa, uno de los Ministros de Walker.

    El Nicaraguense solia traer sueltos por este estilo:

    "Fallecimiento - Old  aguardiente (Aguardiente añejo). Un caballo bien conocido, perteneciente al Coronel Frank Anderson, murió súbitamente el domingo en la noche: el Coronel le enterró con pompa. Pocos caballos había en Nicaragua superiores a él, ya por su velocidad, ya po su fortaleza, hermosura y docilidad. Paz á sus orines" De aquí puede deducirse la clase de lectores á que estaría dedicada la publicación de los filibusteros.-"

    En el mismo mes de octubre, el vapor Cortés de la Compañía de Tránsito trajo de San Francisco, un refuerzo de seiscientos americanos reclutas y una compañía más, organizada, armada y á las órdenes del Capitán Davidson.

    La condición de los nicaragüenses por este tiempo, no podía ser más triste y angustiosa. Los prisioneros de una horda de bandidos no habrían sido peor tratados que nosotros.

    el Chronicle de New York publicó correspondencias de su reporter en Nicaragua, que relataban la vida y costumbres de los filibusteros. estos, según el reporter, robaban, asesinaban incendiaban y violaban con la mayor imprudencia, y cuando el corresponsal del chronicle les hacía reflexiones sobre lo perjudicial que podía serles en lo porvenir una conducta semejante, contestaban, escogiéndose de hombros, " que los greasers no tenían sentimiento, ni eran de la misma especie que los blancos."

    El Presidente Rivas y su Ministerio, mientras tanto, sólo se ocupaban en hacer lo que Walker quería y en buscar la manera de mantenerlo grato. Triste parodia de gobierno; la administración de Rivas traía á la memoria la Corte de Bleufield en tiempo de los ingleses, Don Patricio Rivas y su Gabinete hacían en Nicaragua por entonces el mismo papel politico, que los jefes moscos bajo el protectorado de Mr. Patrick Walker.

    La prensa de Europa y América discutía con calor las aventuras de los filibusteros. En los Estados Unidos casi todos los diarios aplaudian al audaz compatriota á quien convertían en héroe de novela, comparándolo cínicamente con Hernán Cortés, con Francisco Pizarro y con los más célebres conquistadores; pero en Europa, el Brasil y toda américa Latina se le atacaba con dureza y se increpaba al Gobierno norte américanos.

    El Journal Of Commerce de Washington y otros periódicos respetables, que se suponía inspirados por el gabinete americano, decían francamente, que éste no podía impedir los movimientos de Walker en Nicaragua, ni convertirse en policia de paises lejanos.

    La Patrie de Paris, el Diario de la Marina de la Habana y muchos otros periódicos, enemigos de los filibusteros, al propio tiempo que condenaban á éstos, decían con mucha sensatez, que si Nicaragua era impotente para echar del país aquella turba de foragidos, había que reconocer que tenía bien merecida su suerte, poruqe la primera condición de un gobierno era estar en aptitud de poder resistir un asesinato.

    Parecía inconcebible en el exterior, que 55 hombres pudieron sojuzgar á toda una Nación, derrotando primero el ejército numeroso de Guardiola y obligando á capitular, sin un disparo, al más numeroso todavía que comandaba Corral. De ahí la gran fama de Walker; de ahí el entusiasmo que despertaron sus triunfos en el pueblo americano, envanecido de tener por compatriota al héroe de tan potentosos hechos; y de ahí tambien ese desprecio universal por un pueblo tan desdichado y miserable que carecía de virilidad hasta para echar fuera á una pequeña gavilla, que lo saqueaba y asesinaba tranquilamente.

    Los aventureros de Walker en Nicaragua tenían que ser toleradas por el Gobierno de Estados Unidos, á pesar de las repetidas protestas diplomáticas y de la reprobación enérgica de la prensa de casi todo el mundo civilizado, por las cuestiones con Inglaterra.

    Después de suscrito el Tratado Clayton Bulwer, el Gobierno inglés continuó ocupando Belize, Roatán, La Reserva Mosquita y San Juan del Norte.

    El Gobierno americano exigió enérgicamente la desocupación de aquellos territorios porque, conforme el artículo 1ª del tratado, ambas partes habían convenido "que en ningún tiempo ocuparían, colonizarían, fortificarían, ni ejercerían dominio alguno sobre Nicaragua, Costa Rica, la Costa Mosquita ó parte alguna de Centroamérica."

    Inglaterra alegaba que esa estipulación se refería al tiempo venidero; pero nunca jamás á derechos adquiridos con anterioridad al tratado.

    La Prensa de ambos países tomó cartas en el asunto y lo discutió con tal acritud, que hirió el amor propio nacional de ingleses y norteaméricanos.

    A esta cuestión diplomática entre la Gran Bretaña y los Estados Unidos, vino agregarse la de las relaciones entre los mismos, por ciertos engauches efectuados en territorio americano para la guerra de crimea; y llegaron á tal punto las cosas, que la Cancillería de Washington cortó de golpe la discusión, enviando pasaportes á Mr. Crampton, Ministro Residente de Inglaterra, para que desocupara el país.

    En tal ocasión, el aparecimiento de Walker, como conquistador americano en Nicaragua, venía indirectamente á apoyar los intereses de los Estados Unidos en la cuestion pendiente.

    Era Presidente de la unión Américana, en aquellos días, el general Franklin Pierce. Había sido elevado por los votos del Partido Democrático en la elección de 1852 y tomó posesión de la Presdencia el 4 de marzo de 1853.

    Mr. Pierce deseaba ser reelecto en los comicios de 1856, y de ahí también, que para no perder popularidad, fuera su política tan poco franca y definida en los asuntos de Walker.

    El Secretario privado de Mr. Pierce sostenía correspondencia con el filibustero Mr. Fabens, y esas cartas, que fuerón publicadas en junio de 1856, lo complicaban en la expedición del vapor Tennese, que fué detenido por las autoridades federales del Estado de New York.

    Walker, que seguía con ojo avisor todos los movimientos de la política américana, tuvo especial cuidado en hacer que el Gobierno de Nicaragua enviara un Representante á los Estados Unidos. La elección naturalemente tuvo que recaer en uno de los suyos, y Parker H. French, entonces Ministro de Hacienda, fué nombrado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario.

    El nuevo Ministro era digno de la causa que iba á representar en Washington. French era Tahur de profesión y tenía en Norte América cuentas pendientes con el Gobierno, que lo había perseguido como concusionario. Sin embargo, no vaciló en presentar ante Mr. Pierce en 19 de diciembre de 1855.

    Mr. Wheeler, Ministro américano en Nicaragua, tan pronto como se inauguró el gobierno de Patricio Rivas se apresuró á reconocerlo oficialmente.

    Don José de Marcoleta, antiguo Ministro de Nicaragua en Washington, don Antonio J. de irrisarri, de Guatemala, y don Luis Molina de Costa Rica, se dirigieron inmediatamente a la Cancillería americana, protestándole por el reconocimiento indebido que su representante en Nicaragua había hecho de un Gobierno impuesto por una gavilla de filibusteros. el Cuerpo Diplomático residente en Washington, representado por los Ministros de España, Francia, Brasil, Chile, Perú y demás naciones sud-américanas, apoyó las protestas anteriores, y Mr. Pierce no tuvo más remedio, para ser consecuente con las reclamaciones que entonces hacía Inglaterra por los enganches americanos para la guerra de Crimea, que desaprobar la conducta de su Ministro en centro América.

    En situación tan desfavorable para el filibusterismo americano, se presentó en el Capitolio Parker H. French, pidiendo oficialmente que se le reconociera en su elevado carácter diplomático. Mr. Marcy, Secretario de relaciones Exteriores, le contestó, en 21 de diciembre de 1855, manifestádole que no podía recibirlo, porque los que habían establecido el actual orden de cosas en Nicaragua no eran ciudadanos de ésta, ni el voto popular. libremente manifestado, habia sancionado su presencia en el poder. Más claro, Mr. Marey significó á French que reputaba á don Patricio Rivas como prisionero de Walker, y á su Gobierno como "Gobierno de parapeto."  (The Herald, Nueva York diciembre 23 de 1855).

    Pocos días después French fué arrestado en Nueva York, acusado de estar haciendo enganches de filibusteros para Nicaragua, y aunque se le puso en libertad al poco tiempo, parece que Mr. Pierce le hizo decir privadamente, que sino tomaba soleta lo más pronto posible, podría suceder muy bien que se volviese á tratar de sus antiguas cuentas. Gaceta Oficial de Managua 1857.

    Antes de estos acontecimientos, el 8 de diciembre de 1855, el presidente Pierce, creyéndose obligado á satisfacer al Cuerpo Diplomático, publicó una proclama prohibiendo á los ciudadanos de la Unión Américana, que tomaran parte en las expediciones de Walker, que llamó "vergonzosas y criminales".

    Cuando walker tuvo noticia de los anteriores sucesos, obligó a don Patricio rivas á expedir el decreto de 22 de Enero de 1856, cerrando las relaciones oficiales con el Ministro Mr. Wheeler y revocando los poderes conferidos á Parker H. French, que regresó algún tiempo después sin haber obtenido cosa alguna del Gobierno de los Estados Unidos.

    Frech, no obstante sus defectos, era un agente activo; y viendo que Marcoleta estaba reconocido como Ministro de Nicaragua, tentó sobornarlo, ofreciéndole veinticinco mil pesos, para que se pusiera al servicio de Walker. Marcoleta, á pesar de encontrarse muy pobre, rechazó con indignación la propuesta.

    en esos mismos días fué denunciado el enganche de doscientos americanos que salían para Nicaragua en el vapor Northen Light y las autoridades de Nueva York los capturaron; pero el vapor escapó con las armas y municiones.

    Walker cada vez más impolítico, obligó al Gobierno de Nicaragua á gravar con seis reales de alcabala cada libra de tabaco que se introdujese, y de esta manera contuvo la importación que se hacía de Centroamérica y favoreció la de Virginia.

    El 18 de febrero de 1856, Walker obligó tambien al Gobierno á dar otro decreto, que revocaba todas las concesiones y privilegios concedidas á la Compañía americana de Canal y accesoria de Tránsito por Nicaragua, fundándose en que no había cumplido sus compromisos y disponiendo el embargo de sus propiedades, caso de no satisfacer lo que adeudaba.
     

    Desde que walker proyectó en san Francisco la ocupació de nuestro suelo, tuvo el propósito firme de explotar en su provecho la falsa posición en que con respecto a Nicaragua se habia colocado la Compañía. De ahí su empeño para que Castellón lo facltara para el arreglo de las dificultades pendientes; y de ahí tambien el fijar su centro de operaciones en Rivas.

    La Compañia, entre varias de sus obligaciones, contaba la de pagar anualmente diez mil pesos al Gobierno de Nicaragua, t además, un diez por ciento sobre los productos netos del tránsito; pero con excepción de la primera anualidad. la Compañía siempre encontró pretexto para desembolsar un centavo más.

    El general Chamorro con su energía caracteristica empezaba á exigir el pago, cuando fué distraido de su propósito por la Revolución democrática.

    La Compañía, que de un sólo el diez por ciento sobre pasajeros adeudaba noventa mil y pico de pesos, se apresuró á reconocer al gobierno provisional de León y entrar en inteligencias con éste.

    Más tarde se presentó Walker, autorizado por el Gobierno Provisional, pidiendo el arreglo de cuentas, y la Compañía eludió hábilmente el asunto, contentando al comisionado con facilitarle hombres, poner á su disposición los vapores del Lago para las operaciones militares que llevó á cabo, y darle veinte mil pesos que le exigió á buena cuenta.

    La Compañía de Tránsito tenía por jefes á los señores Carlos Morgan y J.L. White, en Nueva York, y á Mr. Garrison por agente en San Francisco. estos, mirando solamente sus propios intereses, creyeron en un principio que podrían explotar á Walker en su provecho; pero no tardaron en salir de su error. Los negociantes Morgan y Garrison fuerón los primeros en comprender á su compatriota, y como de otro lado veían elevarse en el seno de la propia Compañía la influencia de Mr. Vanderbilt, el opulento y emprendedor armador de Nueva York, Mr. Morgam resignó la presidencia de la Compañía y se retiró de ella con sus asociados. Mr. Vanderbilt fué elegido en su lugar.

    Garrison continuó prestando servicios á Walker en San Francisco, y Morgan, en Nueva York, é inspirado por éstos, reclamó de mr. Vanderbilt cuatrocientos doce mil pesos que la Compañía adeudaba á Nicaragua por las anualidades de diez mil pesos y las utilidades del diez por ciento. Mr. Vanderbilt alegaba fraudulentamente que la Compañía no había tenido utilidades hasta esa fecha; pero Walker cerró brúscamente la discusión con el decreto de 18 de Febrero de 1856, en que mandaba confiscar los buques y propiedades de la Compañía por la cantidad reclamada. Hecho que avaluó de los bienes embargados, fueron justipreciados en ciento sesenta y un mil pesos solamente; de suerte que la Compañía despojada quedó á deber todavía un fuerte alcance.

    Sus derechos y privilegios los concedió Walker á un tal Mr. Edmundo Randolph, amigo personal suyo y agente de Garrison, que había llegado á tiempo para esta negociación, y que volvió á partir inmediatamente para Nueva York, para traficar con ella. En esta ciudad hizo, probablemente por fórmula, una oferta de retrocesión á Mr. Vanderbilt, que la rehusó en el acto. Randolph entonces trató con Morgan y Garrison, que volvieron á aparecer en la escena, despues de haber hecho lo que se llama una falsa salida. Estos señores volvieron á comprar á Walker, mediante la suma de cuatrocientos mil pesos, los vapores y el material de su antigua Compañía, que sólo habían sido estimadas en un principio en ciento sesenta y un mil pesos.

    La noticia del despojo de La Compañía causó verdadera sensación en Estados Unidos. Muchos de los iembros que la componían eran hombres ricos y de grandes influencias. Estas se hicieron sentir inmediatamente en la prensa américana, cuya mayor parte dejó de comparar á Walker con Cortés y con los grandes conquistadores, para llamarlo simple y llanamente Capitán de Bandidos.

    El despojo de las propiedades de la Compañía fué para Mr. Vanderbilt y sus socios como si les hubiera caído un rayo. Invocaron el auxilio de su Gobierno; pero Mr. Pierce les contestó, que tenían muy bien merecido cuanto les pasaba, poruqe habían sido aliados y cómplices de Walker, y que el Gobierno americano no podía intervenir en las disputas de camaradas que se peleaban. Mr. Marcy los remitió irónicamente á las autoridades de Granada.

    Resolvieron entonces emplear todos los medios posibles para derrocar al hombre y el poder que ellos mismos habían importado y sostenido en Nicaragua.

    Con este objeto Mr. Vanderbilt, conocido después como el Creso norte-américano, desplegó sus influencias por todas partes y entabló correspondencia con los Presidentes de la América Central, para impulsarlos á combinar sus esfuerzos contra el enemigo común. Negociaciones semejantes inició tambien con la América del Sur prometiendo hombres, municiones y subsidios, y contribuyendo poderosamente á realizar la liga hispano-américana, cuyas bases se firmaron en Chile, el Perú y El Ecuador, en la Ciudad de Santiago.

    Vanderbilt y sus socios fueron, desde esa fecha, los aliados más activos y fieles de los Gobiernos centroamericanos.

    El general Cabañas, debilitado por los auxilios que prestó á la revolución democrática, no pudo resistir la Revolución de Lopez y sucumbió en los campos de masaguara el 6 de octubre de 1855.

    El primer paso de Jerez, así se creyó que la situación estaba en manos de los democráticos, fué invitar á Cabañas para que pasara á Nicaragua á recibir auxilios con que recuperar el poder pérdido en Honduras.

    Pendiente este compromiso, que era tan sagrado para el jefe democrático, éste consintió en todo cuanto Walker exigía, por tal de que cuando llegara Cabañas no tuviera pretexto alguno como negarle lo que había prometido.

    El 3 de diciembre de 1855 se presento Cabañas en Granada y fué recibido con todos los honores de un antiguo Presidente; pero cuando jerez quiso hacer efectivo su ofrecimiento, Walker se opuso aplazando el auxilio para más tarde.

    Cabañas manifestó entonces, que en el inmediato mes de enero terminaba su Período de Presidente en Honduras; que pasaba esa fecha no tenia derecho para llevar la guerra, y que por lo mismo desistía de toda idea á este respecto.

    Jerez, bastante contrariado, fué á encaminar á Cabañas a León. En esta ciudad hubo una reunión de los principales hombres del partido democrático, y en ella tomó la palabra el jefe hondureño para manifestar con la energia y franqueza que acostumbraba con sus amigos, que en vez de salvar á Nicaragua del atraso político y de la opresión, como tanto lo habían cacareado, no habian hecho otra cosa que entregarlo miserablemente á un Capitán de ladrones, que lo trataba como un país conquistado, y que tan luego como se sintiera fuerte, trataría tambien de conquistar el resto de Centro América.

    Jerez fué el primero en confesar su error y en ofrecer solemnemente, que desde esa hora se consagraría á la salvación y libertad de Nicaragua.

    El jefe democrático era un verdaero patriota, tenía gran talento, mucha ilustración, un valor á toda prueba y una honradez tan exagerada que con frecuencia lo hacía victima del engaño de todo el mundo á quien juzgaba por sí mismo.

    Desde su viaje á Europa como Secretario del Ministro Castellón , convencido del ridículo papel que hacian ante el mundo ' las cinco soberanas miniaturas de Centro América, se convirtió en el más decidido partidario de la reconstitución nacional.

    Más tarde tuvo amistad con Barrundia, y por medio de éste con Cabañas, jefes ambos del partido nacionalista. Por este último, que fué "el caudillo más honorado de su tiempo", sintió Jerez entrañable cariño y veneración sin limites.

    El carácter de Jerez no permitía términos medios en tratándose de llegar á una conclusión. "Ser ó no ser" era el problema planteado, y para ser centroamericano, creía lícito cualquier medio, ni más ni ménos que Chamorro para logara el sostenimiento del orden.

    El candor y buena fe de aquel hombre,  á quien la posterioridad ha calificado de "alma de niño y corazón de león", fueron explotados hábilmente por el jefe filibustero, que le hablaba siempre en un lenguaje en consonancia con sus ideas y le hacía hermosas promesas que se aplazaban por las circunstancias.

    Pero cuando Cabañas "el hombre idea" como le llamaba el mismo Jerez, le hizo ver el abismo en que habia sumido á Nicaragua y las desgracias sin cuenta que sobrevendrían á Centro América, abrió los ojos y se propuso remediar el mal que había causado.
     
     

    Jerez al regresar a Granada se separó del Ministerio. Otro tanto hizo Selva, su compañero de causa y el Gobierno del señor Rivas quedó reducido á éste, al Ministro Ferrer, que era un abogado de provincia, y á Walker, señor y jefe absoluto de Nicaragua.

    Por renuncia de Jerez y Selva, Rivas nombró, en reposición de ambos, respectivamente, á los señores Doctor don Norberto Ramírez y Licenciado don Sebástian Salinas; pero no aceptaron. Nombró entonces al señor Licenciado don Francisco Baca, para desempeño de ambas carteras, y tambien se excusó de servirlas. Los amigos de Jerez obedecían una consigna, y el Presidente Rivas tuvo que resumir todas las carteras en Ferrer, que asumió el carácter de Ministro General.

    El desagrado de los democráticos no podia manifestarse más claramente, y Walker, que fué de los primeros en comprenderlo, procuró atraer á su lado al partido legitimistas; pero éste que no olvidaba el sangriento patíbulo de Corral, rechazó los halagos y prefirió vivir en los bosques.

    Desde el asesinato del jefe legitimista, Granada y las principales poblaciones que le pertenecían en política, permanecían desiertas. Las familias, refugiadas en la espesura de las selvas más apartadas, huyendo de las hordas de los filibusteros, era una elocuente protesta del terror que inspiraban walker y sus hombres. Así lo comprendieron Rivas á señalar multas y severas penas para los que no regresaran á sus hogares en determinada fecha, aunque todo fué en vano: el horror al salvajismo de los yankees, era mayor que el apego á las propiedades que les arrebataban en castigo de su desobediencia.

    Aquel horror estaba justificado. A los abusos que conocemos, á los robos y violaciones cínicas de todos los días, los filibusteros habían agregado un desprecio tal por los naturales, que uno de ellos en el cuartel general de Granada llegó hasta disparar su fusil sobre el primer transeunte que pasó, para averiguar si estaba bien calculada la polvora. inútil es decir que adquirió la seguridad de su punteria.

    En el mes de enero de 1856, llegó a Granada un Comisionado de don Domingo Goicuria, jefe de los revolucionarios cubanos en Nueva York. Walker convino con éste, en que los recursos materiales y pecuniarios de Nicaragua se unirían con los de la junta revolucionaria de Cuba para hacer causa común y asegurar la properidad de la América Central y liberar á Cuba de la tiranía española. el jefe filibustero empeñaba, además, su palabra de honor, de cumplir su ofrecimiento, tan luego como hubiese consolidado su gobierno.

    En el mes de febrero inmediato comenzó á tocar con toda regularidad en los puertos de Centro América, un vapor de la mala del Pacifico. esto regularizó tambien las comunicaciones de los estados, antes tardías é inseguras.

    DEFECCION DEL PRESIDENTE PATRICIO RIVAS
    Dejamos á Estrada refugiado en Honduras.

    El General Guardiola, el leal soldado de la causa legitimista, acababa de ser electo Presidente del estado; y tanto Estrada como sus amigos, que habían trabajado mucho por su elección, estaban muy llenos de ilusiones, pensando que les proporcionaría toda clase de auxilios.

    Guardiola, ciertamente, recibía á sus antiguos amigos con cara muy placentera, y es posible que hasta les ofreciera alguna limosna, pensando en hacerles mucho favor; pero su actitud no fué la misma, cuando los legitimistas le reclamaron auxilios, de conformidad con el tratado de 1851. La neutralidad, la mala situación del país y otros pretextos semejantes, sirvieron de excusa para negarse en absoluto á toda intervención en Nicaragua.

    No era ya Guardiola el proscrito que imploraba auxilios en Granada contra Cabañas. Si en aquel tiempo pudo ofrecer á los legitimistas su vida y fortuna, hoy creía concederles mucho con recibir sus visitas.

    Lo que acontecía al Presidente Estrada y á sus infortunados amigos es la historia de siempre. La humanidad por lo general piensa, siente y quiere de muy distinta manera, según la posición que ocupa.

    Para que no quedara duda de su actitud, Guardiola prohibió á sus subordinados que escribiesen contra los filibusteros alegando que no debian entrometerse en la política interior de los países vecinos; y poco después acreditó una Legación ante el Gobierno del señor Rivas, La Legación se regresó a Chinandega por temor del cólera; pero al verificarlo se dirigió á Walker, protestándole que el Gobierno no se mezclaría nunca en los asuntos de Nicaragua.

    En enero de 1856 se inauguró en el salvador la administración del señor Rafael Campo. El nuevo Presidente salvadoreño mostraba simpatias por los legitimistas; pero teniendo en contra un gran partido de oposición, acaudillado por Gerardo Barrios y Cabañas, que eran amigos y aliados de los democráticos, el señor Campo habría guardado una actitud pasiva, si Cabañas á su regreso de Nicaragua no hubiera llegado levantando el sentimiento público, contra Walker y los filibusteros y anunciando el peligro que amenazaba a toda Centro América.

    El Presidente Campo que no necesitaba de estímulo, fundándose en la inquietud general que habia en todo el Salvador por la presencia de los américanos en Nicaragua, envió á Granada un prota-pliegos, á pedir al Gobierno del señor Rivas explicaciones sobre el aumento siempre creciente de la fuerza américana.

    Walker y los filibusteros se mofaron del uniforme y modales del comisionado; y para más impresionarlo, se dispuso una solmne revista de la fuerza de la plaza.

    En ese día (8 de marzo de 1856), había llegado tambien a Granada don Domingo Goicuria con un auxilio de doscientos cincuenta hombres, cuyo transporte fué cuenta de la nueva Compañía de Tránsito. Las fuerzas américanas en ese tiempo, según confesiones de Walker, pasaban de dos mil doscientos hombres, que á cien pesos mensuales, hacían un total de dos millones seiscientos cuarenta mil pesos anuales.

    El Gobierno de Guatemala continuaba en inteligencia con Estrada.

    Según comunicaciones que se publicaron en esos días, el Ministro Ayecinena había desaprobado muchas veces la terquedad de sus amigos legítimistas y también se había en vano de predicarles tolerancia. Sin embargo, ante la presencia de los filibusteros, los hombres de Guatemala alentaban nuevamente al ex-Presidente legitimista y lo excitaban á constituir su gobierno, aun cuando fuera en un pueblo de Honduras, para reconocerlo y auxiliarlo.

    Desgraciadamente Estrada ni podía regresar á NIcaragua, ni Guardiola le permitía que comprometiera la neutralidad hondureña.

    El Gobierno de Costa Rica, más franco y enérgico atacó rudamente a Walker por la prensa; y cuando éste alarmado de aquella agresión, envió comisionados á proponerle la paz, el Presidente Mora les volvió la espalda y dió la orden de echarlos fuera del territorio.

    Tal era la situación de Centro América, cuando Walker rompió con el partido democrático y procuró atraer al legitimista.

    Estrada, prestando oído á las indicaciones de Guatemala, procuró entonces entenderse con los democráticos por medio de un comisionado; pero éste llegó demasiado tarde. Otros sucesos se verificaban entonces en Nicaragua.

    El Presidente Mora después de desairar á los comisionados de Walker, expidió con fecha 1ª de marzo de 1856 una declaratoria de guerra en toda forma, contra el elemento filibustero, que infestaba a Nicaragua.

    Walker se vió sólo y trató de atraer nuevamente á su lado al Partido democrático; pero el jefe de ésta, que era Jerez, consentía en tomar su antiguo puesto solamente que el Gobierno se trasladara a León, alegando intereses de localidad. Walker tuvo que aceptar.

    El objeto era bien claro. Lejos de la influencia de Walker podian rebelarse conrtra éste y anular su poder.

    El jefe filibustero exigió, sin embargo, del Gobierno del señor Rivas, que lo autorizara amnimodamente para hacer la guerra á Costa Rica, para confiscar las propiedades de los legitimistas y para imponer contribuciones.

    Después de quedar revestido de facultades dictatoriales, Walker exigió aún que el Ministro Ferrer, hechura suya, quedara también recestido del carácter de Comisionado del Gobierno, con las mismas facultades que éste, para resolver por sí y con absoluta independencia cuando fuera necesario en los departamentos de Oriente.

    El Gobierno del señor Rivas se trasladó a León, y su primer acto fué una proclama, en que protestaba sus sentimientos pacíficos para con los Gobiernos de Centro América.

    en seguida, nombró comisionados ante los Gabinetes de San Salvador y Comayagua á los señores don Gregorio Juarez, y don Rafael Jerez, respectivamente, con instrucciones para celebrar dos tratados; uno público que engañara á Walker, y otro reservado, en el que se estipulara la alianza contra él.

    Esta fué la causa ostensible después, por qué los democráticos no pudieron entrar en arreglos con los legitimistas, calculando que con ellos alarmarían inútilmente al enemigo común, entonces en la plenitud del poder. Es posible también que los animaran otros sentimientos, no del todo, agenos á intereses del circulo, puesto que tan exaltadas se hallaban todavía las pasiones políticas.

    Walker quiso anticiparse á Costa Rica y mandó una columna de doscientos cincuenta hombres que fuera á tomar posiciones al territorio enemigo.

    Los costarricenses venían también con el mismo proyecto y ambas fuerzas se encontraron enla frontera.

    Descansaban confiados y desprevenidos los filibusteros, en la Hacienda Santa Rosa, cuando en la tarde del 21 demarzo se presentó la vanguardia costarricense, los sorprendió y los derrotó en pocos momentos. El ejército vencedor avanzó persiguiendolos hasta Rivas.

    Aquel desastre tan inesperado, puso a walker fuera de sí; y la noticia, que circuló por todas partes, fué como una palabra de aliento para los centroaméricanos, convencidos con aquel hecho de que los esfuerzos que hicieran los filibusteros podrían alcanzar buen éxito.

    Walker inmediatamente se puso en marcha para Rivas á la cabeza de quinientos cincuenta hombres escogidos, con los cuales se propuso sorprender á Mora; pero éste rechazó el ataque el 11 de abril y derrotó a Walker, que habría sido deshecho del todo, si lo persigue hasta Granada. Los filibusteros tuvieron ciento veinte bajas en la acción de ese día.

    Al mismo tiempo Mora avanzaba sobre Rivas, un cuerpo de costarricenses se dirigía por tierra y por la vía de Alajuela sobre el Río San Juan; pero la fortuna les fué del todo adversa en aquel punto.

    Diez días después de estos sucesos, se aumentaron las tropas de Walker, con nuevos refuerzos llegados de los Estados Unidos; Mientras los costarricenses, invadidos del cólera, concluyeron lastimosamente. El brillante ejército de éstos, á cuyo vigoroso empuje huyeron despavoridos los feroces invasores, tuvo que retroceder precipitadamente, dejando un reguero de cadáveres desde Rivas hasta San José, y haciendo extensiva la epidemia  allí.

    En el mismo mes de abril, los legitimistas empezaron á organizarse en pequeñas guerrillas en las montañas de Chontales y Matagalpa.

    Walker hizo salir á Goicuria, á quien habia nombrado Brigadier é Intendente General de Hacienda, á pacificar Chontales. Goicura verificó su estreno en aquellos indefensos pueblos, de una manera digna de la causa que servía. Fusiló á varios desgraciados para sembrar el terror, y su huella como la del tigre, quedó señalada por un rastro de sangre. El 29 de mayo supo Walker por un americano, que había estado enfermo en León, que don Patricio y sus compañeros conspiraban contra él. La noticia aunque basada en simples conjeturas de quien la daba, se confirmó en el ánimo de Walker, por su correo que sorprendió con cartas del Presidente Rivas para Mora, en las que se hablaba de amistad y se proponía el envío de un comisionado para el arreglo de la paz.

    En el entretanto, el comisionado Juárez se presentó en el Salvador; Pero el señor Campo se negó á recibirlo oficialmente. En lo privado, sin embargo, le manifestó que no podia reconocer al señor Rivas como Presidente de Nicaragua, mientras obrara bajo la presión de Walker: que si salia de Granada y se trasladaba á León y allí daba un decreto resumiendo la Comandancia General, no sólo ofrecia reconocerlo, sino que le prestaría el apoyo de quinientos hombres situados en Choluteca, y procuraría, además, obtener el concurso de Guatemala y Honduras que creía conseguir.

    Juárez quedó de comunicar todo aquello; pero como en el caso de que se descubriera el plan, Walker fusilaría á Rivas y á Jerez, se convino en que el proyecto no se le revelaría á nadie y en que Juárez se retiraría á San Vicente, y se expresaría en desagrado del señor Campo. Todo se hizo como se convino, y la prensa amiga de los democrático, engañada por las apariencias, se desató en injurias contra el Presidente salvadoreño.

    Tan luego como Rivas se enteró de los deseos del señor Campo, llamó a Jerez y ambos exigieron de Walker la traslación del Gobierno, como medida previa de conciliación.

    Mientras tanto, don Fulgencio Vega, comisionado de Estrada, se presentó en Guatemala el 3 de abril de 1856, y á sus esfuerzos se debió el que el Coronel don Victor Zavala fuese enviado de Cojutepeque á anunciar al Gobierno salvadoreño, que el 5 de mayo inmediato saldría la primera división auxiliar para Nicaragua, pasando por aquel territorio. El Presidente Campo concedió el permiso y ofreció enviar otra del Salvador.

    Walker tan luego como fué informado del desastre de Santa Rosa, hizo que Rivas nombrara Ministro Plenipotenciario de Nicaragua, ante el Gobierno américano, al Cura de Granada don Agustin Vigil, quien salió para los Estados Unidos el 18 de abril de mismo año, llevando de Secretario á un tal Sigaud, acusado de robos y falsificaciones. El partido esclavista de los Estados Unidos apoyaba a Walker, y aprovechando el estado en que se hallaba la cuestión inglesa, se prometía hacer reconocer al Gobierno del señor Rivas, tan pronto como apareciera un hijo de Nicaragua representándolo.

    Después de la salida del Cura-diplomático, Walker, acompañado de Goicuria y de otros jefes, se dirigió á León, á la cabeza de doscientos americanos.

    El 4 de junio hizo su entrada á la antigua capital del Estado, en el centro de una concurrencia numerosa y al parecer entusiasta que fué a encontrarlo; pero en medio de aquel regocijo, Walker que ya iba prevenido, creyó observar que los amigos del Gobierno no estaban gustosos del entusiasmo del pueblo; que el aspecto de Jerez estaba nublado, y que don Patricio Rivas se mostraba menos franco y expresivo que en otras ocasiones.

    Durante el mes de abril se habían practicado elecciones para Presidente y éstas habían rolado entre Rivas, Jerez y Salazar. Walker exigió que se declarasen nulas dichas elecciones y que por votación directa se le eligiera Presidente de Nicaragua.

    Rivas y Jerez se opusieron, y Walker les pasó un ultimátum para el día siguiente.

    Jerez, llevado por su carácter impetuoso, concibió el pensamiento de asesinarlo, y con otros democráticos de los mas decididos, se preparó al día siguiente en el despacho del Gobierno, rsuelto á llevar á cabo su proyecto. Las juiciosas observaciones del general Guerrero le disuadieron de su propósito; y el 10 de junio de 1856, expidió el Gobierno un decreto, en que mandaba practicar nuevas elecciones y ordenaba que la votación fuera directa.

    Estando Walker en León, llegó la grata nueva para él, de que el gobierno americano había reconocido el del señor Rivas y recibido oficialmente al Cura Vigil.

    El jefe filibustero olvidó con esta buena noticia sus recelos anteriores y regresó a Granada el 11 de Junio; dejando su piquete de doscientos americanos, al mando del Coronel Natzmer, para la vigilancia de los democráticos, de quienes desconfiaba mucho.

    Apenas se retiró Walker, el general Salazar y otros amigos de Jerz recorrieron los arrabales, haciendo circular el rumor de que los americanos querian destruir el obispado y asesinar al Presidente y á sus Ministros, con lo cual pusieron en agitación las masas del pueblo leonés. Al favor de esta agitación que obligó á Natzmer á ocupar las torres de la Catedral, creyendo que iba á ser atacado, pudo el personal del Gobierno escapar para Chinandega.

    Jerez se ocupó inmediatamente en organizar las tropas que pudo reunir y en dar parte al Gobierno de el Salvador de todo lo sucedido, para que enviara las fuerzas auxiliares ofrecidas á Juárez.

    Walker, inmediatamente tuvo noticia del suceso de León, expidió un decreto en que declaraba traidores á don Patricio Rivas y á su Gabinete, y nombraba presidente provisional á don Fermín Ferrer.

    El 25 del mismo mes, el Gobierno del Salvador, consecuente con su ofrecimiento, declaraba la guerra a Walker y constituía en alido del Gobierno nicaragüense, presidido por el señor Rivas. Este á su vez, declaró traidor á Walker en la propia fecha.

    En el mismo mes, el Gobierno de Costa Rica se dirigió á los de Centro Américam, manifestandoles que á pesar de las desgracias anteriores y de los millares de hombres que le arrebató el cólera, estaba pronto á invadir á Nicaragua. Los excitaba á imitar su ejemplo y á defender la autonomía centro-americana, aunando esfuerzos.

    Por su parte el gobierno de Rivas, derogó el decreto de 10 de junio sobre la elección directa; y con fecha 25 del propio mes, declaró traidor a Walker y á los que lo siguieran.

    El Gobierno de Guatemala, que había adelantado sus tropas hasta el territorio salvadoreño, al mando del general Paredes, cuando supo la conducta observada por el Presidente Rivas y el reconocimiento que su Gobierno había hecho el del Salvador, se apresuró también a reconocerlo y á celebrar alianza con él y con los demás de Centro América.

    Mientras tanto Estrada, que descansaba en los ofrecimientos de Guatemala, se internó á Nicaragua el 21 de junio é inauguró de nuevo su Gobierno en Somotillo. Lo rodeaban una cuantas guerrillas legitimistas, y volvió á la palestra con su eterna cantilena de "legitimidad o muerte".

    La presencia de Estrada en los departamentos de occidente, con aquella exigencia, fresca todavia la sangre derramada en la lucha de 1854, levantó el espiritu lugareño de aquellos pueblos. Una partida de democráticos los sorprendió en el Ocotal el 13 de agosto de 1856 y puso fin á sus días, asesinandolo bárbaramente como se usaba entonces.

    Estrada fué muerto, por desgracia, cuando sostenía animada y patrióta correspondencia con los jefes democráticos, trtando de arreglar las diferencias existentes para unir sus esfuerzos contra Walker. Su lenguaje no respiraba mala voluntad y sólo parecia preocuparlo la suerte de su pais.  (N. del A).

    El 12 de julio llegó á León la primera columna salvadoreña al mando del General Belloso y el 18 la de Guatemala. Walker, atacado por distintos puntos, reconcentró sus tropas á Granada, Rivas y Río San Juan.



    Copia de artículo de La Gaceta de Honduras número 54 de 1856
    He aqui de los conceptos de aquel periódico:

    Se ha recibido en el Ministerio de Relaciones Exteriores, comunicaciones del Señor Pedro Joaquín Chamorro, instalado por el señor don José Maria Estrada como Ministro General, del Gobierno legítimo constitucional de Nicaragua. en esas comunicaciones se pide el reconocimiento del Gobierno de Honduras para el señor Estrada. Para ésto sepresenta la dificultad de que ya el señor Rivas está reconocido por El Salvador y por el mismo Honduras y que es imposible á estos Gobiernos volver atrás en un paso de esta naturaleza. Nunca creímos que se escogiera tan inoportuna ocasión para hacer valer pretensiones que , cualquiera que sea el grado de justicia en que se apoyen, sólo pueden taer embarazos, complicaciones y dificultades para el féliz desenlace de la gran cuestión que interesa á todo Centro América en Nicaragua.....El mundo tiene los ojos fijos en centro América y nos llena de aflicción el concepto que va á formar de nosotros por nuestras irreconciliables discusiones en momentos tan supremos.



    Administración de Walker
    El Padre Vigil se presentó en Washington en el mes de mayo de 1856. Le había precedido una comunicación de Mr. Wheeler, Ministro americano en Nicaragua y camarada de Walker, en la cual se participaba, á la Cancillería de los Estados Unidos, que la guerra que hacía Costa Rica a Walker estaba dirigida por el Baron Bulow en persona y sostenida por Inglaterra: que el programa de los costarricenses era hacer guerra á muerte á todo cuanto fuera norte americano que tanto Nicaragua como los demás Estados de centro América se mostraban satisfechos del orden de cosas establecidos por Walker: que el país estaba reorganizándose admirablemente y recibiendo cada día nuevos refuerzos de hombres de propiedad, talento y empresa; y que sabía por una casualidad, que acababa de ser nombrado Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno de los Estados Unidos el señor don Agustin Vigil, personaje nicaragüense muy distinguido por su saber y virtud, miembro importado del clero, a quién conocia mucho y no dudaba que sería la fiel expresión de su país.

    Mr. Wheeler tocaba con mucha oportunidad la cuestion inglesa, en momento en que estaba viva aún, la excitación causada por la polémica sostenida con Mr. Crampton.

    El 4 de Mayo de 1856 la Cancillería americana reconoció al mismo Gobierno, que pocos meses antes calificara de parapeto y manifestaba ahora que los Estados Unidos aceptaban todo gobierno de facto, sin cuidarse de la manera como se hubiera organizado.

    El Padre Vigil fué, en consecuencia, recibido ofocialmente: pero en el mismo día que se tuvo noticia del suceso, todo el Cuerpo diplomático residente en Washington, protestó de la manera más enérgica.

    La mayor parte de la prensa de Estados Unidos censuró rudamente á Mr. Pierce y colmó de insultos y vituperios al Cura filibustero, como llamaban al Padre Vigil; y en sólo unos pocos periódicos del Sur, aplaudieron la conducta del gobierno américano, trayendo de los cabellos la doctrina Monroe y la cuestión Inglesa.

    La Tribune de Nueva YorK, á pesar de la gravedad con que solia tratar los asuntos políticos, siguió el ejemplo de sus colegas y caricaturó sangrientamente al diplomático de Walker.

    El clero católico insultó tambien al Padre Vigil, convertido en piedra de escándalo universal, y se aseguró entonces por la Tribune, que en euna entrevista que solicitó del Arzobispo Heiges, salió tan corrido, que olvidó hasta el sombrero.

    Las enérgicas y repetidas protestas de los representantes de Francia, España, Brasil y demás naciones de Sur América; los manifiestos de los Presidentes del Perú y de la Nueva Granada, tronando contra el escandalo de Nicaragua y la actitud de la misma prensa americana, obligaron á Mr. Pierce á dar su retiro al Padre Vigil, que no deseaba otra cosa, aturdido como se hallaba por los insultos y pullas de los diarios y por los desprecios del clero.

    Unos días antes del recibimiento del Padre Vigil. Mr. Clayton, miembro del Senado, pronunció un discurso en apoyo del tratado de su nombre, y anatematizó á Walker, á quien llamó bucanero y pirata por el despojo de la Compañía del Tránsito.

    Sin embargo, apenas se supo el reconocimiento del Gobierno de Nicaragua, los amigos de Walker en Nueva York celebraron un gran meeting el 9 de mayo de 1856, y en él sew acordó pedir al Gobierno americano, la brogación del Tratado Clayton - Bulwer, el reconocimiento de Walker como beligerante en Nicaragua y la ratificación del derecho de conquista que le asistía sobre todo Centro América.

    Mientras tanto, el ex-Ministro French recorría los Estados del Sur y ofrecía la proclamación de la esclavitud en Nicaragua y más de veinte mil indios para los trabajos agrícolas.

    El ex-Senador, Mr. Pierre Soulé convocó en el mes de julio y por instancias de French un meeting en Nueva Orleans. Soulé era un orador notable y tomó la palabra para hacer grandes elogios a Walker y de la portentosa conquista de Centro América, que ya daba por concluída; para ponderar las ventajas que con este nuevo territorio reportarían los Estados esclavistas; y para encarecer la necesidad de prestar ayuda al heroico conquistador, siquiera con mil hombres más y unos doscientos cincuenta mil francos. Enseguida habló French á nombre de Walker y sostuvo las palabras de Soulé y hacia le prestaran ayuda en su empresa.

    Cuando el entusiasmo fué general, se presentó papel y pluma á la concurrencia, para que voluntariamente suscribiera las cantidades que gustara; pero solamente doce personas pusieron sus firmas, por lo cual se aplazó para más tarde la terminación de aquel asunto.

    El triunfo alcanzado en los Estados Unidos llenó de aliento a Walker, y fingiendo una elcción directa suscrita por sus aventureros, se proclamó Presidente constitucional de Nicaragua, por una mayoría de ocho mil cuatrocientos un votos según decía.

    En esos días regresó á Granada el Padre Vigil, quién encontró á Walker completamente descarado y hablando solamente de sus proyectos de conquista de Centro América y de la manera de restablecer la esclavitud en Nicaragua; pero el  buen Cura se habia prendado tan de veras de su "angel tutelar", que no vaciló en solemnizar con su presencia, como representante del clero, la inauguración presidencial de Walker, que se verificó el 12 de julio de 1856, sobre un tablado que se levantó en la Plaza de Granada y con asistencia también de Mr. Wheeler, Ministro américano.

    Walker, Presidente entyrante, Ferrer, Presidente saliente y Mr. Wheeler, Representante de los Estados Unidos, pronunciaron largos discursos. El del último se concretaba á manifestar, que con instrucciones terminantes de su Gobierno, reconocía á Walker como Presidente legítimo de Nicaragua y que se esforzaría en cultivar las mejores relaciones entre ambos gobiernos.

    Walker organizó enseguida su ministerio del modo siguiente: para la cartera de Relaciones Exteriores, al licenciado Fermín Ferrer; para la Guerra, al General don Mateo Pineda, y para la de Hacienda al General don Manuel Carrascosa, que era uno de los redactores del periódico "El Nicaraguense".

    Todos los Ministros tenían por SDub-Secretarios á filibusteros américanos, de la confianza de Walker, algunos de ellos autorizados para ser obedecidos á la par de los Ministros, que no eran otra cosa que pobres maniquíes.

    En el primer Decreto del Gobierno filibustero, se ordenó la confiscación de todos lo bienes de los enemigos. y como éstos eran los propietarios del país, la propiedad nicaragüense se convirtió en el botín de guerra repartido pródigamente entre los compañeros de Walker. A Soulé, que reclamó su parte, le fué donada una rica hacienda de cacao. (Las Mercedes, situada en el departamento de Granada y propiedad de la familia Chamorro).

    El 22 de julio decretó Walker un empréstito extranjero de dos millones de pesos, ofreciendo en pago los terrenos de Nicaragua, y nombró á Pierre Soulé comisionado para contratarlo.

    Poco después se permitió el uso del idioma inglés para los documentos oficiales; y el 27 de agosto se expidió la célebre ley, que restablecía la esclavitud en Nicaragua y derogaba las leyes federales que la prohibían.

    Esta última disposición fué el complemento del decreto empréstito. Pierre Soulé regresó inmediatamente al Sur de los Estados Unidos á solicitarlo, ofreciendo en pago los terrenos de Matagalpa y á los indios que la poblaban, de quiene se dijo en "El Nicaragüense" que eran aptos como los negros para el servicio de la agricultura.

    La proclamación de Walker y el reconocimiento que su Gobirno hizo Mr. Wheeler en nombre de los Estados Unidos, llenó de alarma á todo el continente hispano américano. Chile y Perú celebraron un tratado de alianza, y en él estipularón contribuir con hombres y recursos en auxilio de Centro América.

    El 19 de agosto se presentó en Trujillo la fragata inglesa Cossal al mando del Coronel Jaime Cockburn, estaba armada en guerra con veintidos cañones y traía á su bordo doscientos cincuenta soldados.

    El Comandante saltó á tierra é hizo saber á las autoridades del Puerto, que lo pusiera en noticia de los Gobiernos Centro Américanos, que venía con el objeto de oponerse al bloqueo de Nicaragua, que acababa de decretar Walker.

    La polvareda que levantó en todas partes del Gobierno filibustero, fué grande; pero no conoció límites, cuando á élla se agregó la noticia del restablecimiento de la esclavitud. El mismo Walker se asustó del efecto que produjo semejante disposición.

    Desde algún tiempo antes, la cuestión de la esclavitud humana era el tema acalorado de las discusiones de los hombres públicos de Norte América.

    En enero de 1854, el Senador Doylas presentó un proyecto de ley para la organización de los territorios de Kansas y Nebraska, en que proponía que la cuestión de esclavitud para los Nuevos Estados, se remitieron al voto popular de sus habitantes.

    Los Estados del Este y del Sur de los Estados Unidos, que eran esclavistas, esforzaron en fomentar la inmigración a Kansas, para que cuando fuese admitido como Estado alcanzara la mayoría de la votación su partido.

    Desde esa fecha la cuestión de esclavitud estaba a la orden del día en todo el territorio américano.

    Los Estados del Norte, que eran celosos anti-esclavistas, se alarmaron mucho y se llenarón de justa indignación, cuando se impusierón del insensato decreto de Walker en Nicaragua, que los periódicos suristas reproducían con comentarios pomposos, en los que se exageraba sus importancia y sus alcances.

    "Ciertamente, dice Walker, en su libro Guerra de Nicaragua, el autor del decreto de la esclavitud ignoraba cuando lo publicó, la grande y general prevención que existía en los Estados del Norte contra la sociedad del Sur. No sabía lo generalizados que se encontraban en aquellos Estados los sentimientos anti esclavistas, que se enseñan en sus escuelas, se predican en sus púlpitos y se inculcan por madres desde la niñez."

    Los poderosos Estados del Norte se levantaron como un solo hombre contra la invasión de Walker. Ellos acaudillaban el gran partido liberal republicano que representaba la mitad de la Nación américana y pusieron en verdaderas dificultades á Mr. Pierre, que buscaba popularidad y prestigios para reelegirse.

    La prensa esclavista elevó á la apoteosis el autor del decreto de  27 de agosto, hubo grandes meetings en los Estados del Sur y se le auxilió con algunos hombres y recursos; pero eso valía bien poca cosa ante la actitud decidida de Francia, España, Inglaterra, el Brasil, las repúblicas sud-américanas y los Estados del Norte de los Estados Unidos.

    Mr. Pierce había sido elevado por el partido esclavista y estaba obligado á prestar apoyo á la política surista en Kansas y en la América Central. Walker que no lo ignaoraba quiso precipitar los acontecimientos; pero el escandalo había tomado proporciones colosales. Mr. Pierce reunió á los principales hombres del Sur, para que viesen lo dificultoso de la situación y encarecerles que no lo apuraran más con las cuestiones de Centro América, si querían su apoyo decidido en la cuestión de Kansas.

    El arreglo de las dificultades con Inglaterra, acabó de influir en el Gobierno américano en el sentido que demandaban su honor y su deber.

    La Gran Bretaña y los Estados Unidos celebrarón ene el mes de diciembre de 1856, un tratado que aclaraba el tratado  Clayton Bulwer, llamado Tratado Dallas Claredon, en virtud del cual se quedó la primera con Belice y ofrció devolver Roatán, San Juan del Norte y la Reserva Mosquitia, comprometiéndose nuevamente ambas naciones á la fiel observancia del tratado que aclaraban.

    En agosto de 1856 envió Walker á Goicuria los credenciales de Ministro Plenipotenciario ante el gobierno Inglés.

    El caudillo filibustero veía acercarse la tempestad por todas partes y temía el poder é influencias de la Gran Bretaña. Sus temores se habían aumentado con la lectura de unas cartas que sustrajo en Panamá y en las cuales el Canciller de Su Majestad Británica ofrecía al representante de Costa Rica en Londres, armas y elementos de guerra para la contienda pendiente.

    Goicuria requirió en vano el cumplimiento de los auxilios ofrecidos, para la libertad de Cuba. Walker temía también á España y en distintos pretextos, burlaba la palabra empeñada.

    Entre las instrucciones, que se enviarón a Goicuria, hubo algunoas que se contrariaban lo que se había ofrecido. Esto ocasionó la ruptura de ambos caudillos y varios escritos de Goicuria, en el Herald de Nueva York, hacían revelaciones importantes en que se denunciaba á Walker como hombre malvado, torpe y sumamente impolítico.



    GUERRA NACIONAL

    El inesperado asesinato del Presidente Estrada, llenó de consternación á los defensores de la legitimidad. A la pérdida de aquel jefe tenían que agregar lo dificultoso de su situación. careciéndo de otro jefe á quien proclamar, en defecto de Estrada, con visos de legalidad.

    Serecordará que el improvisado Congreso Legislativo de Granada insaculó, en falta de los Senadores que señalaba la Constitución de 1854 para llenar la vacante de Presidente, á ex-Diputados de la última Asamblea. Los pliegos que designaban á aquellos se habían pérdido en Granada, cuando la sorpresa Walker.

    Estrada, que preveía su muerte, queriendo salvar el principio de la legitimidad, se invistió, en nombre de ésta y por sí y ante sí, de las atribuiciones especiales del Poder Legislativo del Estado, y procedió á disponer la sucesión presidencial, designando á seis ex-Diputados legitimistas de su mayor confianza, cuyos nombres rubricó, cerró, y selló en seis distintos pliegos, que deberían ser tomados indistintamente y por orden sucesivo en caso de falta repentina.

    La previsión del finado Presidente vino á resultar inútil, porque los pliegos, que caminaban siempre en su equipaje, cayeron con sus demás papeles en poder del enemigo.

    La dificultad era, ó parecía ser suprema para unos hombres tan apegados á las fórmulas legales, como los legitimistas, cuando llegó en su auxilio una casualidad tan rara, que pudiera calificarse de milagros,. Los asesinos de Estrada, al retirarse de Somoto, botaron sin abrirlo, ni ajarlo siquiera, uno de los anhelados pliegos, que recogió en la calle una piadosa señora, la que ignoraba su contenido lo llevó intacto al párroco del pueblo, quien á su vez, lo depositó de la misma manera en manos de uno de los jefes expedicionarios legitimistas.

    Aquel pliego providencial, que pudo pasar por tantas manos sin despertar la curiosidad de abrirlo, fué conducido á la inmediata ciudad de Ocotal, en donde existían los restos del ejército legitimista. Estos organizarón una junta y procedieron en su presencia la solemne ruptura del pliego.

    De los ex-Diputados inscritos por el finado Presidente, para sus herederos testamentarios en el ejercicio del Poder Ejecutivo, sólo existía uno en la Población, que era el Ministro general don Nicasio del Castillo, y fué justamente su nombre el que apareció en el pliego.

    Castillo tomó posesión inmediatamente, organizó su Gabinete con los jefes de sección, don José León Avendaño y don Ignacio Padilla, que elevó á la categoria de Ministros, y á continuación marchó para Matagalpa con la fuerza militar del Coronel Bonilla.

    Mientras tanto, por indicación del comisionado legitimista don Fulgencio Vega, el Gobierno de Guatemala adelantó trescientos fúsiles con sus respectivas municiones. Con estos auxilios y con algunas armas blancas, los legitimistas improvisaron un ejército del que fué nombrado General en Jefe don Tomás Martínez

    La inesperada aparición de aquel nuevo Gobierno, haciendo tercería en Nicaragua, complicaba de tal manera las cosas, que hacia imposible el buen éxito contra el enemigo común que éra Walker. Así lo comprendieron los mismos legitimistas, y deponiendo sus antiguos odios, se reconciliarón con los democráticos, celebrando el 12 de septiembre un convenio que fijo las bases de la paz.

    Según aquel documento, don Patricio Rivas continuaría como Presidente hasta que le sucediera el que eligieran constitucionalmente los pueblos.

    Se acordaba la formación de un Ministerio, compuestos de miembros de ambos partidos y se estipulaba para su tiempo la revisión de la Constitución de 1838.

    El General legitimista don Tomás Martinez quedaba ampliamente autorizado e investido de las facultades del Gobierno durante la guerra, para sacar recursos de toda clase de los departamentos de Matagalpa, Chontales y Managua.

    Se estipulaba, por último, un olvido de todo lo pasado y el reconocimiento de las deudas de ambos Gobiernos del Salvador y Guatemala, representados por los jefes de sus respectivos ejércitos.

    Terminada parecía toda diferencia entre legitimistas y democráticos y que Walker sería impotente para resistir el empuje de toda Nicaragua; pero desgraciadamente las rivalidades sólo habian concluido en la apariencia.

    Ambos bandos, pensando que Walker no podría resistir mucho tiempo, en vez de aunar sus esfuerzos para aniquilarlo, se preparaban y procuraban estar fuertes, para el día en que desaparecieran los filibusteros, disputarse nuevamente el poder.

    No faltaron algunas excepciones entre ambos partidos, que se levantaron del nivel de tanta miseria y lo sacrificaran todo en defensa de la autonomía y libertad de Nicaragua.

    Jerez, enfermo de fiebre y fuerte tos, debía quedar hecho cargo de la Gobernación Militar de León, al lado de su familia, entre sus amigos y lejos del peligro, Así estaba estipulado y así lo exigía su partido, deseoso de economizar hombres y recursos; pero el jefe democrático se opuso y durante toda la campaña contra los filibusteros, buscó siempre un sitio de mayor peligro y se cubrió de honrosas cicatrices.

    Entre los legitimistas, el General don Fernando Chamorro hermano del ex-Presidente del mismo apellido, á quien sobraron pretextos é insinuaciones para quedarse entre los suyos acumulando elementos, observó la misma conducta de Jerez, pareciendo empeñado en disputarle los puestos más dificiles.

    Contábanse en ambos bandos varias otras personas que seguían las huellas de Jerez y Chamorro y reivindicaban el nombre nicaragüense; pero la generalidad del país, atenta sólo á pequeñeces, era con su conducta anti patriótica, la mejor amiga de Walker.

    Los ejércitos aliados tambien se dividieron. Chapines y Guanacos se plegaron, los unos á los legitimistas y los otros á los democráticos, manteniendo vivo el fuego de la discordia.

    Había cuatro Generales en jefe, celosos los unos de los otros, y la unidad de acción tan necesaria en aquellas circunstancias era imposible de alcanzarse.

    En tal situación las cosas, los ejércitos aliados salieron de León el 18 de Septiembre de 1856 y se pusieron en marcha para tomar la bien fortificada plaza de Masaya, ocupada entonces por Walker y señalada cuartel general.

    Los filibusteros noticiosos, del crecido número de fuerzas que llegaban á atacarlos se replegaron precipitadamente á la Plaza de Granada.

    El 2 de octubre inmediato los aliados ocuparon tranquilamente la plaza de Masaya.

    Antes de la salida de León, el General Martinez tuvo noticia de que los filibusteros, en pequeñas partidas llegaban á proveerse de ganado vacuno á las haciendas inmediatas á Tipitapa, y destacó sobre aquel punto al Coronel don José Dolores Estrada con ciento veinte hombres.

    En la Hacienda de San Jacinto, colocada en una eminencia que domina toda la llanura, se situó poco después el Coronel legitimista dispuesto a impedir la extracción del ganado.

    Walker tuvo noticia de la llegada de Estrada y mandó una escolta de cuarenta hombres á sorprenderlo; pero la casa de San Jacinto, además de ser dominante, estab rodeada de gruesas murallas de piedra, que servían de corrales, y atrás de éstas salió un fuego tan nutrido de fusilería, que obligó á los fuilibusteros á desistir de su empeño, dejando muerto al segundo jefe de la expedición.

    La presencia del enemigo en San Jacinto fué cosa que preocupó mucho a Walker, porque lo privaba del abasto de carne para la Plaza de Granada, por lo cual dispuso atacar á Estrada inmediatamente.

    Era tal el desprecio que sentían los filibusteros, especialmente los recién llegados, por los greasers de Nicaragua, que creían que era cosa de sólo presentarse en número respetable, para que salieran huyendo de ellos. Sobraron, pues, voluntarios que quisieran formar parte en la expedición, ansiosos de conquistar laureles militares á poca costa.

    La columna compuesta de ciento veinte hombres entre oficiales y soldados, salió alegremente de Granada, aunque sin llevar artillería por el mal estado de los caminos.

    En Tipitapa se incorporó Byron Cole, deseoso de recibir su bautismo de sangre en aquella vez, y obtuvo el mando de la expedición.

    Al amanecer del 14 de septiembre de 1856, Byron Cole y sus hombres, favorecidos por una espesa niébla, estuvieron á punto de sorprender á Estrada, que descansaba confiadamente sin puestos de avanzada. Este, sin embargo, tuvo tiempo de prepararse y resistió el ataque.

    Byron Cole no era militar, nunca había estado en una acción de guerra, y además, iba tan confiado en que los greasers echarían a correr, que olvidó las más triviadas reglas de la estrategia y atacó en cuerpo por el flanco derecho de la casa.

    Los américanos, casi todos jóvenes, aguerridos y bien armados, pelearon con cenuedo y bizarría, asaltando las cercas de piedras; pero los legitimistas estrechados en el escaso recinto de las fortificaciones, se sostuvieron con bravura.

    Estrada, que era un hombre de mucha calma, no perdió su sangre fría en aquel trance apurado, y aprovechando la impericia del enemigo, le mandó picar la retaguardia con tres guerrillas, que salieron de pronto de la espesura de un pequeño bosque y cayeron de sorpresa sobre los filibusteros, en los momentos en que todas las ventajas estaban de parte de éstos.

    Aquel ataque inesperado á retaguardia, seguido del ruido casual que hicieron en la misma direccion las espantadas caballerías de los legitimistas, que pasteaban sueltas, hizo creer á los filibusteros que el grueso del ejército aliado venía en auxilio de Estrada, y se pusieron en desordenada fuga.

    Los legitimistas los persiguieron con furor por toda la llanura é hicieron una horrible matanza de fugitivos, contándose entre las victimas al infortunado Byron Cole.

    Cuando los destrozados restos de la columna américana se presentarón en Granada, reducidos á un escaso número y presas todavía de terror pánico, el desaliento fué general en la Plaza.

    Los filibusteros que creían antes que cada uno de ellos valía por un centenar de los nativos, estaban palpando que fuerzas iguales y peor armadas acababan de darles en San Jacinto una lección de las más severas. Entonces se contaron y vieron que su número era infinitamente menor que el de los enemigos. La deserción desde ese día fué muy considerable en Granada.

    La Batalla de San Jacinto, que en rigor no pudiera llevar otro nombre que el de acción ó combate, por haberse verificado con una sola clase de armas y entre dos pequeñas escoltas, fué sin embargo, de una influencia decisiva, porque estimuló y alentó á los aliados y dió el convencimiento de que los filibusteros no eran invencibles.

    Walker necesitaba recobrar sus prestigios y llenar de aliento á sus abatidos. Con este objeto apenas recibió un refuerzo de cuatrocientos hombres más, que le llegaron de los Estados Unidos, dispuso el ataque de Masaya el día 11 de octubre de 1856, pero no pudo terminarlo, porque mientras lo verificaba, las tropas guatemaltecas que se hallaban en el pueblo de Diriomo aprovecharon su ausencia y cayeron sobre Granada, obligádolo a regresarse con grandes pérdidas.

    El Ministro américano Mr. Wheeler fué llamado por su Gobierno para dar informes de los sucesos en Nicaragua. Se embarcó el 13 por la noche en el Vapor "Virgen del Lago", y lo acompañaba el Cura Vigil, que iba huyendo de la mala situación en que veía á sus amigos y Ferrer que llevaba el nombramiento de Ministro Plenipotenciario ante el gabinete de Washington. Este último no hizo uso de sus credenciales, más que para celebrar un contrato de colonización con el General William L. Cazneau para que llegaran mil colonos á Nicaragua.

    Poco días después llegó a Granada, con aramas y municiones de los Estados Unidos, Carlos F. Heningsen, á quien precedía su fama de aventurero militar en Hungría y España, á las órdenes respectivamente de Kossuth y de Zumalacárregui. Los amigos de Walker lo habían contratado, y éste, contento con tener quien diera una verdadera organización militar á sus aventureros, lo nombró á continuación. General de Brigada con el encargo especial de organizar la artillería y enseñar el tiro con el fúsil Minié, Henningsen era de origen inglés, tenía alguna experiencia militar, mucho valor, una clara inteligencia y alguna ilustración. Su vida de aventuras y el ser autor de dos obras en que refería las revoluciones de España y Hungría, en las cuales había tomado parte tan activa, le habían hecho muy conocido en los Estados Unidos y gozar de algún prestigio de su nombre.

    En el entretanto, Costa Rica en cumplimiento de sus promesas, hizo avanzar sus ejércitos sobre Nicaragua, y su vanguardia que llegó a Rivas el 1ª de Noviembre derrotó á una columna de filibusteros y se posesionó de la linea de Tránsito.

    Walker, tan luego como supo de la ocupación de aquel importante lugar, determinó reconquistarlo, y al efecto se embarcó con doscientos hombres; y al amanecer del 12 de noviembre, cayó sobre los costarricenses y los deshizo en la Cuesta - Grande del camino de San Juan del Sur.

    Rápido como siempre, Walker se reembarcó inmediatamente, y el dia 15 amaneció atacando la Plaza de Masaya con seiscientos americanos. La defendieron tres mil aliados; pero merced á las rivalidades de los jefes, no pudieron rechazar el ataque durante cuatro días y dejaron que al cabo de este tiempo se retirara Walker tranquilo.

    El Gobierno de León envió comisionados al campamento aliado con objeto de arreglar el desacuerdo existente; pero se hacían los convenios y al rato se infringían con cualquier pretexto.

    En esos días salió de Costa Rica, armado en guerra, el buque Once de Abril, llevando á su bordo ciento diez hombres entre jefes y soldados y conduciendo dinero y elementos para el ejército aliado. Después de un recio temporal, que demoró su marcha, el día 23 de noviembre se encontró á las cuatro de la tarde, con el buque filibustero San José, con el trabó un encarnizado combate.

    Transcurrida una hora de lucha desesperada por ambas partes, cuando la victoria parecía declararse a los costarricenses, un proyectil incendió la santa Bárbara del buque centroaméricano, que voló en pedazos. El Comandante Valleriestra y la mayor parte de sus valientes soldados fueron salvados en el buque enemigo y conducidos a San Juan del Sur.

    La situación de Walker no era tan satisfactoria que lo permitiera mantener dividida su atención entre Granada, amenazada por el grueso de los ejércitos aliados, y la Linea de Tránsito, por Cañas y Jerez, que desde un principio habían ocupado la Plaza de Rivas, tanto para favorecer las operaciones de Costa Rica, como para estar alejados del teatro de las divisiones.

    Walker, pues resolvió replegarse á la linea de Tránsito y con este objeto se adelantó á preparar los alojamientos; dejando en Granada á su segundo, el general Henningsen con instrucciones de salir en determinada fecha, incendiando antes la población para castigo de los legitimistas.

    Cuando los aliados supieron por un espía lo que trataba de hacer con Granada, se lanzaron precipitadamente  á salvarla.

    El 24 de noviembre, se presentaron en son de ataque, cuando la Ciudad de Granada ardía por sus cuatro lados y Henningsen   que no esperaba ser interrumpido estaba tan entregado á su obra de destrucción, que casi fué sorprendido. Con dificultad pudo reunir sus dispersas y emborrachadas tropas en número de quinientos hombres, y oponerlas á los aliados.

    Henningsen, apenas habría podido resistir pocas horas el ataque, bien combinado de tres mil aliados, sí éstos no hubieran estado tan divididos y faltos de concierto. El jefe filibustero no sólo lo resistió sino para burlarse de ellos, resolvió continuar el incendio en sus barbas, no dejando edificio que no redujera á cenizas, ni piedra que no removiera.

    Tanta insolencia llenó de coraje á los aliados, que embistierón por todas partes y obligaron á Henningsen á parapetarse en el Templo de Guadalupe, inmediato al lago, en dode se le puso sitio.

    Henningsen batiendose día y noche, falto de alimentos y diezmado por el cólera, se sostuvo heroicamente diez y ocho días.

    El 12 de diciembre desembarcaron por la noche ciento sesenta americanos, enviados por Walker, rompieron las lineas centroaméricanas que sitiaban a Henningsen y reforzarón á éste en Guadalupe, que sólo contaba entonces con ciento cincuenta soldados.

    Al día siguiente ambas fuerzas en número de trescientos hombres comandadas por el jefe filibustero, rompieron nuevamente el circulo de bayonetas que la rodeaba y se embarcaron á vista de los aliados, llevándose hasta los heridos.

    Parece increible que tres mil hombres de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua no pudieran impedir en veinte días el incendio de Granada ni capturar la gavilla de malvados que consumaba la destruccion de la ciudad. Sin embargo, el hecho fué tal como lo relatamos, y hay que confesar, para mayor vergüenza, que la causa no fué tanto el valor y pericia de Henningsen, ni la superioridad de los rifles y revolvers americanos sobre nuestros fúsiles de piedra de chispa, sino los odiosos celos de los jefes centroaméricanos.

    Basta saber, que en pleno sitio la división salvadoreña abandonó antojadizamente su puesto y se retiró á León porque sus jefes no soportaban los ridículos que les hacían los jefes guatemaltecos y legitimistas, que estaban aliados en su contra.

    Henningsen, al embarcarse, quiso dar la última bofetada á sus enemigos, y mandó a fijar en la costa un poste con un letrero, que decía: "Aquí fué Granada", Here was Granada.

    Para mayor desgracia de los aliados, fallecieron en esos mismos días los Generales Paredes y Solares, jefes primero y segundo respectivamente, del ejército guatemalteco motivo por el cual recayó el mando en el Coronel don Victor Zavala, hombre muy amigo de bromas y de un caracter ligero y aturdido, que lo hacía funesto en aquella ocasión tan dificil.

    Belloso, jefe del ejército salvadoreño, había sido nombrado por el Gobierno de León Comandante General de las Fuerzas en Nicaragua.

    Al retirarse precipitadamente de Granada, esparciendo el alarma por todo el tránsito, tuvo especial cuidado de ordenar á Jerez que estaba en Rivas, y á sus ordenens, que se replegase en el acto á Masaya, abandonando la Plaza fortificada de Rivas, que cerraba el paso de Walker. Jerez obedeció y los filibusteros, que estaban entrando en desaliento con tan dilatada lucha, ocuparon sin resistencia todo el departamento meridional y la linea de Tránsito que tanto apetecían.

    El Gobierno de León, deseoso de poner término á las rivalidades invitó á todos los jefes de los ejércitos aliados para que tuvieran una reunión en la casa de gobierno. Se verificó el 24 de diciembre de 1856, con el éxito de siempre: se protestaron amistad y perfecta armonia; y al salir á la calle volvieron de nuevo á mirarse de reojo.

    La antipatriótica conducta de los jefes aliados por una parte, las rudezas de la campaña y los estragos del cólera por otra, habrían desalentado por completo á los ejércitos, bastante desmoralizados ya, y asegurando la dominación de Walker, si en principios de enro de 1857, no hubieran llegado las gratas nuevas de la toma de los vapores de los filibusteros para enviarles refuerzos de los Estados Unidos.

    Se recordará que el Comodoro Cornelio Vanderbilt y todos los demás miembros de la antigua Compañía de Tránsito estaban sedientos de venganzas contra Walker.

    Para dar fin con la invasión de los filibusteros tenía que principiarse por cortar toda comunicación con los Estados Unidos, de dode venían refuerzos de hombres, recursos y elementos de guerra. Así lo comprendió Vanderbilt, quién buscó á Spencer, diestro marino y antiguo capitán de los vapores del río, y lo envió á Costa Rica á ponerse á las órdenes del Presidente don Juan Rafael Mora, que desde el principio de su campaña habia dado muestras de un celo y actividad extraordinarios. (1)
    (1)
    He aquí, lo que sobre este particular refiere El Canal de Nicaragua, semanario de Granada, en el número 11, año 1, correspondiente al 7 de marzo de 1877. "El Comodoro Vanderbilt comprendió la situación del aventurero, que había despojado á la Compañía de sus propiedades, y resolvió aniquilarlo.

    En 1857 se hallaba en una cena en el Restaurante Delmónico de Nueva York, en unión de varios hispano- américanos. Se trató de la situación de Nicaragua y del poder de Walker, y en la exaltación producida por los brindis entusiastas de los hispano-américanos, el Comodoro tomó la resolución de acabar con los filibusteros.,
    Pero como?...No tiene escuadras, no tiene ejércitos; pero tiene voluntad y tiene dinero, dos poderes incontrastables.
    "Hizo llamar en el acto á Spencer, experto marino, joven bizarro y audaz"
    "Llegó Spencer, estando aún todos los amigos del Comodoro alrededor de la mesa, Cree Ud. fácil, le dijo el Comodoro, tomar los vapores que tiene a sus servicio William Walker. "No lo creo dificil, contestó el joven, con el accento propio de quien tiene profunda convicción"
    "Puede y quiere Ud. acometer esa empresa?
    "Estoy  a su disposición, repuso Spencer, con la tranquilidad del hombre audaz, que tiene la conciencia de lo que vale, de lo que puede.

    En medio del mas profundo silencio de todos los espectadores que miraban con asombro a aquellos hombres, sacó el Comodoro de su bolsillo un cheque de viente mil dolares, que entregó a Spencer, como premio anticipado de la audaz empresa que iba á acometer"..(N. del A.)

    El Presidente tico, Mora aceptó gustoso los servicios de Spencer á quien ofreció nuevas gratificaciones y siguió al pié de la letra las indicaciones del Comodoro Vanderbilt, que le aconsejaba cambiar de politica acerca de la guerra á muerte que había declarado á los filibusteros, y dar una proclama ofreciendo pagar los gastos del pasaje á los Estados Unidos á todos los que desertaran de las filas de Walker.

    El 3 de diciembre de 1856 salió de San José una división de doscientos hombres armados de buenos rifles con dos piezas de artilleria y al mando del Coronel Barillier. Spencer iba agregado á la expedición.

    El 21 del mismo mes después de dificultades y privaciones increíbles, entre los pantanos y malezas de las bajuras anegadizas del Río San Juan, los costarricenses en improvisadas balsas de troncos y en pequeñas canoas, lograron pernoctar en el estero de Copalchí, inmediato al Fuerte de Trinidad, en el islote de Hipps, que defendían sesenta americanos á las órdenes del capitán filibustero Francisco Thomson.

    A continuación se internaron á pié por entre la montaña y encendierón varias hogueras, á cuyo calor lograron desentumerse de la incómoda posicion que trajeron y de la continuada lluvia.

    A las diez de la mañana del día siguiente, avanzaron por entre la misma montaña hasta llegar al campamento de los filibusteros, á quienes sorprendierón por retaguardia en momento de estar sirviéndose el rancho.

    Durante las dificultades del camino, los costarricenses perdieron la artilleria, que se llevo la corriente en una basla escapada, y la lluvia mojó el parque é inutilizó los fusiles, por lo cual sólo cinco dispararon, teniendo que tomar el Fuerte á punta de bayoneta.  Afortunadamente la sorpresa fué tan completa, que los filibusteros sólo pensaron en buscar la fuga, pereciendo la mayor parte en el Río á donde se lanzarón huyendo. De los sesenta hombres únicamente se salvaron seis, que fueron hechos prisioneros.

    Inmediatamente se organizó una pequeña flota en conco botes tomados del enemigo, y puesta al mando del Mayor Máximo Blanco, se dirigió á San Juan del Norte y pernoctó en las inmediaciones, en la casa de un nicaragüense, á quien llamaban con el apodo de Petaca. Aquí encontraron la artílleria, que el nicaragüense había tenido el cuidado de recoger de la balsa que arrastraba el Río, y tomaron sus últimas providencias.

    El 23 á las cinco de la mañana se presentaron los expedicionarios en San Juan. La población dormía confiada y con facilidad fueron capturados los vapores Wheeler, Morgan, Machuca, y Bulwer. Al tomar este último, el ruido de voces despertó al agente de la Compañía de Tránsito Mr. Scott, que tomó en el acto la campana de alarma. A esta señal ocurrió una lancha de escuadrilla inglesa, que permanecía anclada en la bahía, y á la que Mr. Scott pidió auxilio diciendo que temía ser asesinado con su familia.

    A las once de la mañana se destacaron dos lanchas cañoneras en actitud amenazadora; pero llegada cerca de los vapores, manifestó el jefe de ellas que solamente venía á dar garantías á las personas de la familia de Mr. Scott, que lo hab1a implorado; pero no para estorbar la captura de los vapores.

    Cuando el Cónsul Américano en San Juan del Norte, Mr. B.S. Cottrell tuvo noticia del suceso, se dirigió en el acto á los costarricenses exigiéndoles imperiosamente la devolución de los vapores por ser propiedad de los ciudadanos américanos Carlos Morgan é hijos, á quienes Randolph habia cedido la linea; pero el agente de la antigua Compañía que tambien estaba presente reprodujo que eran propiedad de mr. Vanderbilt, en cuyo nombre procedían los costarricenses.

    El Cónsul, enfurecido de que no se le obedecía, pidió auxilio al Comodoro de la escuadra inglesa, que vigilaba el puerto. Este le contestó en los términos mas amables, que sentía no poder complacerlo, porque estando aquellos vapores al servicio del enemigo con quien peleaba Costa Rica, las leyes de neutralidad le prohibían toda intervención en semejante asunto.

    Dueños de los vapores, los costarricenses se regresaron en ellos, en la noche del 24, comandados por Spencer, Máximo Blanco y Joaquin Fernández; pero un chubasco arrojó des de los vapores á la costa y los maltrató bastante. El 25, sin embargo, lograron reparar sus averias y continuar su marcha hacia el fuerte de Trinidad en cuyas inmediaciones pernoctaron.

    El 26 arribaron al fuerte, dejaron reparándose los vapores Wheeler y Machuca y la expedición continuó su marcha, al mando de los mismos jefes en los vapores Morgan y Bulwer. En la confluencia del San Carlos recogieron al Capitán Francisco Quiroz con ochocientos costarricenses, que se habían extraviado en el viaje, cuando iban á tomar el fuerte de Trinidad, y por éstos supieron que el Castillo se hallaba desmantelado y fácil para ser sorprendido. se determinó, que Spencer en el Morgan avanzara sobre el San Juan y atacase el Castillo; mientras Fernanedez en el Bulwer subiria por El Río San Carlos, para dar cuenta á las autoridades costarricenses del triunfo alcanzado.

    El general don José Joaquin Mora, hermano del Presiente de Costa Rica, había sido nombrado General en Jefe del ejército expedicionario, y con quinientos hombres se dirigió á marchas redobladas a proteger los movimientos del Río.

    El 22 de diciembre acampó en el muelle del Río San Carlos y de allí destacó varias partidas de observación, que regresaron sin traerle noticias de los expedicionarios. creyéndose, sin embargo, en dificultades, embarcó en dos balsas y dos botes los viveres y municiones que pudo y cincuenta hombres para reforzarlos.

    esta expedición, que comenzó á bajar el San Carlos el día 27, se encontró poco tiempo después de su salida con el Bulwer que comandaba el Coronel Fernandez. Este llegó en el mismo día al campamento del general Mora, á cuyas órdenes puso el vapor, le dió cuenta de los sucesos del Río San Juan y se dirigió inmediatamente después por tierra á dar el mismo informe al Presidente Mora en san José.

    Mientras tanto Spencer, á bordo del Morgan, llegó al Castillo á las cuatro de la tarde del propio día 27 y sorprendió de tal manera á la guarnición americana que la rindió sin un tiro.

    Dueño ya de aquella Fortaleza, Spencer hizo concurrir con engaño, enviándole un falso parte, al vapor Ogden, que se hallaba en el Raudal del Toro. A su entrada, que se verificó á las siete de la mañana del 28, fué capturado fácilmente por sorpresa.

    Por los pasajeros del Ogden se supo que el Vapor Virgen, anclado entonces en la estación de Danms, cerac del Raudal del Toro, en donde se abastecía de leña, conducía elementos de guerra para walker. Spencer, sin pérdida de tiempo embarcó alguna tropa en el Ogden y se dirigió á la estacion de Danms en busca del Vapor enemigo. Este, vió venir al Ogden, que la víspera se habia separado de su costado para conducir los pasajeros del Castillo, según el falso parte que se habia dado, y lo dejó acercarse sin la menor sospecha de que estuviera ocupado por enemigos. Spencer hizo saludos y demostraciones amistosas que acostumbraban los vapores de La Compañía y fingiéndose amigo, atracó al costado delVirgen y lo tomó sin resistencia, encontrando en sus bodegas cuatro piezas de artillería, cuatrocientos rifles nuevos, abundantes municiones de boca y guerra y un cargamento de licores finos.
     

    Spencer pasó los días 28 y 29 de diciembre en la estación de damns esperando los refuerzos del general Mora para dirigirse á San Carlos; pero viendo que no llegaban, envió en su busca al vapor Morgan, y en el Ogden se dirigió él con su poca gente á probar una sorpresa.

    El día 30 fondeó tranquilamente el Ogden frente al cañón del glacis de la Fortaleza de San Carlos (1) para infundir mayor confianza al enemigo. Spencer dió con toda calma las señales de costumbre, y el Comandante de La Fortaleza que era el capitán filibustero Mr. Kruger, no teniendo noticia de que hubiera enemigos en el Río y viendo además, el vapor bajo los fuegos de sus cañones, fué con toda confianza, seguido de una escolta, á hacer la visita de costumbre. Al entrar se le llevó con engaños á un camarote, donde se le intimó rendición, se le puso al corriente de todo lo sucedido y se le obligó con alguna dificultad á escribir una orden. Llamando á bordo y sin armas á toda la guarnición. Después de éstpo, la fortaleza cayó sin resistencia en poder de los costarricenses, que hicieron setenta y dos prisioneros al enemigo y quitaron dos piezas de artillería de á veinticuatro.

    Dejamos al General Mora en el Muelle de San Carlos, en donde lo encontró el Bulwer el día 27. El 28 embarcó doscientos hombres, dos piezas de artillería, gran parte de las municiones de guerra y algunos víveres, y á las nueve de la mañana principió á bajar el San Carlos, dejando en el muelle el resto de su gente y municiones á cargo del Mayor don Juan Estrada y con orden de conducirse en botes y balsas al Río San Juan

    El día 30 á las trés de la tarde encontró Mora el Vapor Morgan, enviado por Spencer en su busca. Como El Bulwer se encontraba en mal estado. Mora se trasbordó con la gente al Morgan y caminando á todo vapor logró fondear en el Castillo á las diez de la mañana del 31 de diciembre.

    En el Castillo tuvo noticia exacta el general Mora de todo lo ocurrido, y sin pérdida de tiempo dispuso marchar en auxilio de Spencer, á quien suponía en dificultades. Para llegar más breve se trasbordó al Ogden, que acababa de llegar, enviado por Spencer, dándole cuenta de la toma de San Carlos y llamándolo con urgencia; y á las trés de aquella tarde principió á subir el Río en el Ogden, á cuya máquina  se le dió toda velocidad. al llegar á la Estación de damns, se trasbrodó al Virgen, y andando siempre de carrera Mora logró fondear frente a San Carlos en la madrugada del 1ero. de Enero de 1857.

    La audaz y arriesgada empresa de los costarricenses estaba todav1a incompleta. Faltaba aún el Vapor san carlos, el más grande de todos, que recorría en aquellos momentos los puertos del lago; pero el 3 de enro de 1857 se presentó á la vista y poco después botó anclas con toda confianza.

    Los costarricenses emboscados en las riberas, dejaron á Spencer el cuidado de hacer las señales de costumbre, y cuando lo creyeron conveniente, dieron el asalto y se adueñaron del buque.

     Belloso, General de las tropas, impresionado con las pullas de los guatemaltecos y legitimistas, y más que todo, con los estragos de los rifles américanos, no hubo reflexión suficiente para decidirlo á salir de León.

    Los ejércitos aliados se organizarón provisionalmente en el pueblo de Nandaime, nombrando General en jefe, al General don Florencio Xatruch, Comandante de las fuerzas auxiliares de Honduras, y así organizados fijaron un cuartel general en San Jorge, Rivas el día 28 de febrero de 1857.

    La situación de Walker en Rivas, durante las divisiones de los jefes aliados, llegó á ser brillante. Dueño de un departamento abundante en recursos de toda clase, de los vapores del lago, y río que también lo abastecían, de la linea de Tránsito que le proporcionaban hombres y elementos de los Estados Unidos, reforzó considerablemente su ejército y lo llenó de confianza con el halago de la prosperidad, las noticias de las rivalidades de los enemigos y la cobardia de éstos frente a Henningsen en Granada.

    El jefe filibustero fortificó muy bien la plaza de Rivas, arregló y sistemó su artillería y estableció un taller de fundición, en que se fabricaban diariamente grandes cantidades de balas de metal para cañón.

    El concierto de tanta felicidad fué turbado de pronto con la noticia terrible de la pérdida de los vapores, golpe mortal, que llevaba nuevamente el desaliento al campo filibustero.

    Nicaragua estaba salvada. El mismo Walker lo confesó después. "Los Estados del Sur, dice, (1) convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centro América, enviando á San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelente armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses antes (de la toma de los vapores), el establecimiento de los américanos en Nicaragua se habría asegurado sin peligro."

    Walker valoró en toda su extensión la gravedad del acontecimiento; y si no se anonadó, fué porque tenía la seguridad de que Lockridge, uno de sus jefes de confianza, debería llegar en aquellos días a San Juan del Norte
    con refuerzos de los Estados Unidos, y alimentaba la esperanza de que podría sorprender á los costarricenses por retaguardia y recuperar los vapores, según instrucciones que le mandó con uno de sus ayudantes, enviado por la via de Panamá. El 9 de enero de 1857 llegó, con efecto, Lockridge á San Juan del Norte, á bordo del Vapor Texas, conduciendo doscientos filibusteros bien armados con los cuales ocupó el Puerto. Por el vapor James Adger le llevaron poco después cuarenta hombres más, armas y elementos en abundancia. Había en el puerto un vapor viejo y Lockridge se ocupó en repararlo para expediciones sobre el río y sorprender á los costarricenses.

    El 4 de febrero volvió á llegar el vapor Texas, conduciendo ciento ochenta hombres más, que enviaban de Nueva Orleans y con éstos y los anteriores formó Lockridge una columna de cuatrocientos veinte filibusteros, con los cuales se embarcó en el vapor que había hecho reparar y sorprendió la punta de Cody, frente á Sarapiquí, donde había una guarnició costarricense, á la que también desalojó, á cañonazos en la madrugada del 13.

    Envalentonados con el buen éxito, arremetieron con vigor la Fortaleza del Castillo Viejo; pero fueron rechazados y tuvieron que replegarse á su fortificación de la punta de Cody.

    Pronto las penalidades del río en la estación lluviosa, en que abundan los insectos, los reptiles venenosos, y la deserción se hizo abundante, apoyada por la escuadra inglesa, que agasajaba á los prófugos.

    Lockridge, deseperado de tanta contrariedad resolvió volverse a San Juan del Norte y de ahí tomar la costa é internarse por el territorio despoblado de Costa Rica hasta salir á Rivas y juntarse con Walker. Se reembarcó, pues, con los únicos cien hombres que le quedaban; pero en el camino estalló la caldera del vapor J. N. Scott y mató y estropeó á la mayor parte de los expedicionarios, que escarmentados con aquel desastre, renunciaron á toda tentativa.

    Tan luego supo Mora en San Carlos que Lockridge había fracasado, envió al Coronel Canty á San JUan del Norte á perseguir los restos de la expedición. El jefe costarricense, á la cabeza de su tropa, se presentó en el puerto el 11 de abril de 1857; y fué recibido por los marinos ingleses con mucha consideración, debido en mucha parte á que Canty era natural de Inglaterra. En seguida capturó el vapor Clayton que estaba amarrado al muelle y lo declaró buena presa.

    en el ismo día que llegó Canty á San Juan del Norte, recibió una invitación del Comodoro inglés para una conferencia, en la cual le explicó las causas que lo habian obligado á intervenir en los asuntos del Río y lo necesario que creia promover á todo trance la salida de los invasores que había traído Lockridge. Puestos de acuerdo en este punto, arreglaron un contrato para la devolución de aquellos hombres á los puertos de los Estados Unidos por cuenta del Gobierno de Costa Rica.

    En consecuencia dos días después fueron trasladados a los buques de guerra Cassack y Tartar de su Majestad Británica, todos los filibusteros que se hallaban en Punta de Castilla, en número de trescientos cincuenta para ser conducidos á los puertos convenidos.

    Los aliados, mientras tanto, se fortificarón en San Jorge, puerto del lago, que les proporcionaba la ventaja de servirse de los vapores para estar en relaciones con el interior del país, y poder ocurrir inmediatamente á cualquier punto que amenazara Walker.

    El 29 de Enero de 1857, se presentó Henningsen con seiscientos hombres atacando el campamento de los aliados. Su ataque duró doce horas continuas de incensante fuego; pero fué rechazado con una pérdida de mas de cien bajas.

    El 1ª de Febrero, llegó a San Jorge el General tico don José Joaquín Mora, á bordo del vapor San Carlos y conduciendo un refuerzo de trescientos hombres.

    Mora estaba infatuado con los triunfos del Río, y su avilantez, que se hacía insoportable, picó mucho á los demás jefes. Zavala, con aturdimiento caracteristico, fué el primero en mofarse de él y en hacer calificaciones desfavorables acerca de sus aptitudes militares.

    Los jefes nicaragüenses, temerosos de que las nuevas divisiones volvieran á entorpecerlo todo, se interesarón en organizar una reunión á bordo del vapor, con el objeto de ponerse de acuerdo con Mora; pero cuando se disponían a verificarlo, se anunció un movimiento de Walker sobre la plaza y todos ocurrieron á cubrir sus puestos, mientras Mora regresaba a sus posiciones del Río.

    En la noche del 3 de febrero, Walker sorprendió una barricada y se introdujo á la plaza al favor de la obscuridad. La entereza de Jerez y de otros jefes, que hicieron prodigios de valor, reparó los terribles efectos de la sorpresa, y Walker fué rechazado.

    El 7 de febrero los filibusteros amanecieron tomando posiciones con su artillería frente á San Jorge; rompiendo poco después un cañoneo que duró hasta las tres de la tarde.

    Tan continuados ataques obedecían á la necesidad que Walker tenía de mantener en movimiento su ejército para evitar deserciones. Estas eran muchas y muy continuadas, merced á las proclamas del Presidente Mora, en que ofrecía garantías y recompensas á todos los que abandonaran las filas de los filibusteros.

    Para obtener mayor número de deserciones en el Campamento de Walker, se adoptó por sistema hacer que partidas volantes se acercaran á las posiciones de los filibusteros, llevando en ellas á los desertores, que hablaban desde lejos á antiguos compañeros, dándoles noticias de la bondad con que se les trataba en el campamento aliado.

    Partidas enteras de caballería é infantería de los filibusteros se escapaban a Liberia, donde el Gobierno de Costa Rica las hacia recibir muy bien y pagaba su pasaje hasta Nueva York. Cerca de mil doscientos hombres regresaron de ésta manera á su patria. (1)  Memoria de Hacienda, Guerra y Marina del Gobierno de Costa Rica del 23 de Septiembre de 1857.

    El 6 de febrero ancló en San Juan del Sur la fragata de guerra americana Saint Mary, al mando del Capitán Carlos Enrique Davis. Este se presentó en el campamento aliado, el 19 del mismo mes, pidiendo que se le entregara uno de los vapores del lago para la continuación del tránsito inter-oceánico. Los aliados contestaron que se accedería á la solicitud, tan pronto como estuviera el país libre de filibusteros. Sin desmayar por esta negativa, el Capitán davis volvió á dirigirse á los aliados, pidiendo permiso para colocar en "La Virgen", una escolta americana, que diera garantía á los edificios de La Compañía de Tránsito. Los aliados respondieron que no estaban autorizados por sus respectivos Gobiernos para atender esa clase de asuntos.

    El Capitán Davis continuó en San Juan del Sur, observando el desarrollo de la campaña; y tanto Walker como los aliados no lo creían amigo.

    Walker, á pesar de encontrarse cortado por el lado del Atlántico, no dejaba de recibir auxilios, de vez en cuando, por la Vía de San Juan del Sur.

    El 4 de marzo se anunció la llegada de uno de esos refuerzos, y los aliados destacaron al General don Fernando Chamorro con seiscientos hombres para que impidiera su entrada á Rivas. Walker, á su vez, mandó á protegerlo con doscientos hombres.

    Chamorro salió de San Jorge el día 5 muy de madrugada y se situó en la Hacienda de Jocote, que es la mediania entre Rivas y San Juan del Sur.

    Poco después los ochenta hombres que componían el refuerzo américano, se batían con las avanzadas nicaragüenses y eran derrotados y perseguidos.

    Terminada su misión, Chamorro regresó de Jocote; pero a poca distancia, en el llano del Coyol, le aguardaban emboscados en una quebrada, los doscientos filibusteros de Walker, que no pudieron llegar a tiempo a favorecer á sus amigos. Los nicaragüenses no se trubaron con la sorpresa. Pasada la primera impresión, se organizaron con calma y sostuvieron la acción hasta muy avanzada la tarde, en que la victoria se declaró por ellos, haciendo 35 muertos al enemigo.

    Los gobiernos de Centro América, informados de la rivalidad de los Generales del ejército, convinieron en someterlos todos á un sólo jefe, designando con tal objeto al general don José Joaquin Mora, hermano del Presidente de Costa Rica. Mora llegó al campamento de san Jorge con una división de quinientos sesenta costarricenses y al día siguiente, 19 de marzo de 1857, se hizo cargo del mando en jefe de los ejércitos aliados.

    El 26 mandó poner estrecho y riguroso sitió á la plaza de Rivas.

    Mora era un militar novel y creía que sus armas tendrían en todas partes la misma buena suerte que en el río San Juan. Ansioso de concluir la campaña y de alcanzar nuevos laureles, dispuso el asalto de la plaza, desoyendo las indicaciones de los demás jefes, que consideraban innecesario exasperar á un enemigo á quien mataban el desaliento, el ocio y las deserciones continuas.

    Aferrado en su capricho atacó simultáneamente á Rivas en los días 23, 24, y 26 de marzo, y últimamente el 11 de abril; pero en todos esos días fué rechazado con grandes pérdidas.

    Walker reducido al último extremo, se habría rendido incondicionalmente, si el 24 de abril no se presenta el Capitán Davis como mediador, obteniendo para los americanos una honrosa capitulación.

    En virtud de ella Walker y sus oficiales salieron de la plaza el 1ª de Mayo de 1857 con todos sus honores de la guerra, y los demás filibusteros rindieron sus armas al Capitán Davis. este entregó el armamento á los aliados, mediante el ofrecimiento de que garantizarían la permanencia en el país á todos los centroaméricanos que acompañaron a Walker.

    El convenio fué firmado solamente por Davis y Walker; y cada vez que en él se designa á los jefes aliados se les da el nombre de "enemigo".

    "Esa capitulación, dice un contemporáneo de aquellos sucesos, es un documento de oprobio y humillación para centro América. No capitula el malvado con el general en Jefe, lo hace con el Capitán de la fragata américana sin dar garantías, y es á él también le entrega La Plaza de Rivas, para que le devuelva á nombre de los Estados Unidos y por autoridad propia; plabras que completan la humillación, porque no sé que autoridad pudiera tener en el caso presente, el Comandante de la Fragata. Jamás un bandido pudo despreciar más en su agonía á los Gobiernos que le hacían la guerra y á los valientes que le tenían reducido á la última extremidad. Al entregar la plaza, tenían más orgullo los vencidos que los vencedores."

    " Se encontraron rotos todos los cañones, el parque de polvora de grano en los pozos; el armamento hecho trizas; y solamente ochocientos fusiles en buen estado que se repartieron entre los aliados. (1)
    Carta inédita de gerardo Barrios al Ex- Presidente San Martín, fechada en León á 14 de mayo de 1857 y en poder del autor.

    Pérez, en su Biografía del general don Tomás Martinez, dice á este respecto: " Se anunció la llegada al campamento del general Barrios, con un ejército salvadoreño, y el señor Mora creyó que el triunfo, que se veía tan próximo, se iba a atribuir al citado Barrios. En tal virtud se resolvió á aceptar ó aprobar la capitulación que fué celebrada entre el Comandante Davis de la corbeta américana Santa María y el filibustero Walker. Mora, al aprobar dicha capitulación, quiso que fuese firmada por los jefes aliados; pero los mismos Martinez, Chamorro y Xatruch le contestaron que no la firmaban porque le creían ignomíniosa. No se exigió a Walker ni siquiera la promesa de no volver á Nicaragua y antes bien salió con honores y protestando que muy pronto volverá aá recobrar su posicion.  Aún hubo más; el mismo señor Mora mandó un ayudante á pedir mas bestias para conducir á Walker y á su comitiva á San Juan del Sur, y Martinez le contestó que no tenían más que las propias y las de sus subalternos, los cuales no tenían voluntad de brindarlas, para que fuesen en ellas los asesinos é incendiarios de la patria."
    El número 23 de la ":Gaceta de Nicaragua", correspondiente al 5 de diciembre de 1857, dice en su parte editorial:- "Nosotros no demostraremos lo cobarde é importuna de esa humillación, porque ya es un hecho consumado, y porque todo centro América está al cabo de cómo se menguó su dignidad en aquel acto digno del olvido. Quien no sabe que el Teniente General Mora se apresuró á concluir malamente la guerra, porque el General Barrios con un  ejército flamante estaba al incorporarse al ejército aliado?  Quien no sabe lo que exclamó poco después de hecha la capitulación? "Gran Chasco, dijo, les he dado á los salvadoreños: los he privado de adquirir gloria en la campaña nacional"
    (N. del A).

    Así término la sangrienta campaña contra los filibusteros, á quienes todavía hubo que dar como treinta mil pesos más, para gastos de transporte de quinientos hombres, que se rindierón en Rivas.

    Llama bastante la atención que el general Mora no se le haya ocurrido exigir á William Walker la solemne promesa de no intentar nuevas expediciones, ni la garantía del Capitán Davis sobre este punto. se dijo en aquellos días que la noticia de venir en camino el General don Gerardo Barrios con mil ochocientos salvadoreños y ser este jefe muy reputado, excitó los celos del jefe costarricense, que quiso evitar el que se dijera más tarde, que se debía el triunfo á la llegada de Barrios. esta aseveración, muy sostenida por personas respetables de aquel tiempo, aparece tambien confirmada en documentos.

    Mora regresó a Costa Rica dos días después de la capitulación. el apoyo decisivo que prestó su gobierno aquella vez, salvó á centroamérica del filibusterismo; pero el brillo de esa página en nuestra historia, fué obscurecido á continuación por el Presidente don Juan Rafael Mora que, considerando débil y postrada á Nicaragua, se constituyó en juez y parte de la antigua cuestión de límites con Costa Rica y trató de arrebatarnos con violencia mucha parte de nuestro territorio.

    Zavala, al llegar á León, infatuado con las glorias de la campaña, llevó su insolencia hasta insultar al Presidente Rivas y á uno de sus Ministros, amenazándolos con la horca, si dentro de señalado término no cumplían ciertas órdenes. Jerez llamó inmediatamente á las armas al pueblo leonés y con centenares de hombres armados, que organizó de momento, iba á lanzarse á vengar la injuria, cuando intervino, como mediador amigable, el general don Gerardo Barrios, quien había llegado con mil ochocientos salvadoreños é hizo salir precipitadamente á Zavala para Chinandega.

    A consecuencia del anterior suceso, Guatemala dirigió energícas reclamaciones al gobierno de Nicaragua que éste á su vez reprodujo y aunque el Gobierno de Guatemala reconoció oficialmente que el general Zavala no habría guardado la calma y moderación débidas, cerró sus relaciones con el Gobierno del señor Rivas.

    Zavala con su columna expedicionaria entró de regreso a Guatemala el 1ª de junio del mismo año y fué recibido de la manera más solemne y entusiasta.

    El 6 del mismo mes, el Gobierno de Guatemala mandó condecorar á los jefes y oficiales que se distinguieron en la campaña contra Walker con una cruz de honor, que debía llevar la inscripción siguiente: Defensa de Nicaragua, Guatemala al mérito distinguido 1856  1857.

    Gerardo Barrios, con el ejército salvadoreño de su mando, regresó á San Salvador el 8 de junio, y aunque fué recibido en triunfo, su enemistad con el Presidente Campo tomó mayor aumento en esos días y fué acusado de querer sublevarse. Fortificádose con este motivo á Cojutepeque, residencia del Poder Ejecutivo, y cuando parecía que iban a romperse las hostilidades, intervino el ex-Presidente don José María San Martín, amigo de ambos bandos y logró un arreglo, en virtud del cual fué desarmado el ejército expedicionario, que entró por esta causa á Cojutepeque como vencido.

    Xatruch, con las fuerzas hondureñas, regresó á Comayagua el 12 de junio y fué recibido con las mayores demostraciones de regocijo.

    Mora con el ejército costarricense hizo su entrada á San José el día 13. Las ovaciones que él y sus valientes compañeros recibieron en ese día, fueron extraordinarias. El Presidente Mora decretó condecoraciones de oro y plata para todos los que se distinguieon en la campaña, los festejó y los recompensó de cuantas maneras pudo.
     

    El Congreso costarricense, además, dió el grado de Capitán General del ejército al Presidente Mora y el de Teniente General á don José Joaquin Mora, votando un premio de veinte mil pesos para los hijos de éste último y otro de quince mil para los del General Cañas.

    En Nicaragua no era tan satisfactoria la situación, expulsado Walker y terminada toda guerra exterior, los partidos del 54 quedaron frente á frente, bien armados, provistos de municiones y recursos y listos á despedazarse.

    Según el convenio de fusión de 12 de septiembre de 1856, "ocho días después de arrojados los filibusteros debía de convocarse á elecciones con arreglos á la Constitución de 1838, " pero equipadas las fuerzas de los contendientes, la eleccion tendría que empatarse, produciendo más irritación en los ánimos y sirviendo en aquellas circunstancias, como de chispa arrojada á un polvorín.

    El General Mora , antes de regresarse, alentó en secreto á ambos partidos y aun se dijo que entró en inteligencia con ellos.

    El general Barrios, que se interesaba porque se arreglaran las cuestiones interiores de Nicaragua, interponiendo su mediacion amistosa, recibió órden del General Mora de regresarse inmediatamente bajo pretexto de economizar gastos al Salvador. Barrios le contestó que, estando terminada la guerra, había cesado el mando en jefe de los ejércitos aliados y que él, sólo le tocaba recibir ordenes de su respectivo Gobierno, que había garantizado el cumplimiento del convenio celebrado entre legitimistas y democraticos. (1).
    Carta de Gerardo Barrios al ex-Presidente San Martin, fechada en Leon á 7 de mayo de 1857 y que obra en poder del autor.

    Consecuentemente con su propósito, Barrios dirigió una circular á los principales hombres del país, para que reunidos en León bajo la presidencia del mismo Barrios, convinieron en la persona que debían elegir para gobernante.

    Marínez, que continuaba en Granada, no quiso concurrir y de acuerdo con su partido, envió una comisión compuesta por los señores General don Fernando Chamorro, Licenciado don Gerónimo Perez y don Ignacio Padilla.

    La reunión se llevó a efecto el día 17 de mayo, con la asistencia de lo más selecto del partido democrático, y acordó por unanimidad de votos trabajar en favor de la candidatura presidencial de don Juan Bautista Sacasa del vecindario de Leon. Chamorro al suscribir el acta, que se levantó, hizo presente que no comprometía más que su persona y de ninguna manera á su partido.

    En ese mismo día se verificó el ultraje del general Zavala al Presidente Rivas, y los democráticos, creyéndolo identificado con los legitimistas, hicieron saber a Chamorro que toda negociación quedaba interrumpidan por entonces. La comisión granadina aprovechó la oportunidad para retirarse.

    Cuando los legitimistas supieron el resultado de la reunión, resolvieron ocupar de hecho á Managua y continuar la guerra.

    Managua, según el convenio de fusión, debía permanecer ocupada por los democráticos, hasta que estuviera electo el nuevo gobernante. Por consiguiente, su ocupación por el jefe legitimistas, don Tomás Martinez, con una fuerza armada, era un verdadero casus belli. Así lo comprendió este jefe; y para salvar las apariencias, procuró disimular aquel paso, haciéndolo aparecer como hijo del noble propósito de acercarse a León, para mejor entenderse en la cuestión de arreglos.

    A pesar de las desgracias del país que se hallaba reducido los partidos permanecían ciegos y obcecados, prefiriendo cada uno de ellos la continuación de la guerra, antes de quedar bajo la dependencia del otro. La guerra pues, era la aspiración general del país, con raras excepciones en ambos bandos. En éstas contábanse Jerez y Martinez, jefes principales, que abogaban por la paz.

    Se llegó á convenir en una nueva reunión en Managua, compuesta de delegados de los dos partidos. Barrios había regresado al Salvador, y en su defecto concurrió Jerez con doce ciudadanos leoneses de los más prominentes. Otros tantos fuerón de Granada, acudillados por Martinez, y aunque se trabajó mucho por llegar á su avenimiento, éste parecía alejarse más cada día.

    Un testigo presencial de aquella junta refiere, que cuando por vía de transacción se proponía que el Presidente fuese tomado de un Partido y el personal del Ministerio de otro, ambos bandos reclamaban para sí dar el Presidente: que cuando se llegaba á convenir en este último, se hallaba nueva disputa acerca del mando en jefe militar y otras pequeñeces y miserias, sin que fuera posible llegar á ningún resulado práctico. (1)

    El General Cañas, que parecía había tomado afecto a Nicaragua, en vez de regresarse a Costa Rica á recibir las ovaciones triunfales, que se concedió al resto de sus compañeros de armas, se quedó por algún tiempo, trabajando con empeño por la reconciliación de los partidos. (1) Gerónimo Pérez Bíografia del General Martinez.
     

    La situación fué haciéndose cada día más dificil. Los legitimistas que parecían los más deseosos de la guerra, interrumpieron las negociaciones, presentando un últimatum, que debía ser aceptado por los democráticos en la noche siguiente. Estos se negaron, y desde ese entonces comnezaron á despedirse unos de otros y á tomar sus prevenciones para la nueva campaña.

    El conflicto no podía ser más serio, y el 12 de junio de 1857, en que todos se preparaban para recomenzar la lucha fraticida, Jerez y Martinez, desesperados de aquella situacion y alentados por el patriótico General Fernando Chamorro, resolvieron asumir la dictadura de Nicaragua y como jefes de los dos bandos antagonistas, imponerse al país y salvarlo de la anarquía. Se firmó entonces un convenio en tal sentido; pero pocas horas después se presentó Jerez, muy excitado y manifestó á Martínez que, aunque tenía confianza en sus amigos, dad la irritabilidad de los ánimos en áquellas circunstancias, temía que le desaprobaran su conducta y aún lo redujeran á prisión para evitar que regresara á cumplir lo estipulado: que partía en esos momentos a León, y para evitar lo que temia y probar su buena fe, y quería que en ese caso Martinez sólo asumiera la dictadura y salvara el país. Aceptado por este jefe el nuevo pensamiento, fué adicionado el convenio con otro artículo, que suscribieron ambos.

    Los temores de Jerez resultaron infundados; El Gobierno de León aprobó el convenio, y el 24 del mismo mes, se inauguró en Managua el de Jerez y Martinez, con gran disgusto de la mayor parte de los legitimistas.

    "Al ver la instalación en una pobre casa particular, dice el señor Péerez, sin aparatp alguno, sin más muebles que una mesa sin carpeta; al ver á los jefes con su vestido común, marcahando al templo entre una valla de soldados, á gran distancia el uno del otro; al oir el Te De   más triste que quizás se ha cantado en nuestras funciones cívicas; al ver que los pocos concurrentes se reían de aquel espectáculo que les parecía ridículo; todos presagiaban que la Junta no podría dar un paso, teniendo dos cabezas tan opuestas, y que su vida iba aá ser efimera, concluyendo con un pleito entre los mandatarios". (1) Biografía del General Martínez.

    El manifiesto inaugural de los dos dictadores, obra de Jerez, concluía con estas palabras: "Nada tenemos que deciros sobre reconciliación de partidos. La Junta de Gobierno lleva consigo el estandarte de la union; y los nicaragüenses en derredor de él, lograrán volver cuanto antes al orden constitucional, que es el sendero de sólida prosperidad.

    "Tributemos gracias infinitas al Todopoderoso, Padre universal del gobierno humano, poruqe Nicaragua todavía existe, y porque sus hijos, aprovechando las lecciones de una dolorosa experiencia, serán más celosos por su conservación y engrandecimiento".
     

    EL CONFLICTO CON COSTA RICA

       
     

    En el mismo día que se firmó la capitulación de Walker en Rivas, el 1ª de Mayo de 1857 aá las cinco de la tarde, pasaron al alojamiento de Walker los señores General don Victor Zavala, primer jefe del ejército de Guatemal y el Capitán Davis, Comandante de la Saint Mary, con objeto de invitarlo á ponerse en camino para San Juan del Sur, adonde iban ambos á dejarlo, en cumplimiento de lo que había estipulado.

    El jefe filibustero, seguido de diez y seis oficiales de los suyos, armados todos de sables y revolveres, montó, algunos momentos después, y salió de Rivas con todos los honores de la guerra. Por la noche se hallaban á bordo de la Saint Mary.

    Al llegar á Panamá, el Comodoro américano, Mr. Marvine, prohibió a Walker y á sus oficiales el que saltarán a tierra y tuvieses comunicación con los de la ciudad. Fué tan rígida esta última orden, que aun las cartas que le llegaron por el vapor California, fueron devueltas. Walker protestó que no había ido en la Saint Mary como prisionero; pero el Comodoro manifestó que el Gobierno de la Nueva Granada había publicado un decreto, en que prohibía desembarcar en Panamá á todos los que últimamente habían estado en la guerra de Centro América.

    El 17 de mayo fué conducido Walker á Colón y reebarcado en el Granada con dirección á Nueva Orleans, adonde llegó el 27 y fué recibido con loco entusiasmo por sus amigos. Se hospedó en el San Carlos Hotel", e invitó, por medio de los diarios, para un meeting en la calle del Canal, ofreciendo hablar extensamente sobre sus aventuras en Nicaragua.

    El mismo 29 del mismo mes, se colocó en la calle citada una improvisada plataforma, adornada con emblemas alegóricos y se prepararon bandas de música y juegos pirotécnicos por los amigos de Walker. Este compareció rodeado de muchos de sus camaradas y fué saludado frenéticamente por la muchedumbre compacta que llenaba la calle, Walker habló durante dos horas, procurando vindicar sus correrias filibusteras en centro américa, con el deseo de extender la civilización y la influencia américana.

    El discurso fué ruidosamente aplaudido, aunque casi no se entendió al orador por ser muy débil su voz; pero la muchedumbre se hallaba aleccionada, y así terminó el meeting llevó en triunfo á Walker hasta su alojamiento.

    Los triunfos de Nueva Orleans alentó al jefe filibustero, que se decidió á recorrer el territorio américano, levantando el espiritu público en su favor y buscando nuevos prosélitos. Dirigióse, pués, á Washington, y con su audacia acostumbrada, escribió una larga carta al Presidente Buchanan, en que le hizo una relación de sus campañas en Nicaragua y los medios que sus enemigos emplearon para combatirlo; y concluyó por acusar al Capitán Davis por la intervención que tomó en la capitulación de Rivas. La carta fué publicada en el Herald de 18 de junio de 1857, pero el Presidente la miró con absoluto desprecio.

    La actitud pasiva del Presidente américano dió nuevo aliento á Walker. Recorrió activamente Nueva York y después las principales ciudades del Sur, promoviendo reuniones en todas partes, titulándose Presidente legítimo de Nicaragua y pronunciando largos discursos. el improvisado orador tenía oro, que repartía con profusión y halagaba, prometiendo riquezas fabulosas y feracísimos terrenos en Centro América.

    Henningsen, fiél a su bandera, acompañó á su jefe y le ayudó en todas partes, prestando á la causa filibustera el prestigio de su nombre como buen escritor y también como aventurero audaz y de valor.

    El 2 de septiembre de 1857, Walker hizo alarde de sus ideas esclavistas, sosteniéndolas en una carta á Mr. Jenkins que reprodujeron varios periódicos; y pocos días después en unión de Henningsen, Lockridge y Waters hacía públicos aprestos y reclutamientos para una nueva expedición, en Nashville, Savanah, Tejas y Missisipi respectivamente, y mandaba circular por todas partes de los Estados Unidos grandes cartelones, en que invitaba á enrolarse en la misma expedición, con ofrecimiento á cada expedicionario de veinticinco pesos mensuales y doscientos cincuenta acres de tierra.

    El Trait of Union de Nueva Orleans anunciaba la expedición de los filibusteros en estos términos:
    "Si hemos de dar crédito, decía, á los rumores que corren con todas las garantías de la certeza, el ejército del general Walker se compone de unos tres mil hombres, y su caja militar, sin incluir las sumas votadas y que se le deben enviar posteriormente, contiene en este momento más de doscientos mil pesos. Digan lo que quieran los tímidos, la administración cerrará los ojos sobre la expedición y estará pronta a reconocer ó rechazar la responsabilidad de la empresa según los resultados."

    El Cuerpo Diplomático sacó de su criminal apatía al Presidente Buchanan, Las protestas llegaban de hora en hora, y fué preciso hacer una declaración oficial en que se reprobaba la expedición, y dar órdenes muy terminantes que se publicaron en los diarios, en que prevenía la persecución de todos aquellos que favorecieran las expediciones militares contra Nicaragua.

    Las imprudencias de Walker, como llevamos visto, lo perjudicaron una vez más. Sus esfuerzos se malograron por la situación dificil que él mismo se creó y para mayor abundamiento fué reducido á prisión, de la cual salió poco después bajo fianza de dos mil pesos.

    Las exigencias del Cuerpo Diplomático obligó también al Gobierno américano á mandar algunos buques de guerra á las costas de Centro América, con orden de vigilarlas é impedir el desembarco de expediciones de filibusteros.

    Walker se trasladó á Nueva Orleans y allecionado por la experiencia, preparó en secreto otra nueva expedición. En seguida se embarcó en el Vapor California, el 12 de noviembre de 1857, de donde se trasbordó á otro buque que lo aguardaba a la entrada de la bahía, y de éste al Fashion, á cuyo bordo estaba el resto de los expedicionarios, las armas y municiones y en el cual se dirigieron todos sobre Nicaragua.

    Apenas se supo en Washington la salida de la expedición, los representantes de los gobiernos centro américanos se dirigierón a mr. Cass, Ministro de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, haciéndole enérgicas protestas. El Ministro manifestó desagrado por la conducta que habían observado Walker y sus aventureros, y dispuso que la fragata de guerra Susquehana saliera inmediatamente para la costa de Nicaragua, con órdenes muy terminantes sobre el particular.

    Mientras tales acontecimientos se verificaban en los Estados Unidos, Nicaragua hacía esfuerzos por convalecer de su postración, apelando al patriotismo de todos sus hijos. Los sucesos, sin embargo, fueron complicándose, como veremos en adelante, y hubo necesidad de ponerse en armas y levantar ejércitos en los momentos precisos, en que Walker se acercaba á nuestras playas.

    Inaugurado el Gobierno dictatorial de Jerez y Martinez, fueron nombrados Ministros de Relaciones Exteriores, Gobernacion y Hacienda respectivamente, los señores Licenciado don Gregorio Juarez, Doctor don Rosalio Cartés y don Macario Alvarez.

    Jerez, que durante la campaña nacional fué siempre uno de los primeros en desfiar el peligro, encontró en su compañero de dictadura un buen fondo de honradez y las mejores intenciones en favor del país, y procuró con empeño darle prestigios y hacerlo popular en todas partes, para que su candidatura presidencial fuera aceptada en los próximos comicios. se hacía indispensable unificar á Nicaragua en cualquier sentido, porque las noticias que llegaban de Walker eran cada día más alarmantes; y Jerez que con su clara inteligencia valoraba la situación, hallaba en su patriotismo fuerzas suficientes para resignarse á depender de un hombre que le era inferior bajo muchos conceptos, y para sacrificar en aras de la salud de la patria las aspiraciones de sus compartidarios leoneses.

    al terminarse la campaña nacional, Costa Rica, bajo pretexto de seguridad común, siguió ocupando los vapores del Río y Lago y también la Fortaleza del Castillo de la Purisima Inmaculada. Los nicaragüenses que respiraban sólo gratitud para sus hermanos de Costa Rica, no veían en este acto ninguna amenaza para su tranquilidad y permanecían indiferencias al avance del Gobierno vecino.

    Desgraciadamente existía la antigua cuestión de límites entre ambos países, motivada por la anexión interina de la Provincia del Guanacaste en el año 1824. Costa Rica alegaba que este territorio le pertenecía en propiedad en virtud de la posesión no interrumpida de tantos años y del derecho que tuvo aquella porción del territorio nicaragüense para unirse al de Costa Rica. Nicaragua negaba esta libertad y alegaba á su vez, qué la posesión había sido en calidad de interina, para mientras se constituía, según se hizo constar en los documentos que legalizaron aquel paso. Costa Rica que al principio había ofrecido hasta una indemnización pecunaria a Nicaragua, cuyos derechos no podía negarle, fué con el tiempo avanzando en sus pretensiones, y en la fecha á que hemos llegado, creyó fácil coronarlas, explotando la desgracia de su rival.

    Después de la famosa capitulación de Rivas, evacuado ya el territorio de Nicaragua por las hordas de filibusteros, el general Mora, sin contar con el Gobierno existente en León, dió armas á los Generales Martinez y Jerez con recomendaciones insidiosas y marchó para Costa Rica dejando las cosas en estado de incertidumbre.

    Si Jerez hubiera sido un ambicioso vulgar y hombre menos inteligente, quizas habría caído en el lazo; pero el caudillo democrático unia á su patriotismo sin límites un privilegiado talento. Fácil le fué comprender los manejos del Presidente Mora, y combatirlos con eficacia, plegándose aá Martinez, inspirando á éste toda confianza, abriéndole los ojos sobre el peligro común y procurando con su ayuda la unificación del país.

    El general Cañas, comisionado del Gobierno costarricense habia trazado él mismo, en arreglos practicados inmediatamente después de terminada la campaña, la linea divisoria entre Costa Rica y Nicaragua, cediendo ésta para siempre sus derechos al Guanacaste; pero el tratado no fué ratificado por el Congreso de aquella República.

    El comisionado Cañas solicitó á nombre de su Gobierno que éste perteneciese en posesión de Castillo Viejo, por tiempo indefinido, pretextando la defensa nacional amenazada por walker. Nicaragua se lo permitió con la sola restricción de tener allí empleados de hacienda.

    Quiso Costa Rica tener también la navegación del Río San Juan y Lago, y Nicaragua no sólo se lo impidió, sino que convidó á confundir las propiedades y las soberanías de ambos países, para formar más que una sola República.

    Andersen se puso de acuerdo con el Comodoro Vanderbilt y obtuvo de éste el reconocimiento del derecho de Costa Rica y el que lo regersara á San José en calidad de agente suyo, para solicitar la concesión del tránsito por Nicaragua, ofreciendo en retribución, al presidente Mora, una considerable suma de pesos.

    Webster se entendió con Carlos Morgan, que á su vez lo envió tambien a Costa Rica, en clase de agente y asociado de su yerno Israel Chapman Harris, para que solicitara el mismo privilegio.

    Los agentes de ambas compañías entraron en competencia de Costa Rica un nuevo contrato, fecha 14 de julio de 1857, en el que se les concedía privilegio exclusivo, por cincuenta añois, para transitar por agua y tierra " a través del itsmo de Nicaragua".

    Tambien se le concedía exencion de derechos fiscales para ciertos artículos; se les permitía equipar y mantener una guardia, y se les ofrecía, que si el Gobierno de Nicaragua negaba su adhesión al contrato celebrado, Costa Rica sostendría las concesiones y permitiría á los contratistas el uso por dos años del camino de "La Virgen" á San JUan del Sur, mientras se fabricaba otro de Sapoá á la Bahía de Salinas.

    Como la amenaza de Walker, estaba siempre á la vista, el gobierno de Costa Rica, que le temía bastante. estipuló en el contrato, que la neutraiidad del tránsito fuera garantía de los Estados Unidos, Francia y la Gran Bretaña.

    El Gobierno de Nicaragua, que ignoraba los trabajos de Costa Rica, facultó á su Ministro en Washington para que celebrara un nuevo contrato de tránsito con la misma Compañía, á la cual en 1849 se hab1a concedido privilegio para la construcción de un canal interoceánico.

    El Contrato del señor Irisarri, Ministro de Nicaragua, fué considerado por Costa Rica como un agravio. El General Cañas lo manifestó así al Gobierno nicaragüense y se retiró después de un rompimiento oficial con la administración de los Generales Martínez y Jerez.

    De Liberia, sin embargo el General Cañas dirigió una carta amigable al general Jerez, proponiéndole terminar la diferencia con un decreto, en que el Gobierno de Nicaragua, como dueño del territorio, facultara al de Costa Rica para arreglo de la linea de Tránsito.

    Esa carta fué remitida por el gobierno nicaragüense al Ministro Irisarri, para que informase si podía ser aceptada la proposición y que si esto no era posible, por la naturaleza de los compromisos contraídos con la nueva Compañía de Tránsito, estudiara al modo de arreglar las diferencias con costa rica, procurando conciliar las pretensiones de ésta con los intereses de Nicaragua.

    Irisarri contestó con fecha 31 de agosto, rechazando con indignación la propuesta del General Cañas. decía que Webster, el contratista electo por Costa Rica era un falsificador, que acababa de estar en la cárcel por tres mil pesos que no pudo pagar; y que tanto éste como sus socios. Morgan y Harris eran aliados de Walker, muy poco aparentes para acreditar la empresa y nada tranquilizadores para el país. Agregaba Irrisori, que el gobierno de los estados Unidos, interesado en la reapertura del Tránsito negaba terminantemente á reconocer la intervención costarricense y luego añadía: "Enhorabuena, hagánse entre ese Gobierno y el de Costa Rica los arreglos que exige la seguridad común y la mutua conveniencia; pero hágase ésto de modo que Nicaragua no aparezca como un Estado conquistado y obligarlo á recibir la ley de sus vencedores, porque aunque á recibir la ley de sus vencedores, porque aunque asi quisiera hacerse, el gobierno de los estados Unidos ha declarado que no consentirá en transacción semejante.

    Mientras se verificaban los acontecimientos últimamanete relacionados a Jerez y Martinez, convencidos de la necesidad de reorganizar cuanto antes el país, para poder oponerlo compacto á Costa Rica, si llegaba el caso, convinieron en convocar á elecciones para futuro Presidente y para diputados á una Constituyente, encargada de formar la nueva Constitución.

    Practicadas las elecciones con toda libertad y en la mejor armonía, recayó el voto casi unánime de los pueblos en el General Martínez, para Presidente de la república. era entonces Martinez el caudillo de mayor prestigio y más querido en el país.

    Costa Rica, mientras tanto, había acreditado Legaciones en Washington y trabajaba activamente por que se le reconociera su pretendido derecho de conquista sobre la línea de Tránsito inter-oceánico. su actitud llegó á ser hostil contra Nicaragua, que el señor Irisarri, bastante alarmado, escribía oficialmente con fecha 30 de octubre, á la Cancillería de Managua:

    "En todas ocasiones el señor Molina (Representante de Costa Rica) se ha manifestado hostilismo á Nicaragua, como si la independencia de esa república fuese contraria a los intereses de Costa Rica y como si estos intereses no puedieran conciliarse con los de Nicaragua. Para él (señor Molina) no hay hombres en Nicaragua que puedan gobernar aquella República y necesitan los nicaragüenses de ser gobernados por los costarricenses. Bien podia este señor servir á Costa rica, sin manifestar una hostilidad tan grande contra Nicaragua; y es un dolor que haya tenido yo que contrarrestar en este país, los esfuerzos de un agente de una república centro américana, como podia contrarrestar lo de un agente de la nación enemiga".

    Los trabajos de Costa Rica, sin embargo, nunca obtuvieron éxito satisfactorio. además de que Irisarri desplegaba en nuestro favor su gran talento y su prodigiosa actividad, el Gobierno américano interesado como hemos dicho antes en la reapertura del tránsito, tenía que estar también de nuestra parte, porque, como lo manifestó su Secretario de Relaciones, no podía convenir á ninguna potencia marítima ni mercantil, que hubiera dos autoridades soberanas, con quienes fuese preciso entenderse, en un país por donde hicieron el comercio general del mundo.

    A consecuencia de la determinación anterior, el Gobierno américano dirigió en el mes de septiembre de 1857, á Mr. W. Carey Jones, agente diplomático en San José, una comunicación muy explícita, con orden de leerla al Presidente Mora, en la que manifestaba, que la intervención de Costa Rica en Nicaragua como aliada contra los filibusteros, no pudo darle derecho de conquista, y que en tal virtud, el Gobierno de los Estados Unidos no permitiría jamás ningún acto que afectara los intereses adquiridos legalmente en la línea del tránsito por ciudadanos américanos, bajo la soberanía del Gobierno de Nicaragua.

    De esta comunicación se pasó también copia á todo el Cuerpo Diplomático, residente en Washington.

    El resultado satisfactorio de las elecciones practicadas en Nicaragua, que alejaban por mucho tiempo la posibilidad de un trastorno , del cual pudiera aprovecharse Costa Rica, y el fracaso de las negociaciones en los Estados Unidos, exaltaron al Presidente Mora. Pensó indudablemente que el tiempo venidero sería menos propicio, y haciendo un último esfuerzo, ocurrió al medio extremo de un golpe de audacia, si bien injustificable ante el derecho de gentes, con probabilidades de éxito por la debilidad y suma postración en que suponía á Nicaragua.

    Hemos dicho en otro lugar, que por una diferencia de Nicaragua, Costa Rica mantenía ocupado el puerto de San Juan del Norte, el Castillo Viejo y los vapores del Lago y Río. Nicaragua solamente conservaba la Fortaleza de San Carlos, que defiende la entrada del lago por el Río San Juan.

    A principios del mes de octubre de 1857 se presentó en San Carlos el Coronel George Cauty, Comandante del vapor del Lago, armado en guerra, intimando al Teniente  Coronel don Segundo Cuaresma, jefe de la guarnición nicaragüense, que se rindiera voluntariamente y á discreción del Gobierno de Costa Rica, sino quería sufrir las consecuencias del riguroso bloqueo, que desde aquel momento le declaraba. Cuaresma contestó que daría parte de todo á su Gobierno, para que éste le enviara sus instrucciones; pero que mientras tanto, ordenaba al Coronel Cauty que alejara su vapor inmediatamente del alcance de sus cañones.

    Tan luego fué conocida en Nicaragua aquella inicua agresión, sin declaratoria previa de guerra y con abuso de confianza generosa que se había permitido á Costa Rica, el país entero se levantó amenazante como si fuera un solo hombre, pidiendo á gritos la guerra.  El Gobierno correspondió á esta actitud de los nicaragüenses, declarando, con fecha 19 de octubre de 1857, que aceptaba la ruptura de las hostilidades.

    El mismo día Jerez y Martinez depositaron el Poder Ejecutivo en los ministros Juárez y Cortés, quedando el Ministerio general á cargo del señor don Macario Alvarez, que desempeñaba la cartera de Hacienda.

    Los dos Gobernantes se pusieron al frente del ejército. Martínez quería que Jerez aceptara el puesto de primer jefe; pero éste se negó obstinadamente y obligó á Martínez en Granada levantó otra.

    Aquella virtud enérgica y decidida, aquel entusiasmo general en un pueblo que creía abatido, sorprendieron al Presidente Mora. El pueblo costarricense honrado y pacifico y enemigo de aventuras, no tenía el mismo entusiasmo que el de Nicaragua, ni aprobaba el papel que su Presidente queria hacerlo representar ante el mundo; y tan no estaba de acuerdo con él, sirvió de pretexto al partido opositor del señor Mora, para engrosar considerablemente sus filas, Mora,  arrepentido de su conducta, envió de comisionados al general Cañas y al Licenciado don Emilio Cuadra, á dar explicaciones al Gobierno de Nicaragua y á arreglar la paz.

    Entretanto, el Secretario de Relaciones Exteriores de Nicaragua, se dirigía á todos los Gobiernos amigos, dando cuenta de los motivos por los cuales su gobierno aceptaba el recurso extremo de la guerra.
    "Las intenciones, decía, del Gobierno de Costa Rica, manifestaba por el órgano de sus subalternos, llegan, como US. muy bien debe percibir, hasta demostrar, sin que lo advierta, el derecho de Nicaragua sobre la extensión de sus dominios, y á descubrirla da a la justicia de sus pretensiones, en el hecho mismo de disputarios; porque diciendo el Coronel Cauty, que es necesario observar que su Gobierno en este hecho sólo tiene en mira la mejor custodia de aquel punto contra las amenazas actuales del filibusterismo, pretende alejar toda idea de usurpación, reconociendo de este modo la soberanía de Nicaragua. Si ésto es así, como no debe dudarse, y el Gobierno de Costa Rica ha creído que el Fuerte San Carlos no se halla suficientemente guardado y que el actual Gobierno de Nicaragua no puede custodiar el Castillo Viejo y todos los puntos de la linea de Tránsito, Por que excusar una interpelación amistosa, para que este Gobierno llene cumplidamente su deber?"

    La intimidación del Coronel Cauty revela la intencion que abrigó aquel Gobierno de hostilizar a Nicaragua, para obligarlo al arreglo de algunos asuntos políticos, de que dependen los asuntos comerciales de todo Centro América. Esta revelación explica demasiado, que el arreglo de que se trata no puede ser otro que la aprobación por parte del Gobierno de Nicaragua de contrato de Tránsito celebrado con Webster y Harris, y que ésta República se despoje de su derecho exclusivo sobre el itsmo, en cuya virtud tiene contratada la apertura del canal interoceánico y el tránsito establecido y puesto en uso desde el año de 1854, aunque momentáneamente interrumpido por la guerra que acab de pasar (1)_
    18 DE FEBRERO DEL 2001 / La Prensa

    Controversia: “Sanjuanización” de Nicaragua
    Los “ticos” y su destino manifiesto 
     Julio Ruiz Quezada*

     Quiero recordar a nuestros expertos en Derecho Internacional al servicio de la Cancillería, que en el Tratado Jerez-Cañas del 15 de abril de mil novecientos cincuenta y ocho no se menciona el interés de los ticos en navegar armados en nuestro río San Juan. Ese interés es posterior, ya que los ticos fueron los primeros en negar el Tratado Jerez-Cañas desde el año de 1868, cuando surgió la actitud patriótica del Dr. Tomás Ayón, nuestro Canciller quien a partir de 1872 hasta culminar en el comunicado del 8 de enero de 1876, dirigido al Poder Legislativo señalando el desconocimiento tico al tratado y su rechazo a solucionar cualquier diferencia por medio de un árbitro imparcial. Cuando los asuntos se agravan interviene Guatemala como antes había intervenido El Salvador y se convoca a una reunión en Guatemala firmándose la Convención Román-Esquivel del 24 de diciembre de 1886, en el que se acepta el arbitramento nombrándose como árbitro al Presidente de los Estados Unidos de Norte América MR Grover Cleveland. 

    Los puntos que se someten al conocimiento del árbitro son: 1) si el Tratado Jerez-Cañas del 15-4-58 es o no válido; 2) si declarada su validez, Costa Rica tiene derecho a navegar con buques de guerra o del Fisco sobre el río San Juan; y 3) otros puntos de dudosa interpretación. El primer punto lo propone Nicaragua que ha sostenido que el Tratado Jerez-Cañas carecía de validez por no haber sido ratificado por el Congreso. El segundo punto, propuesto por Costa Rica, incluye su pretensión de navegar armada por el río, para luego pasar a ocupar el lago de Nicaragua como pasó a demostrarlo. 

    Antes que se dictara el Laudo Cleveland aprovechándose de que el Presidente Evaristo Carazo era nacido en Costa Rica, el Presidente Bernardo Soto hizo un viaje especial a Nicaragua para aprovechar la circunstancia y conseguir lo que es a mi juicio su destino manifiesto, la libre navegación por nuestro lago de Nicaragua. A ese efecto ambos presidentes suscribieron el tratado del 26 de julio de 1887, en el que se incluyó en el Artículo IV lo siguiente: “Nicaragua concede a los costarricenses el derecho perpetuo de libre navegación comercial en el lago de Nicaragua y en la parte del río San Juan, donde hoy no tiene esa facultad”, haciéndose a Costa Rica copartícipe del canal interoceánico. Con ese tratado se dejaba insubsistente el anterior tratado Jerez-Cañas y sin objeto el Laudo Cleveland. Gracias a Dios la Cámara de Diputados aprobó el tratado con supresiones y modificaciones, y luego pasó a la Cámara del Senado donde el propio general Fernando Guzmán, quien lo había firmado como canciller, alzó su voz en contra del tratado y pidió públicamente que se rechazara, lo que se consiguió quedando totalmente insubsistente y si lo traigo a colación es porque en él se hacen patentes las verdaderas pretensiones de Costa Rica sobre su destino manifiesto. 

    El Laudo Cleveland de fecha 22 de marzo de 1888, si es verdad que concedió la validez al Tratado Jerez-Cañas por el cual perdimos el Partido de Nicoya, nos fue favorable en el sentido de que prohibió en forma terminante la navegación con busques de guerra a Costa Rica sobre nuestro río San Juan. 

    Por lo dicho todo lo que debía legislarse sobre la navegación costarricense sobre el río San Juan, ya está legislado y pasado en autoridad de cosa juzgada, se mantiene la prohibición de la navegación armada, y de acuerdo a las voces del Tratado Román Esquivel, en su artículo 7º. La decisión del árbitro debe ser tenida por ambos países como un “tratado perfecto y obligatorio entre las partes contratantes”. 

    Existiendo la amenaza de un segundo intento del gobierno del señor Alemán, para ignorar el Tratado Román-Esquivel que sirvió de base al Laudo Cleveland sólo nos resta esperar que nuestros legisladores actuales, actúen con el patriotismo que lo hicieron los senadores de 1887, y que rechacen el proyecto de ley entreguista que les enviará el Poder Ejecutivo, de lo contrario, si lo aprueban todos pasarán a engrosar la lista de los “vende patria”. 

    *El autor es jurista. 
     

    1.
    Cediendo á un deber de patriotismo, hemos intercalado éste y otros documentos en el presente capítulo, con riesgo de perder la unidad de plan con que se ha escrito la obra y de hacer poco amena la lectura; pero las inexactas aprciaciones del señor Doctor Montúfar, en el tomo VII de la "Reseña Histórica", nos obligan á demostrar hasta la evidencia, la justicia que sin duda por equivicación, nos niega aquel distinguido escritor. (N. del A).

    Martinez y Jerez dirigieron á los nicaragüenses sus proclamas de guerra. La del último, aunque más concisa compendiaba mejor los sucesos.

    "El Gobierno de Costa Rica, decía, ha resuelto apoderarse de la linea de Tránsito de mar á mar, para ponerla a disposición de la Compañía Morgan; y con increíble alevosía ha iniciado sus operaciones hostiles contra nuestros puestos militares. Ni todas nuestras diferencias, ni el sentimiento cordial de hacer de las dos Repúblicas una sola, han podido borrar en el ánimo del Gobernante de Costa Rica la idea de usurpación interpretando, sin duda, nuestra generosidad como imbecilidad ó impotencia.

    El Gobierno de Nicaragua no quiere la guerra, la detesta; pero no la teme: la acepta, poruqe se le provoca; la acepta por que es un deber suyo conservar ileso el territorio de la república y no dejar impunemente arrebatarlo con increíble abuso de confianza, derechos que jamás le han sido disputados".

    Mientras tanto, La Asamblea Constituyente se declaró instalada el 8 de noviembre, el 8 de noviembre inmediato, en la ciudad de Managua y bajo la presidencia del Diputado don José Antonio Mejia. Tres días después declaraba popularmente electo, para Presidente de la República al señor Tomás Martinez á quien dió posesión solemne de su alto puesto el 15 del propio mes.

    El manifestó inaugural del nuevo Gobernante, aseguraba que el programa de administración se reduciría á procurar la paz, la reconciliación y justicia para todos los nicaragüenses.

    En manifesto contenía tambien un párrafo que señalaba con mano maestra la triste situación de Nicaragua.
     "Campos, decía, bnlanqueando con las cenizas de los muertos en tantos campos de batalla; grandes poblaciones en ruinas, que por mucho tiempo recordarán los horrores del filibusterismo; la agricultura y el comercio paralizados á consecuencia de la invasión costarricense; el tesoro público agotado; la propiedad particular destruida y cerrados todos los establecimientos de enseñanza; tal es el cuadro, por cierto bien triste, que presenta Nicaragua, y en ese estado es cuando me toca encargarme de regir sus destinos".

    Al día siguiente de la inauguración el nuevo Presidente recibió permiso de la Asamblea para separarse del mando y ponerse al frente del ejército expedicionario contra Costa Rica. La Asamblea lo concedió y nombró para que le sucediera en calidad de su encargado, al señor Diputado don Agustin Avilés, que se hizo cargo de la presidencia el 23 del mismo mes.

    Al llegar Martínez á Granada, de tránsito para la frontera, se encontró con la noticia de que los comisionados del Presidente Mora habían llegado a Rivas con el objeto de ajustar la paz. La Asamblea facultó entonces al general Martinez, para que celebrara un armisticio con la Legación costarricense.

    Iniciándose estaban las pláticas de un arreglo, que parecía dificil llevar á cabo, Cuando llegó a Granada el capitán costarricense don Fernando Quiros, enviado por el Comandante del Castillo Viejo, para anunciar que Walker acababa de aparecer en San Juan del Norte con su segunda expedición y que la independencia de Centro América volvia a ser amenazada de nuevo.

    El filibustero de Sonora explotaba en su provecho nuestras miserias y pequeñeces!




     
     
     



    SEGUNDA INVASION DE WALKER

    El peligro común terminó todas las cuestiones pendientes entre Costa Rica y Nicaragua.
    El Presidente Martínez llamó de Granada al General Cañas para que le ayudara á la defensa, y la Asamblea expidió un decreto con fecha 5 de diciembre de 1857, en que facultaba al Poder ejecutivo para el arreglo de las cuestiones pendientes con Costa Rica y para la celebración de un tratado de alianza con la misma República.

    A continuación tomó uno de los vapores del Lago el general Jerez y con la columna que tenía en Rivas, se dirigió a San Carlos, cuya Fortaleza ocupó el 13 del mismo diciembre. De allí hizo salir una lancha descubierta á explorar el Río, la que regresó el día siguiente, dando cuenta de que los filibusteros se habían adueñado del Castillo Viejo y del vapor Virgen.

    Walker había llegado a san Juan del Norte el 23 de noviembre; pero viendo que estaba anclada el el puerto la corbeta américana de guerra saratoga, tuvo miedo de desembarcar, y virando con dirección á la boca del Río Colorado, en cuyas aguas se internó, desembarcó cuarenta y cinco hombres á las ordenes de Andersen, con instrucciones de situarse en la confluencia del san Juan, para cortar las comunicaciones del interior.

    En la noche de aquel mismo día, la artillería del Saratoga estuvo haciendo disparos para anunciar que se oponía al desembarco.

    Walker, bastante alarmado, se acercó al Saratoga para cerciorarse de su actitud hostil; pero encontrándolo indiferente a su presencia, se llenó de valor y desembarcó atrevidamente en Punta de Castilla con todos sus hombres y elementos.

    El Comandante costarricense don José Baldizón, que se hallaba encargado de la custodia del puerto y ciudad, huyó precipitadamente con todos sus soldados, tan luego tuvo la noticia de la llegada de los filibusteros, abandonando cobardemente su puesto. Al saberlo Walker, mandó una escolta á posesionarse de aquel importante lugar, cuya población fué victima de los excesos y tropelías que acostumbraban las hordas filibusteras.

    Andersen que permanecía en la confluencia de los Ríos San Juan y Colorado, no tardó en saber que el Castillo Viejo estaba mal custodiado por los costarricenses y resolvió tomarlo sin esperar orden de Walker. Se dirigió pues, sobre aquella Fortaleza, y encontró tan descuidado al enemigo, que pudo reducirla sin hacer un disparo.

    El descuido de los costarricenses era tal, que tenían anclados, sin ninguna precaución, los vapores Ogden, Morgan y Virgen que cayeron en poder del vencedor sin dificultad alguna.  Andersen remitió prisionera en el Vapor Morgan, á mucha parte de la rendida guarnición costarricense, y envió a Walker, en el mismo vapor, el parte detallado de sus fáciles é importantes triunfos.

    En cumplimiento de la órdenes dadas anteriormente por el Gobierno de los Estados Unidos para perseguir a Walker, el Comodoro Mr. Paulding, que se hallaba a bordo de la fragata de guerra Wabask, entonces estacionada en Colón, se dirigió precipitadamente á San JUan del Norte.

    Inmediatamente después de su llegada, el Comodoro intimó rendición a Walker, y como éste se negara, se destacó trescientos cincuenta hombres, en cuatro lanchas cañoneras con las cuales circuló en actitud hostil la Punta de Castilla, campamento de los filibusteros. Walker se rindió entonces á discreción y fué conducido á bordo de los buques américanos con 139 de sus compañeros, el 13 de diciembre.

    En los momentos en que Walker se rendía, llegó a Punta de Castilla el vapor Morgan, conduciendo a los prisioneros costarricenses hechos por Andersen. El Comodoro los puso en libertad y mandó a custodiar el vapor.

    El 13 del mismo mes llegó a San Juan del Norte la fragata Susquehana, enviada a última hora de los Estados Unidos, en virtud de las reclamaciones del Cuerpo Diplomático. Momentos después apareció el Fulton, enviado con el mismo objeto. el Comodoro dió orden á los capitanes de estos buques, para que persiguieran a los filibusteros que se habían internado mientras él regersaba á los Estados Unidos el día 15, llevándose á Walker en calidad de prisionero.

    El Capitán Sands del Suquehana armó en guerra el Morgan y avanzó sobre El Castillo, donde se encontraba Andersen, que había anticipado una súplica de amparo. A media milla del puerto se encontró con el Ogden, que conducía Andersen y su gente. Estos rindieron las armas y fueron llevados á San Juan del Norte.

    Los vapores Morgan y Ogden fueron entregados por el capitán Sands al Consúl américano en San Juan del Norte en calidad de depósito, para que lo devolviera a sus dueños. Poco después levó anclas el Susquehana llévandose los últimos restos de filibusteros.

    La llegada de Walker y sus compañeros produjo en los Estados del sur de la unión américana, una gran excitación.

    El Comodoro Paulding, después de dar cuenta á su Gobierno de todos sus actos, se justificaba así:
    "Yo no podía mirar a Walker y sus partidarios bajo otro aspecto que el de unos criminales, que habían burlado la vigilancia de los empleados del Gobierno, dejando nuestro suelo con el objeto de entregarse á la rapiña y al asesinato; y no ví otro medio de vindicar la ley y redimir el honor de nuestro país, que el desarmarlos y enviarlos otra vez á los Estados Unidos. Al hacerlo, conocía la responsabilidad en que iba á incurrir y espero confiadamente que el Gobierno me justifique.

    "Mirando bajo se verdadero aspecto el presente caso, me parece claro: los puntos pocos y poderosos, Walker vino de los Estados Unidos á Puntarenas (1) Nombre que también se le da a Punta de Castilla  (N. del A) habiendo formado con violación de la ley una organización para llevar la guerra á un pueblo, con el que nos hallamos en paz. Desembarcó con hombres armados y con elemntos bélicos sin hacer caso de un buque de guerra colocado expesamente para impedir su desembarco.

    Sin nada que demostrara tener autoridad para el formó un campamento, enarboló la Bandera nicaragüense, púsole el nombre de "Cuartel general de Nicaragua" y se tituló Comandante en Jefe.

    Con pretensión  exigió  los derechos de un gobierno legal sobre todas las personas y cosas que se hallaban á la vista de su bandera. Sin derecho, ni autoridad desembarcó cincuenta hombres en la boca del río Colorado, se apoderó del Fuerte El Castillo en el San Juan, capturó varios vapores y efectos de comerciantes que transitaban para el interior, mató y prendió a pacificos habitantes, y envió á la bahia de San Juan del Norte unos treinta ó cuarenta hombres, mujeres y niños, en el vapor Morgan.

    Al hacer estas cosas, sin autoridad para ello, fueron culpables de asesinato y deben ser mirados como criminales y piratas, sin que puedan pretender que se les considere bajo otro punto de vista.

    La humanidad, así como la ley, la justicia y el honor nacional, demandaban la dispersión de estos hombres sin ley"  (1) Hemos reproducido este informe para que se vea el juicio del Comodoro acerca de Walker y sus hombres, de quienes hay centroaméricanos que tienen una gran idea, hasta el extremo de no querer llamarlos filibuisteros, sino falanginos y de estudiar sus operaciones militares con el mismo entusiasmo que las de Anibal y Cesar.- (N. del A).

    Los amigos de Walker, sin embargo celebraron reuniones políticas en varias ciudades, en que pedían la destitución del Comodoro Paulding, y algunos Senadores y Diputados gestionaron en el seno del Congreso en igual sentido.

    El Congreso américano pidió los documentos al Ejecutivo y éste los envió con un extenso informe, en que confiesa que el Comodoro sufrió una equivocación pero disculpable si se atiende á que se trataba de cortar el abuso de los expedicionarios aventureros.

    Hubo grandes discusiones en el Congreso, con motivo de la conducta del Comodoro; pero éste fué al fin condenado, y se le destituyó por haber capturado á Walker en territorio nicaragüense, excediéndose de las instrucciones que recibió de tomarlo en aguas libres. También fué destituido el Capitán Chatar, Comandante del Saratoga, por no haber impedido el desembarco de Walker, capturaándolo antes de que lo efectuara.

    Mientras tanto Walker fué juzgado en Nueva Orleans por un tribunal interesado en su favor. Lo defendía Pierre Soulé.

    Presentó como testigos de descargo á Henningsen á Natzmer y otros cuantos filibusteros de los que le acompañaron en Nicaragua, y cuando llegó su turno pronunció un largo sentimental discurso, en que protestaba contra el calificativo de pirata y sostenía que era el Presidente legítimo de Nicaragua y que tanto él como sus hombres tenían intereses y propiedades que defender en su patria nicaragüense. El Tribunal, que ya lo tenía absuelto de antemano, confirmó su resolución, y declaró inocente á Walker.

    Antes de esta resolución, Irisarri, Ministro de Nicaragua en Washington, formuló una enérgica protesta al Gobierno américano. En ella le decía entre otras cosas:
    "La impunidad de estos criminales amenaza á todos los pueblos de la tierra con la repetición de los mismos atentados, los más graves y de más funestas consecuencias, que puedan cometerse contra el derecho de gentes; pues no habría país en el mundo que se considerase seguro, cuando se hubiese visto que los ciudadanos de una gran República, que cada día se  engrandece más y más, podían impunemente formar expediciones hóstiles, por cuenta particular, para ir á turbar la paz de cualquiera Nación; y no sólo para ir a turbar la paz, sino para ir á emprender conquistas, incendiando pueblos, despojando á los naturales de sus propiedades, asesinando á los defensores de su suelo, enagenando sus tierras, transtornando sus gobiernos y cometiendo, en fin, cuantos excesos hemos visto que la gavillas de forágidos, capitaneados por walker, han perpetrado con asombro del mundo, en Nicaragua."

    "El tribunal de Nueva Orleans se encargó de contestar al Ministro Irisarri, demostrándole lo que éra la justicia de un gran pueblo, cuando se trataba de paisecillos obscuros y remotos, como el nuestro".

    En el entretanto, Martínez, autorizado por La Asamblea, firmó el 8 de diciembre de 1857, dos tratados celebrados con los Representantes de Costa Rica; uno de alainza ofensiva y defensiva entre ambos países y otro en que se arreglaba definitivamente la cuestión de límites. La Asamblea, á pesar de las críticas circunstancias y del cariño que profesaba al general Martinez negó su aprobación al sltimo Tratado.

    En esos mismos días llegó a Nicaragua el General Mirabeau Lamar, nuevo Ministro de los Estados Unidos. Este al pasar por Granada y contemplo la obra de Walker, se manifestó horrorizado del filibusterismo y dijo que un país donde se tenía tan amargo recuerdo de los Estados Unidos, debía detestar á todo américano del Norte.
     
     
     

    .Diez y ocho dias después del fusilamiento del jefe filibustero, se levantaba en Costa Rica otro patíbulo y se asesinaba á los Generales don Juan Rafael Mora y don José María Cañas, los virtuosos patriotas costarricenses, habían fracasado en un movimiento revolucionario que se verificó en Puntarenas, y el odio ciego de las contiendas civiles no pudo aplacarse, No hubo ni un pobre ataud para Mora y Cañas, Diez ocho años, sus despojos mortales fueron ejecutados por orden de un miembro de su misma familia, hermano político de ambos y entonces Presidente de Costa Rica.
     
     
     



     


    CONVENIO WALKER - CORRAL
    23 de Octubre de 1855
    Los Generales William Walker y Ponciano Corral, animados de los más sinceros sentimientos de hacer cesar la guerra que ha destrozado a Nicaragua, y deseosos de poner remedio a tan grave mal, el primero, en virtud de las facultades que tiene y el segundo facultado omnimodamentepor el Gobierno que residía en ésta Ciudad, han convenido, después de una madura discusión, en celebrar el tratado siguiente:

    1ª.  De hoy en adelante quedan suspensas las hostilidades, y habrá paz y amistad entre las fuerzas beligerantes de uno y otro ejército.

    2ª. Se nombra Presidente Provisorio de la República de Nicaragua al señor don Patricio Rivas, por el término de 14 meses, a menos que el Presidente en Consejo pleno de Ministros, resuelva convocar para elecciones antes de este término, para su renovación.

    3ª.  Los Ministros serán nombrados por el Presidente y tomados de los Departamentos de que se compone la República, debiendo ser cuatro los Ministros uno de Guerra, otro de relaciones Interiores y Exteriores, otro de Hacienda y otro de Crédito Público.

    4ª. El Gobierno Provisorio respetará y hará respetar los capitulos 2ª, 3ª, y 4ª., y las secciones 2ª y 3ª. de las disposiciones generales de la Constitución de 1838.

    5ª. Habrá un olvido general de todo lo sucedido hasta hoy por opiniones y faltas políticas, y ninguno será molestado ni inquietado por ellas.

    6ª. Los contratantes y el Presidente Provisorio se obligan a que sean reconocidas las deudas contraídas por los beligerantes, ya sea por préstamos, exacciones o cualquiera otra causa.

    7ª. El Presidente reconocerá los grados y destinos que hayan obtenido los que han servido entre los beligerantes.

    8ª. Quedan libres para retirarse fuera de la república o de las poblaciones. aquellos gefes ú oficiales y ciudadanos que quieran, con la garantía y seguridad de sus personas y propiedades.

    9ª. La legión francesa (?), si gustase, puede quedar al servicio de la República, siempre que manifieste deseo de ser nicaragüense, y en este caso, se les dará por el Gobierno, a cada uno la porción de tierras que se les tiene ofrecida, Las armas que usan, como son de particulares, se volverán a sus dueños.

    10ª.  Se dará órden por el señor General Walker a las fuerzas que atacan a Managua, que se retiren a León, reduciéndolas a 150 hombres y cuando lo hayan cumplido ofrece el Señor General Corral redicur las fuerzas de Managua al preciso número de 100 hombres al mando del General Mertinez, y las de Masaya al número de 50 hombres al mando del Señor Coronel don Lino César, o de otro jefe honrado.

    11ª.  Las fuerzas de Rivas permanecerán al mando del señor General don Florencio Xatruch, y el Gobierno Provisorio dispondrá el número que en aquel Departamento deba hacer el servicio, y al jefe que deba mandarlas.

    12ª.  Los Gobiernos que han existido en Nicaragua durante la guerra, sesarán en el acto que cada uno de los Generales notifique este tratado, y cualquiera de ellos que quiera continuar ejerciendo el  Poder Ejecutivo, será reputado como perturbador de la paz.

    En fé de los cual dirmamos dos ejemplares de un tenor y nos compremetemos a cumplir y hacer cumplir lo estipulado en el presente tratado.

    Hecho en la Ciudad de Granada, a veintitrés de Octubre del año del Señor de mil ochocientos cincuenta y cinco.

    Artículos adicionales:

    1ª. Veinicuatro horas después de la llegada del Presidente Provisorio de esta ciudad, entrará a ella el Ejército que manda el General Corral en Masaya, y unido con el que manda el Señor General Walker, con el Presidente y ambos Generales, pasarán al templo a dar gracias al Señor de los Ejércitos por la terminación de la guerra.

    El Señor General Walker, será reconocido como General en Jefe del Ejército de la república y nombrado por el Gobierno por un decreto.

    El señor General Corral entregará el mando, armamento y municiones, a menos que el Gobierno disponga lo contrario.

    2ª. El Gobierno de la República residirá en esta ciudad y en ella recibirá a los Ministros y Cónsules de las Naciones extranjeras.

    3ª.  Los dos ejércitos no usarán más divisa que un listón celeste con una inscripción que diga "Nicaragua Independiente". El gran sello del Gobierno, las armas é inscripciones de las banderas y estandartes tendrán el mismo mote.

    Granada, Octubre 23 de 1855- William Walker, Comandante en Jefe del Ejército democrático que ocupa a Granada. Ponciano Corral, General en Jefe de las fuerzas de la República.

    En virtud de las facultades omnímodas, que por decreto de ayer me son conferidas, me comprometo a respetarlo y hacerlo cumplir, Granada, Octubre 23 de 1855, General en Jefe Ponciano Corral.


    PROTESTA DEL PRESIDENTE DE NICARAGUA JOSE MARIA ESTRADA
    (Dirigida a los Gobiernos y pueblos de Cetroamérica en contra del Convenio Walker Corral del 25 de Octubre de 1855.)

    Persuadido de que mientras el filibustero William Walker tenga al mando en jefe de las fuerzas de la república, estarán seriamente comprometidas la independencia, soberanía y libertad de Nicaragua y de todo Centroamérica, y los derechos y garantía individuales no serán en manera alguna respetados, no obstante cualesquiera compromisos celebrados a este respecto, por tanto declaro, que al emitir el acuerdo, en virtud del cual el señor General en jefe don Ponciano Corral ajustó con el expresado Walker el convenio del 23 del corriente, que hoy pone aquél en mi conocimiento, cedí únicamente al imperio de las circunstancias, sin tener libre voluntad para ello, y en consecuencia protesto en la más solemne forma contra las dichas dos piezas, reservándome por lo mismo todos los derechos que me corresponden como representante solidario de la Nación, para hacerlos valer oportunamente. Y desde ahora interpelo el poderlo y auxilio de los demás Gobiernos de Centroamérica para que, sin más invitación, puedan intervenir en los negocios de esta república, obrando a mano armada como en causa propia, hasta la desaparición de todo poder extraño y restablecimiento de la potestad legítima.

    En fé de lo cual firmo ante el señor Ministro de la Guerra, encargado interinamente del Ministro de relaciones y Gobernación, en la ciudad de san Fernando, a los veinticinco dias del mes de octubre del año del Señor de mil ochocientos cincuenta y cinco (f). José Maria Estrada.
     La Tumba del filibustero William Walker. 

                    William Walker fue fusilado en el puerto de El Trujillo y sus restos se
                    encuentran contiguo al cuartel de la ciudad. 

    .
    Versión internet: Eduardo Manfut P.
     Historia de Nicaragua, Sucesos del Siglo XVII
    José Dolores Gámez serie histórica No. 3


    Especiales de El Nuevo Diario
    De 1824 a 1858
    Cómo se apropió Costa Rica de Nicoya y Guanacaste
    Jorge Eduardo Arellano
    END - 19:14 - 13/06/2009

    El territorio de Nicoya fue descubierto por dos lugartenientes de Pedrarias Dávila en 1519 y desde Castilla del Oro (hoy Panamá). Ellos arribaron al Golfo del mismo nombre, bautizado “de Nicaragua”. De 1557 a 1588 fue parte de la provincia de Nicaragua (la de Costa Rica no existía); de 1589 a 1593 funcionó de apoyo a la colonización del Valle Central de Costa Rica, emprendida desde la ciudad Granada; de 1594 a 1602 se mantuvo unida a la nueva provincia; de 1603 a 1786 permaneció en condición de autonomía y desde el 23 de septiembre de 1786, cuando Carlos III dividió el Reino de Guatemala en cuatro Intendencias, constituyó un Partido de Nicaragua.
    Una era la Gobernación Intendencia de Nicaragua, que constaba de cinco partidos: además del de Nicoya, los de León, Sutiaba, El Realejo y Matagalpa. Esta situación se mantuvo en 1813, y de nuevo en 1820 —tras la vigencia de la Constitución de Cádiz— cuando el Reino volvió a dividirse en dos Diputaciones Provinciales: una con sede en la ciudad de Guatemala (abarcando Chiapas, Guatemala, El Salvador y Comayagua) y otra con sede en León (comprendiendo Nicaragua y Costa Rica). La de León, como la de Guatemala, constaba de 7 miembros: uno por León, otro por Granada, otro por Segovia, otro por Rivas, otro por Nicoya (o sea, 5 representando a Nicaragua) y dos por Cartago.
    Por otro lado, existían lazos económicos entre Costa Rica y el Partido de Nicoya desde el afincamiento de hacendados ganaderos de Rivas que culminó en 1769 con la fundación del pueblo de Guanacaste (llamado posteriormente Liberia) y la erección de su ermita. Luego, en 1772, se fundó el pueblo de Santa Cruz. Realmente, a raíz de la guerra entre partidarios y adversarios del Imperio de México (que se dio también en Costa Rica), los habitantes de Nicoya se adhirieron al gobierno de León, sometido a México; luego rompieron con él para unirse al de Granada, que lo combatía; y, durante las subsiguientes “conmociones de Nicaragua” (entre “libres” y “serviles”) decidieron anexarse a Costa Rica.

    El acta del 25 de julio de 1824
    Las presiones costarricenses no se hicieron esperar. Así surgió el acta del 25 de julio de 1824, por la cual el Ayuntamiento de Nicoya decidía anexarse al Estado vecino, después de rechazar en cabildo abierto dicha anexión veintiún días antes. Intereses de varios sectores influyeron en la decisión tomada, argumentando las ventajas comerciales que podían proporcionarles el puerto de Punta Arenas, la administración de Justicia y la “seguridad, quietud y régimen político”, ausentes en la convulsiva Nicaragua. El municipio de Santa Cruz decidió seguir los pasos de la Villa de Nicoya en Acta del 27 de julio del mismo año, con la renuencia del barrio de La Costa; pero el 9 de agosto la anexión fue ratificada.
    Así las cosas, el 9 de diciembre de 1825 el Congreso Federal decretó: “Por ahora, y hasta que se haga demarcación del territorio de los Estados que previene el Art. 7º de la Constitución, el Partido de Nicoya continuará separado del Estado de Nicaragua y agregado al de Costa Rica”. Pero dicho decreto —que establecía una suerte de fideicomiso— no fue sancionado por la Asamblea de los Estados respectivos, como lo pretendía la Carta Fundamental de Centroamérica.
    Nicaragua reclamó vigorosamente ante el Congreso Federal que tomaría en consideración la protesta enviándola a comisión, la cual dictaminó favorablemente a los derechos de Nicaragua. Costa Rica también antepuso el “por ahora” al artículo en que demarcaba su territorio —el mismo de la época colonial— de su primera Constitución del 21 de enero de 1825. No incluyó la posesión de Nicoya, anexada a Costa Rica en el acta del 24 de julio de 1824 “para mientras se restablecía el orden en Nicaragua”. Contra esa acta también se había elevado otra, firmada igualmente por nicoyanos y guanacastecos, dirigida al mismo Congreso Federal, hallándose entre sus firmantes el “Pbro. Pedro Avendaño, cura de la Provincia de Guanacaste”.
    Costa Rica y el uso de la fuerza y la amenaza
    En reunión del 5 de agosto de 1826, los vecinos de Santa Cruz suscribieron una exposición al gobierno federal en la que pedían derogar el decreto del 9 de diciembre anterior y aclaraban que fue una minoría la que había solicitado la anexión a Costa Rica. Lo mismo afirmaron los vecinos de la villa de Guanacaste el 15 del mismo mes, reunidos dentro de la iglesia parroquial, previa misa celebrada por el cura José Santiago Mora. Allí se acordó suspender el juramento que exigía Costa Rica, puesto que consideraban que la anexión no era perpetua, sino temporal.

    Ante esta actitud, el gobierno costarricense organizó una tropa de 150 hombres al mando de Pedro Zamora, quien expidió el siguiente úkase: Cuartel General, Nicoya, septiembre de 1826. Por esta mi orden comparecerán todos los vecinos de Santa Cruz (digo los que no hubieran jurado a este pueblo el dieciséis de éste) a celebrar la jura el diecisiete, prometiendo a los que así lo hicieren verlos como vecinos obedientes, y a los que no, pasar con las bayonetas a esa costa, embargar sus bienes, quemar sus casas y traer sus familias a morar a este pueblo. Los vecinos respondieron: Prestaremos el juramento en virtud de la fuerza con que se nos obliga. A este sometimiento a la fuerza, siguió el gobierno de Costa Rica aplicando medidas de terror. “El pago del Ejército que se levantó para amenazarlos fue exigido a los vecinos de Guanacaste por medio de embargos de bienes y bruscas persecuciones”.
    Los continuos reclamos de Nicaragua
    Desde entonces, pese a sus disturbios intestinos, Nicaragua siempre reclamó Nicoya. Así lo hizo el 3 de enero de 1826 Pedro Benito Pineda, recordando que también el partido nicaragüense de Segovia estuvo agregado al de Honduras un año, pero que había vuelto al dominio de Nicaragua. La comisión de la Constituyente sostuvo que de los tres municipios (Nicoya, Santa Cruz y Guanacaste) tan sólo algunos de los ciudadanos del primero querían permanecer agregados a Costa Rica. El Ministro General Miguel de la Cuadra reiteraba el mismo concepto del 19 de mayo de 1826. Y el 2 de junio de 1830, otro Ministro General insistió en el carácter provisional de la agregación de Nicoya y que Costa Rica debía obrar como el Partido de Segovia.
    El 5 de enero de 1843 partió de León hacia Costa Rica una misión oficial encabezada por Toribio Tijerino. Fundamentalmente, intentaría conseguir la devolución del antiguo partido de Nicoya, ya denominado Departamento de Guanacaste. Tijerino fue mal recibido, pasaban intimidando tropas armadas, echando a correr el rumor de que irían pisando los talones del diplomático nicaragüense.
    Tijerino cuestionó la legitimidad de las actas de los cabildos nicoyanos, por ser producto de amenazas por parte de las autoridades costarricenses. El 24 de diciembre de 1842 el jefe de Estado, José María Alfaro, ofreció 500 pesos y un empleo a quien quitase la vida al individuo que osara negarse a juramentar el decreto. En su Constitución de 1844, Costa Rica incluyó en su territorio el departamento de Guanacaste. Pero, en el Tratado de Masaya de 1846, aceptó la propuesta de Nicaragua: que la cuestión de Nicoya la solucionasen tres árbitros, dos de ellos centroamericanos. En 1848 prefirió una potencia extranjera designada por ambas partes. Sin embargo, la apropiación ya era una realidad.
    El primer ejército moderno de Centroamérica
    Esa apropiación, en su etapa final, se le debe a Juan Rafael Mora, mandatario por diez años de su país. “Don Juanito” fundó el primer ejército nacional moderno de Centroamérica. En 1851 comenzó a comprar equipo bélico en Inglaterra y sumaba 5,500 hombres. En 1852 los entrenaba un militar ruso. En 1854 la tropa era de 6,500 efectivos: casi el diez por ciento de la población del país.
    ¿Y todo para qué, si no había señales de agresiones filibusteras? Para servir de amenaza a Nicaragua, consolidar de iure la posesión de facto del ex llamado Partido de Nicoya y ahora Provincia de Guanacaste; y para expandir la frontera norte por la fuerza. Mora logró todo eso. En mayo de 1854, ante la inminente contienda interna de Nicaragua, se anexó Nicoya y Guanacaste, bautizando a este territorio Moracia (en honor suyo). Para entonces ya había hecho fracasar la misión de Dionisio Chamorro, enviada por su hermano Fruto, para arreglar los límites de ambos países. Todas sus propuestas fueron rechazadas.
    El 22 de febrero de 1854, Chamorro estimó conveniente protestar: Si Costa Rica, como es de suponerse, declara la guerra a Nicaragua y se dispone a reconquistar el Partido de Nicoya, protesto solemnemente, y a la faz de todas las naciones, que será responsable ante Dios y los hombres de toda la sangre fraternal que se derrame. No hubo tal derramamiento. Sin embargo, tres meses antes de iniciarse la guerra fraticida de sus vecinos, Mora tomó partido por el bando leonés. Un prusiano, al frente de soldados costarricenses, plantó la bandera tica en una isla del río San Juan; otro prusiano emprendió la construcción de un camino en la margen meridional del Lago; flagrantes usurpaciones furtivas de la soberanía nicaragüense que tenían en el objetivo de echar a andar el proyecto de la “Costa Rica Transit Company”, de empresarios estadounidenses, a través de la cual Mora pretendía disputar la ruta interoceánica a la compañía que funcionaba en Nicaragua desde 1851.
    Mora y su expansionismo
    Costa Rica pegó el grito al cielo cuando 49 soldados leoneses huyeron hacia su país, tras la batalla de Rivas el 29 de junio de 1855, mostrándose los ticos impacientes para estrenar los cañones de campaña, morteros, obuses y rifles Minié. Su Ejército era ya de 7,000 hombres. Al concluir la cosecha del café, el 27 de febrero de 1856, Mora declaró la guerra “contra la República de Nicaragua”, cuyo gobierno presidía Patricio Rivas, aunque controlado por William Walker. “No vamos a lidiar por un pedazo de tierra. Vamos a luchar para redimir a nuestros hermanos de la más inicua tiranía” —proclamó Mora el 1º de marzo de 1856. Los poderosos hermaniticos, aprovechando nuestro conflicto para apoderarse de la ruta del canal y del tránsito.
    Mora intervino en los cruentos y complejos acontecimientos de Nicaragua entre 1855 y 1857, apoyado por la intromisión de Inglaterra y desplegando una diplomacia expansionista. Así firmó dos nuevos contratos canaleros en San José: el 4 de diciembre de 1856 —en plena Guerra Nacional antifilibustera—, y el 12 de julio de 1856 con súbditos británicos. Mientras tanto, el 6 de julio de 1857, en un tratado bilateral entre ambos países, el Juárez-Cañas —ya expulsado el filibustero Walker—, y quedando Costa Rica en posición ventajosa ante la postrada Nicaragua, ésta tuvo que entregar su Distrito de Nicoya (como figuraba en su mapa oficial de 1855) “para siempre”. Pero Costa Rica no ratificó dicho Tratado, ya que no satisfacía sus pretensiones en el río San Juan. El objetivo del presidente Mora era convertir en condominio el río y posesionarse de la ribera meridional del Gran Lago.
    El 14 de octubre de 1857, Costa Rica dio un ultimátum para que el gobierno de Nicaragua entregara el puerto lacustre de San Carlos, hecho considerado por el presidente Tomás Martínez una declaración de guerra. El diálogo suplió las armas, y en Rivas, el 8 de diciembre de 1857, José María Cañas y el propio Martínez firmaron el tratado Martínez-Cañas, reconociendo Costa Rica los límites del Juárez-Cañas y devolviendo el Castillo Viejo, tomado antes de concluir la Guerra Nacional antifilibustera con el apoyo privado del empresario estadounidense Cornelius Vanderbilt. Una vez más, el Congreso tico no reconoció el nuevo tratado.
    El 18 de enero de 1858, Nicaragua nombró comisionados. Entonces Máximo Jerez, Plenipotenciario de nuestro gobierno, firmó en San José con José María Cañas el 15 de abril de 1858 el Tratado Jerez-Cañas, quedando definitivamente resuelto el litigio con Costa Rica por la posesión de Nicoya. El artículo segundo definía las fronteras. Costa Rica obtuvo una respetable ganancia territorial, pero Nicaragua puso coto a la pretensión costarricense del río San Juan.


    157 años del rechazo patriótico al Crampton-Webster
    Entre dos imperios y la puñalada tica
    * Inglaterra consolidaba su dominio sobre La Mosquitia, EU sobre la ruta del Tránsito y Costa Rica sobre Guanacaste y “su libre navegación en el San Juan y el Cocibolca” * Don José de Marcoleta, la terquedad y el orgullo nica y los medios de comunicación de EU impidieron el asalto a nuestros territorios soberanos * Al final, sin embargo, Costa Rica, que cobraba “una comisión”, se quedó con Guanacaste, y no ha cejado por adquirir dominio en el río y en el lago
    Jorge Eduardo Arellano
    END - 18:07 - 25/07/2009

    En su discurso del pasado 19 de julio, el Presidente de la República se refirió a un documento del Estado de Nicaragua que rechazó, valiente y rotundamente, la Convención Crampton-Webster. El Encargado de Negocios de Estados Unidos en Nicaragua, John B. Kerr, había recibido una copia el 21 de junio de 1852; enseguida, la entregó a Francisco Castellón, Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua. Gobernaba entonces el país Laureano Pineda. ¿De qué trataba ese documento, firmado en Washington por el Embajador británico John F. Crampton, y el secretario de Estado Daniel Webster? Para comprender su respuesta, es necesario remontarse a tres hechos.
    El Canal y la Compañía Accesoria del Tránsito
    El primero fue el contrato celebrado por Nicaragua y una compañía norteamericana, la American Atlantic and Pacific Ship-Company, el 27 de agosto de 1849. Nuestro Estado concedía a tal compañía el derecho y privilegio exclusivo de construir un canal marítimo por su territorio desde el puerto de San Juan de Nicaragua a cualquier otro punto factible del Pacífico. La construcción del canal habría de ser concluida en doce años. El Times de Londres protestó por la firma del contrato. Lo mismo hizo el gobierno de Inglaterra considerando que las negociaciones con los Estados Unidos se hacían necesarias.
    El contrato permaneció en vigor hasta que la misma compañía decidió que el canal no era financieramente posible. En cambio, sí lo era el tránsito de pasajeros por el río San Juan, el lago de Nicaragua e istmo de Rivas; con ese objetivo, fue creada la Accesory Transit Company. La Nicaraguan route quedaría inaugurada en un viaje que, iniciado en Nueva York, concluyó en San Francisco, California, el 30 de agosto de 1851. En total, de 1851 a 1857 transitaron la ruta de Nicaragua del Atlántico al Pacífico 52,812 pasajeros y viceversa 50,802.
    El Tratado Clayton-Bulwer
    Para entonces, Nicaragua se vislumbraba como futuro centro de comunicación y comercio del mundo. Nuestra ruta del canal resultaba zona de fricción entre Estados Unidas e Inglaterra; naciente potencia la primera, y en su meridiano apogeo la segunda. De ahí que se arreglaran en el Tratado Clayton-Bulwer, del 19 de abril de 1850. La neutralidad de ambas potencias ante la comunicación interoceánica, a través del istmo centroamericano, era su contenido esencial. Ambas renunciaban a ejercer derechos exclusivos sobre un futuro canal sobre el río San Juan, y proponían no ocupar Nicaragua, ni Costa Rica ni la Mosquitia. El tratado ponía fin a su rivalidad y encontrados intereses.
    Para el gobierno estadounidense, el Clayton-Bulwer convergía dentro de las grandes directrices de su política exterior, la Doctrina Monroe, al excluir la posibilidad de que la vía interoceánica fuese del exclusivo dominio británico, y no permitir que esa potencia siguiera dominando o colonizando ninguna región de la América Central. Para el gobierno británico, el mismo tratado implicaba un reconocimiento de que la Mosquitia constituía un país independiente, con todos los derechos de soberanía que ostentaban los otros estados centroamericanos.
    El Tratado de Paz y Amistad con España
    Mientras tanto, el 25 de julio también de 1850, el diplomático José de Marcoleta, nacionalizado nicaragüense desde 1848, había gestionado un Tratado de Paz y Amistad entre Nicaragua y España. Por ese instrumento suscrito en Madrid, ese Reino reconocía a la pequeña y frágil Nicaragua “como Nación libre, soberana e independiente… con todos sus territorios que le pertenecieren” (incluyendo la Mosquitia). El tratado lo ratificó nuestro gobierno el 20 de marzo de 1851 y Su Majestad Católica el 22 de julio del mismo año.
    La convención tripartita Crampton-Webster-Molina
    Pero el arreglo entre las potencias para decidir el destino del puerto de San Juan de Nicaragua (y asegurarse el control de la ruta canalera), se dio a puertas cerradas en el Departamento de Estado. Su secretario Webster, el inglés Crampton y el ministro de Costa Rica, Felipe Molina, acordaron el 30 de abril de 1852 la siguiente convención que el historiador nicaragüense Alejandro Bolaños Geyer (1924-2005) resume:
    Al dueño legítimo del puerto [Nicaragua] no lo invitan a las pláticas, lo que da a cada una mano libre para repartirse a placer y antojo los bienes raíces nicaragüenses, sin más freno que los deseos y garras de los otros dos socios.
    El Reino Mosco [Inglaterra] se apropia un tercio de Nicaragua, desde el río Rama hasta el río Coco, y desde el meridiano 84°30’ hasta el Mar Caribe. Costa Rica se queda con la provincia del Guanacaste, empuja su frontera en toda su extensión al margen meridional del Gran Lago de Nicaragua y del río San Juan y adquiere derechos de navegación en las aguas del río y el lago en igualdad con su vecina y legítima dueña, Nicaragua.
    La Compañía del Tránsito estadounidense asegura posesión firme del monopolio de la ruta nicaragüense bajo la garantía conjunta de Inglaterra y Estados Unidos, quienes además reiteran su protección a la compañía. A Nicaragua le dejan el cascarón vacío. Los indios misquitos (que no ayudan a redactar ni suscriben el documento) le “ceden” Greytown [San Juan de Nicaragua] a la dueña, Nicaragua, pero ésta queda obligada a entregarles en pago ‘todos los impuestos que cobren y recauden en Greytown durante tres años’. Y dicha República de Nicaragua [que no tiene voz ni voto en el asunto] por este medio se compromete a no molestar en forma alguna ni interferir con los indios misquitos en el territorio que aquí se les reserva. Se sobreentiende que en dicha parte del territorio mosquito que por este medio se le cede a Nicaragua, ésta no podrá alterar ninguna concesión de tierras hechas por los misquitos antes de 1° de enero de 1848... Y para impedir que Nicaragua ejerza jamás autoridad alguna en San Juan, el cónsul inglés James Green de antemano convoca a la población del puerto a una reunión el 27 de marzo de 1852.
    En dicha asamblea, el cónsul inglés magnánimo le entrega el gobierno de la localidad ‘al pueblo’, y se nombra un comité para que redacte una ‘Constitución’, la que dos días después los vecinos ‘aprueban por unanimidad’ bajo la dirección de Green. La ‘Constitución’ define los límites de la ciudad extendiéndolos setenta millas tierra adentro hasta el raudal de Machuca en el río San Juan y desde el río Indio hasta el Colorado.
    El resultado conjunto de las transacciones simultáneas en Washington y Greytown, es dejar a la Compañía estadounidense en posesión firme de los monopolios del Tránsito y Canal de Nicaragua, y a los ciudadanos estadounidenses de Greytown en posesión firme del puerto del Atlántico de Nicaragua, de 110 kilómetros cuadrados de su territorio. Inglaterra logra el reconocimiento de su Protectorado Mosquito y de las fabulosas concesiones de tierras del rey mosco a los ingleses. Costa Rica queda dueña incuestionable del Guanacaste y entra de socia de Nicaragua en el río y el lago. Nicaragua pierde lo que los tres intrusos le quieren quitar por el momento”.
    Costa Rica pide cuantiosa recompensa por complicidad
    Pero la Convención acordada en Washington también obligaba a Costa Rica a ceder la porción de su territorio que se necesitare para el canal. Entonces Felipe Molina solicitaría US0,000 de recompensa para el país que representaba (él era guatemalteco) por su firma. La Compañía canalera rehusó pagarlos, por lo que Molina le propuso que dicha suma se tomase ¡de las futuras entradas de Nicaragua por el canal! Webster consideró leonina esa propuesta, pero Molina no cedía. Por ese motivo, cuando el 30 de abril de 1852 se firmó, la Convención fue sólo bilateral: Crampton-Webster, en vez de tripartita. Sin embargo, el Congreso de Costa Rica la aprobó y ratificó.
    Marcoleta y su protesta
    Todo estaba diseñado para intimidar a la impotente víctima (Nicaragua) y legalizar el despojo. En cuanto al Ministro de Nicaragua en Washington, José de Marcoleta, al enterarse de la convención secreta el 1° de mayo de 1852, corrió al Departamento de Estado, y, subrepticiamente, copió de su propio puño y letra los primeros cinco artículos. Luego envió una carta de protesta a Webster, quien reaccionó solicitando el retiro de Marcoleta y declarándolo non grato. Pero ya Marcoleta había revelado en la prensa el contenido de la convención, excitando a la opinión pública. Los diarios neoyorquinos destacaron que el gobierno de Estados Unidos estaba supeditado al británico y que la Doctrina Monroe se reducía a cero.
    El rechazo del Congreso de Nicaragua
    Tras debatir este documento, el Senado y la Cámara de diputados de Nicaragua decretaron el 19 de julio de 1852 su rechazo, y protestaron “solemnemente contra toda injerencia extraña en los negocios de la administración, y contra el uso de la fuerza para violentar su voluntad y sus derechos. El historiador José Dolores Gámez comentaría que en el mismo instrumento se arreglaban, sin consentimiento previo de Nicaragua, los límites entre nuestro país y Costa Rica, y se nos despojaba de una parte de nuestro territorio para complacer a Inglaterra. Y –reiteraba-- con el visto bueno de los Estados Unidos.
    Terquedad y orgullo de los nicas
    Al transmitir la noticia a Washington el 28 de julio, Kerr achacó la negativa de Nicaragua a la terquedad y orgullo de los nicaragüenses. Su extenso despacho a Webster consideraba la propuesta de Nicaragua de someter la cuestión territorial al arbitraje. Por el contrario, exigía que Nicaragua, sumisa, entregase la provincia del Guanacaste a Costa Rica, la Mosquitia a Inglaterra, y el monopolio del tránsito y del canal a Estados Unidos. No concebía otra alternativa.
    En tal coyuntura, dos diplomáticos (el inglés Wyke y el gringo Walsh) llegaron a Managua. Ambos insistieron en convencer a Nicaragua, sin éxito alguno. Como le informó Kerr a Webster el 30 de julio, tras dos días de conferencias con el Director Supremo Laureano Pineda y el ministro Francisco Castellón, “el gobierno aquí está dispuesto a entorpecer el arreglo con Costa Rica y todo lo concerniente al futuro de la Mosquitia. Ciertamente, tienen endurecidas los corazones con una terquedad peor que egipcia, oponiéndose a cualquier esfuerzo que haga el gobierno de Estados Unidas para guiarlos por una senda diferente de la que les sugiere su orgullo”. A Kerr lo resintió el que Nicaragua se quejase “de falta de buena fe” de parte de Estados Unidos.
    La opinión del New York Herald
    El New York Herald, captando la esencia del despojo de Nicaragua en ese momento histórico, comentó el rechazo de la Convención Crampton-Webster: “Aunque le exigían a gritos y con amenazas el proyecto, el gobierno de Nicaragua lo recibió cauteloso, la consideró con deliberación y la rechazó con firmeza. El débil Estado de Nicaragua, abandonado por el país al que miraba en busca de simpatía y apoyo, ha librado la batalla par sí solo y con éxito. Nosotros admiramos su firmeza y aplaudimos su constancia; y creemos que Nicaragua comprenderá que el esfuerzo del gobierno Americano forzándola a ceder sus derechos, no cuenta con la aprobación del pueblo de los Estados Unidos”
    Así, el Convenio Crampton-Webster quedó anulado. Daniel Webster falleció el 24 de octubre de 1852. Franklin Pierce fue electo Presidente en noviembre, y las riendas de la política exterior estadounidense pasaron a otras manos. Pero la situación azarosa de Nicaragua siguió hundiéndose. Los tres socios del tratado se quedaron cada uno con su respectivo botín. Inglaterra continuó “protegiendo” al ficticio Reino Mosco; Costa Rica retuvo Guanacaste y, como de costumbre, reclamaba derechos sobre las aguas lacustres y fluviales nicaragüenses; los estadounidenses y otros extranjeros se quedaron gobernando San Juan de Nicaragua o Greytown; y la Compañía del Tránsito continuó explotando su monopolio lucrativo en el Istmo. La quimera del canal se esfumaba, mientras las disensiones internas, en brasas o en llamas, seguían debilitando a Nicaragua.


    Ed Manfut 11:25 - 16.06.2009
    INVITACION A TODOS AQUELLOS QUE SUS FAMILIARES SUFRIERON LOS VEJAMENES DE ESTE ROBO, YA SEAN ESTOS DE GUANACASTE O NICOYA, LES INVITO A COMPARTIR ESA HISTORIA QUEREMOS SABER LA VERDADERA HISTORIA.
    Disculpen las letras en mayuscula, quiero que se escuche bien, Queremos escuchar y compartir tu historia.
    Ed Manfut 11:23 - 16.06.2009
    Para Ramon de Santa Cruz, te doy la bienvenida por sos nuestro hermano que sufrio la terrible experiencia de perder a un familiar por Nicaragua, creo que estos Héroes deben de ser enseñados al mundo, no para buscar pleitos con nadie, porque simplemente se lo merecen y atraves de tu familiar los ticos conozcan esa historia que no conocen y que selectivamente no les dan a conocer, si aplicamos este selectivo desconocimiento de los que realmente sucedió en Nicoya y Guanacaste, Yo he sabido de ranchos quemados de gente que fue sacada a la fuerza de sus hogares se cometieron grandes crimenes todo para robar, y eso es muy deplorable, me gustaria saber mas de tu familiar, una foto o algo y te aseguró Yo mismo lo pondré en la historia como UN HEROE NACIONAL.
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