
NICARAGUA
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Aún en la
época a que nos referimos, se manteníam sobresaltados los
del pueblo, temiendo caer en manos de los bárbaros. El obispo Morel
sigue diciendo, "La población era de indios y ladinos: éstos
gobernados por un teniente del Corregidor; y aquellos, por su Alcalde,
Alguacil Mayor, dos Corregidores y un Fiscal. Los primeros pagaban al cura
197 pesos y dos reales y cierta ración de servicios; y los últimos,
las primicias de sus frutos. Treinta montados con sus armas de fuego y
algunas lanzas, eran parte de la Compañía de Matagalpa residentes
en Jinotega. Mandábalos un Sargento, pero no se contaba con ellos
para la defensa del lugar porque vivían dispersos en sus hacienda
y labores, de lo que resultaba que podían ser fácilmente
sorprendidos por el lado de la montaña de Pantasma. Las casas de
ladinos y de indios eran 150, las familias eran 129 y las personas 143.
Había en esta jurisdicción 18 haciendas de ganado mayor,
16 trapiches, muchas chácaras y cultivos de cereales y trigo, que
es muy bueno."
La iglesia en construcción
a que se refiere el obispo Morel de Santa Cruz, probablemente es la que
fue terminada en el año 1805, reconstruida en 1882 -como constaba
en su frontispicio- y destruida en la década de los cincuenta para
dar paso a la que observamos en la actualidad.
Resulta extraño
que Morel de Santa Cruz no mencione en su crónica el nombre de Liginagüina,
la parcialidad indígena de Jinotega, a pesar de que habla de indios
y ladinos; de las autoridades que los gobernaban y hasta otros detalles.
Los cierto es que el poblado de Jinotega, sea cual fuese la fecha de su
fundación o traslación, se hizo aledaño y al Sur del
pueblo indio de Liginagüina, como lo atestiguan varios documentos.
Como un ejemplo transcribimos el acta de medidas de los Ejidos de Jinotega,
que a la letra dice: (Los subrayados son nuestros)
| Ejidos de Jinotega
"No. 1. En el pueblo de Jinotega, jurisdicción de la ciudad deNueva Segovia del Partido de Sébaco. En nueve días del mes de noviembre de mil setecientos y sesenta y un años Su Merced, don Jacinto Antonio González de San Miguel, juez comisario de las medidas de tierra pedidas por los indios de Jinotega y Liiginagüina, en virtud de la concesión para ello le confirió su Señoría al señor Licenciado don Domingo López de Urreto, Caballero de la Orden de Calatraba del Consejo de su Majestad, su Oidor y Alcalde Corte de la Real Audiencia de este Reino y Juez General del Real Derecho de Tierras y Recaudación de su procedido para efecto de hacer las medidas de los egidos de este pueblo, como está prevenido en este expediente con asistencia de los dos Alcaldes de Jinotega y Liginaguina, los dos Regidores Escribanos del pueblo prioncipal y demás común, de una y otra parcialidad, partes interesadas, por ante mí el presente Escribano de su Majestad Público y de Cabildo de dicha ciudad y Notario Público de los vecinos de estas Indias, le mandó a Su Merced tender la cuerda al tirador de ella, don Antonio Valdivia Altamirano, y al contador, medidor nombrados y juramentados don Juan de Alaniz y con asistencia del defensor de dichos indios don Tomás Cardozo, y con el rostro al Sur, se midió una legua a la que le falta una cuerda de cincuenta varas castellanas para el cumplimiento de las cuatro caballerías que es la legua que les corresponde y se avivó el Mojón de Piedras en donde llegó la cuerda, que es el mojón de las tierras que posee por suyas propias don Francisco Sobalbarro, de los sitios nombrados San Juan y Jocomico, y con el rostro al Norte y la espalda al Sur se midió la legua que faltaba del egido antecedente, digo: la legua y cuerda que falataba al egido antecedente hasta llegar al patio de las casas del Hato de la Cofradía de Nuestra Señora de Candelaria, en donde mandó hacer Su Merced un mojón de piedras; y vueltos a dicho pueblo con el rostro al Este y la espalda al Oeste se midieron cincuenta y tres cuerdas hasta topar con el mojón de las tierras que posee don Antonio Gadea, y volviendo el rostro al Oeste y la espalda al Este, se contaron diecinueve cuerdas castellanas, cuya medida paró por haber topado con la montaña por donde trafica el enemigo de la Real Corona, que junto esta medida con la antecedente, compone el número de once caballerías, tres cuerdas y cuarenta varas y media de tierras, cada caballería de veintidos cuerdas, cada cuerda de cincuenta varas castellanas y treinta y seis varas y media, como así se previno y manda, con lo cual por ser hora incompetente, se cesó en esta medida no habiéndole dado entero cumplimiento de los egidos por no haber habido más tierra realenga inmediata al pueblo por estareste poblado en un callejón y dentro de dos cerros, que firmó Su Majestad con dos testigos, de ello doy fé. JACINTO ANTONIO GONZALEZ DE SAN MIGUEL. JUAN DE ALANIZ. ANTONIO VALDIVIA. TOMAS CARDOZO. FRANCISCO JAVIER MORALES. Escribano, Ante mí, LUIS BERNABE CENTENO Escribano de Su Majestad.- Este terreno el Licenciado don Domingo López de Urreto Juez Principal del real de tierras y recaudación del Reino, lo mandó medir y amojonar a nombre de la Comunidad Indígena del Pueblo de Jinotega el treinta y uno de marzo de mil setecientos sesenta, según consta en la certificación que tengo a la vista, librada por José Secundino Matus, Conservador del Departamento de Matagalpa, el veintinueve de Noviembre de mil ochocientos ochenta y ocho, y en la que consta que esta inscripción se verificó el cinco de Octubre de mil ochocientos ochenta y ocho, en el Registro Parcial de Propiedades desde la página trescientos tres a la trescientos cuarenta y uno, con el número quinientos noventa y ocho." |
Es muy probable que
fuera hasta la creación del Corregimiento de Sébaco y Chontales,
que llegó la inmigración española a San Juan de Jinotega,
procedente del Sur del departamento, fincándose aledaño al
pueblo indígena de Liginagüina y al Sur de éste. Hasta
hoy, en los valles situados al Sur de la ciudad como El Tanque, El Naranjo,
Rincón Largo, Jocomico y otros, persiste una población de
claro origen español y es notoria la falta de tipos indígenas,
exeptuando los valles de San José de Umure y La Lima, de exclusiva
población indígena. Esta población blanca, viene a
dar fuerza a la tradición de que la primitiva Jinotega, tuvo su
asiento en Jocomico.
Había una
clara separación y rivalidad entre Jinotega y su parcialidad indígena
de Liginagüina, que queda corroborada con la relación que el
Corregidor de Sébaco y Chontales, don Francisco de Posada, hizo
al Rey Felipe V, en el año 1740. En esa relación el Corregidor
Posada expresa: "Y tiene agregada una parcialidad condiciones de indio
o ladino y en las de bautismo parroquiales, las de españoles, ladinos,
mulatos e indios.
Probablemente la
Municipalidad desconocía la existencia del acta de medida de los
Ejidos de Jinotega; y por eso, su tardía inscripción del
año 1888, como resultado del pedimento municipal del año
anterior que hicimos referencia.
Otros hitos históricos
que arrojan luz sobre el antiguo pueblo de Jinotega, lo constituyen las
medidas de tierras que se sucedieron en el siglo XVIII y que fueron las
siguientes: el 12 de mayo de 1723, a solicitud de don Manuel de Castro,
quien las compró, se midieron en el sitio de San Sebastián
del Naranjo, en el valle de Umurí (hoy Umure) cuatro caballerías
de tierra, dos de las cuales habían pertenecido al antiguo cacique
de Liginagüina MATEO HERNANDEZ, las que nunca fueron reclamadas por
éste. El título correspondiente fue librado a Manuel de Castro
por el Licenciado don Tomás Ignacio de Arana, residente en Santiago
de Guatemala. El Rey Felipe V dió su aprobación al título
y declarando a Manuel de Castro sucesor de Mateo Hernández. El 27
de enero de 1739, don Cayetano Solórzano, alcalde de Santa Hermandad,
dió posesión material al señor Castro, de las cuatro
dichas caballerías de tierra, en presencia, previa cita, de todos
los vecinos del sitio (Registro Público de Jinotega No. 2689, Asiento
10, Folios 95 a 106 del Tomo 23.)
Y el 31 de marzo
de 1760, fueron medidas las tierras donadas a la Comunidad Indígena
de Jinotega (Registro Público de Jinotega No. 5062, Asiento lo.,
Folio 13 del Tomo 74). Ambos documentos son extensos, sobre todo el segundo,
y de un gran interés, por la cantidad de personajes que se menciona
en ellos, con sus correspondientes títulos y dignidades.