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NICARAGUA
Esta ascendencia
chorotega-mejicana, se comprueba por la cantidad de nombres de lugares
de la zona, de claro origen mejicano. Por los relatos del cronista Vázquez,
sabemos de frailes que conociendo la lengua mejicana, se entendían
perfectamente con los indios de la Taguzgalpa. Todo esto lo corrobora el
relato que de su viaje hace el comisario franciscano Fray Alonso Ponce,
quien llegó a Nicaragua en 1575 por la ruta Choluteca-Nueva Segovia,
pasando por los pueblos de Somoto, Condega y La Breyera, en ruta a la ciudad
de Granada.
Para mayor abundamiento,
en ese mismo relato el padre Ponce agrega que junto a la casa de la Brea
(en la región actual de La Breyera), en Jinotega, se encontraban
los vestigios del antiguo pueblo de Olomega, que desde épocas remotas
poblaban indios choroteganos, quienes al abandonarlo se trasladaron al
pueblo de El Viejo, en Chinandega. Dice Ponce textualmente: "Junto a aquella
casa, está un asiento de un pueblo antiguo de indios llamado Olomega,
los cuales le dejaron y pasaron a otro que llaman 'El Viejo'".
Los citados relatos
no dejan lugar a duda de que los choroteganos fueron los aborígenes
de la región suroeste del departamento de Jinotega; y por simple
lógica se deduce que su gobierno, religión y costumbres,
fueron semejantes a los de la región de Tezoatega en tiempos de
Agateyte, que documentalmente llevaron sus pobladores, y que nos refiere
Oviedo y Valdez, quien durante el año 1529 visitó las regiones
de El Viejo y Chinandega.
Históricamente
los cacicazgos indígenas llevaban el nombre de sus pueblos principales,
por ejemplo: Tezoatega, Nicaragua, Jalteva y otros de la región
del Pacífico. Podemos deducir que en nuestra región aborigen
hubo dos cacicazgos: el de Olomega y el de Jinotega. Por la crónica
de Ponce sabemos que el primero desapareció; y si el de Jinotega
realmente existió, su territorio debió comprender toda la
región suroeste del actual departamento en los últimos siglos
antes de la conquista. Asiento del cacicazgo fue el pueblo aborigen de
Jinotega, ya sea en su asiento actual, o en el de Jocomico, como opinan,
entre otros historiadores, el doctor Julián N. Guerrero.
Por la misma relación
del padre Ponce, sabemos que las casas eran de pobre construcción.
Construían con madera, a veces con embarro, y los techos los cubrían
con tejas de madera-o de barro. En el campo, eran ranchos de paja como
los actuales y de forma rectangular.
En 1641 comenzó la mezcla de los aborígenes de la Tologalpa con los negros de un barco que naufragó cerca del Cabo Gracias a Dios. Dice el historiador Sofonías Salvatierra que los negros, "aunque con disciplina de esclavos pero en contacto con gente civilizada, eran más aptos y lograron vencer a los mosquitos, libres pero semibárbaros, y hacerse un sitio en el territorio mosco, no obstante la enorme diferencia de su número frente a las populosas tribus autóctonas. El elemento negro se incrementó con los esclavos de los piratas y agricultores de Jamaica, que se fincaron en nuestras costas y de donde se derivan los zambos-mosquitos."
Ya para el año
1691, afirma el cronista Vázquez, la región de Bocay y curso
medio del Río Coco, estaban poblados por pantasmas, lencas, bocayes,
cuges, tomayes, nanaicas y "otras muchas"; y agrega: "...y así,
de éstas como de las otras, se sabe que hay muchos blancos y rubios,
otros negros, más o menos, según las mezclas de naciones
y gentes extranjeras que aportan a sus costas a hacer carne y cambiar bujerías
y machetes, por mantenimientos y muy buenos granos de oro que cogen en
los ríos".
Entre esas "otras
muchas" de que nos habla Vázquez, nosotros señalamos la tribu
de los sumos, que aún ahora, permanece aislada en las montañas
situadas entre los ríos Bocay y Hamaca y las riberas de éstos,
a diferencia de otras tribus nómadas que prefirieron las márgenes
del río Coco, por ejemplo, de más fácil acceso con
el mundo civilizado. Son numerosísimos los nombres de lugares que
tienen su origen en el dialecto sumo.
Relatos dejados por algunos piratas y que recoge Celia Guillén en su libro Nueva Segovia, dicen que los sumos "...son muy perezosos y muy rara vez siembran o cultivan la tierra y las mujeres desempeñan todo el trabajo. Sus vestidos no eran más largos que los de los zambos-mosquitos. Muy pocos hay que tengan domicilio fijo, pues la mayor parte son vagabundos llevando una vida errante en las márgenes de los ríos, sin más abrigo que algunas hojas de palmera, las que ponen contra el viento para defenderse de la lluvia.Cuando sienten la necesidad del sueño, hacen una excavación en la arena donde se acuestan".