ARCHIVO HISTORICO DIOCESANO
DEL COLEGIO SAN RAMON LEON NICARAGUA
manfut.org
Jorge Eduardo Arellano
SINTESIS
HISTORICA DE
La UNIVERSIDAD
DE LEON"
Por CARLOS TUNNERMANN BERNHEIM
|
TOMAS AYON
|
JORGE EDUARDO ARELLANO
|
Sofonías Salvatierra: "La fundación del Seminario (San Ramón)
y la Universidad (de León)",
en Contribución a la historia de Centroamérica, Monografías
documentales.
Tomo II. Managua, Tipografía Progreso, 1939,
JORGE EDUARDO ARELLANO
RESEÑA HISTORICA DE LA UNIVERSIDAD DE LEON, NICARAGUA
editorial universitaria 1988
Leon, Nicaragua-Centroamérica
PRIMERA PARTE: ANTECEDENTES
Presentación
|
| En 1973 y 1974 salió a luz, en dos tomos,
la Historia de la Universidad de León, Epoca Colonial y Epoca Moderna
y Contemporánea, 513 pp., escrita por Jorge Eduardo Arellano, publicada
por la Editorial Universitaria de la UNAN, la que se encuentra agotada
desde hace años.
Las limitaciones impuestas por la agresión
imperialista no han permitido su reimpresión; no obstante, solicitamos
a Jorge Eduardo Arellano que elaborara una síntesis por considerar
que las nuevas generaciones deben conocer la historia de la máxima
Casa de Estudios del país y con la idea de publicarla -como en efecto
se hace- en 1988 en que la comunidad educativa conmemora el XXX Aniversario
de la Autonomía Universitaria.
En esta Reseña Histórica de la Universidad
de León, Nicaragua (2a. edición abreviada), su Autor ha conservado
-extractada- la introducción que el Rector Dr. Carlos Tünnermann
B. hizo en la primera edición; redujo las excesivas notas al final
de cada capítulo y eliminó algunos del primer tomo que amplió
en otros libros. Sin embargo, Jorge Eduardo Arellano ha conservado inalterable
en esta reseña la letra y espíritu de aquella Historia.
León, Julio de 1988.
OCTAVIO MARTINEZ ORDOÑEZ Rector |

Si bien sobre la historia de la Universidad
de León, existen varios ensayos, como los de los doctores Juan de
Dios Vanegas, José H. Montalván y Nicolás Buitrago
M., y también hay importantes referencias en las obras generales
que sobre la historia de Nicaragua debemos a Ayón, Gámez
y Salvatierra, lo cierto es que hasta el momento no se había
escrito un trabajo que abordara, de manera sistemática, el desenvolvimiento
de nuestra más ilustre institución cultural.
Al carácter fragmentario de los estudios
hasta ahora publicados quizás se deba que ciertos períodos
de la historia de la Universidad hayan quedado un poco en la penumbra,
sin recibir el tratamiento adecuado. En algunos casos, se advierten también
algunas contradicciones entre los autores en cuanto a los datos que proporcionan.
Se hacía, pues, muy necesaria la redacción
de una obra que aprovechando todas la fuentes disponibles, retomara el
hilo de la historia de la Universidad y nos ofreciera, mediante una rigurosa
ordenación de los datos, un panorama, lo más completo posible,
del devenir de nuestra más alta Casa de Estudios.
Convencido de la importancia de un estudio de
tal naturaleza, me permití proponer el proyecto a la Junta Universitaria
de nuestra Universidad sugiriendo, a la vez,la designación del joven
historiador nicaragüense, Jorge Eduardo Arellano para que se le confiara
la tarea, dadas sus conocidas capacidades en este campo. La honorable Junta
acogió mi propuesta y el señor Arellano inició, con
singular estusiasmo, la preparación de la obra en el mes de septiembre
de 1971.

La Rectoría puso a disposición
de Arellano la bibliografía recopilada hasta entonces sobre el tema,
así como también copia de la valiosa documentación
que sobre la historia del Seminario Conciliar de San Ramón y de
la Universidad de León se conserva en el Archivo General de Indias
de Sevilla, obtenida por intermedio del eminente investigador nicaragüense
doctor Carlos Molina Argüello, profundo conocedor de ese Archivo.
El serio esfuerzo realizado por Arellano para
cumplir con su compromiso superó todas las espectativas. Habiéndosele
encargado la preparación de una historia de la Universidad de León,
desde sus orígenes en el Colegio Seminario de San Ramón hasta
el año de 1947, fecha en que se transforma en Universidad Nacional,
nos ha entregado, como fruto de su exhaustiva labor, una excelente obra
dividida en dos tomos: el primero referido a la época colonial y
el segundo desde la independencia hasta 1947.
Este primer tomo, que hoy ve la luz pública,
se inicia con un capítulo dedicado a reseñar la situación
cultural de la provincia de Nicaragua en la época colonial y, específicamente,
durante los años anteriores a la fundación del Colegio Seminario
de San Ramón Nonnato. Tras ese bosquejo, continúa con otro
capítulo sobre la evolución de la más alta Casa de
Estudios que existió en la Capitanía General de Guatemala.
Siendo que el Seminario Conciliar de San Ramón
Nonacido o Colegio Tridentino, eregido en 1680, fue el germen de la Universidad
de León. Arellano examina los antecedentes que condujeron a su establecimiento:
el mandato del Concilio de
Trento y el despacho de la Audiencia de Guatemala
del 16 de octubre de 1679 urgiendo a los obispos de León y Comayagua
para que procedieran a cumplir el aludido mandato; las providencias que,
con ánimo ejemplar, adoptó el obispo de León, el mercedario
Fr. Andrés de las Navas y Quevedo para obedecerlo; por ello dispuso
donar dos casas en cuya reparación invirtió, de sus fondos
personales, más de quinientos pesos.
Jorge Eduardo Arellano
CONVENTOS Y CENTROS DE INSTRUCCION
EN LA EPOCA COLONIAL
Encargada de la enseñanza
por tradición medieval, la iglesia desarrollaba en los conventos
del Nuevo Mundo labores educativas. Aunque reducidas a un nivel inferior
--catequización, primeras letras y, a veces, música- debemos
partir de ellas para tener un panorama completo de los antecedentes culturales
de Nicaragua en la época colonial.
***
EL CONVENTO DE LA MERCED EN
LEON VIEJO
El primer convento de la provincia
fue fundado en León Viejo en 1528 por los mercedarios que trajo
el gobernador Pedrarias Dábila o, para ser exactos, por el Provincial
de la Orden de la Merced Fr. Francisco de Bobadilla.
Tanto su iglesia como la "residencia"
eran de paja. Sin embargo su primer superior, Fr. Diego de Alcaraz, después
de presenciar el incendio que hizo desaparecer ambos "edificios", construyó
un nuevo de piedra, ladrillo y techo de teja, cuya Iglesia constaba de
tres naves y varias danzas de arcos blanqueados con cal.
| A dicho convento se refiere el
Alcalde Mayor Francisco de Castañeda en su carta al Rey sobre la
muerte de Pedrarias y sus consecuencuencias, fechada el 30 de Mayo de 1531.
"En esta ciudad de León
-escribe- hay un monesterio de Nuestra Señora de la Merced". (1)
Y en Octubre de 1539 Fr. Sebastián de Betanzos, uno de sus primeros
pobladores, pide regresar a él y que le dejen traer dos esclavos
negros, uno albañil y otro carpintero.(2) De las primeras construcciones
"al uso de España", |
Este monasterio tuvo encomendado
desde su fundación los indios de Mabitia (sic) o Moabite y sus religiosos
sirvieron en la iglesia Catedral que había quedado desamparada al
marcharse al Perú sus cuatro capellanes, dejando solamente al Obispo
Diego Alvarez Osorio y al sacristán Cristóbal García.
Casi un siglo más tarde fue trasladado y levantado con su iglesia
en la nueva ciudad de León, a ciento cincuenta varas al norte de
la catedral. (3)
| Jorge Eduardo Arellano
N 0 T A S
1. "Carta a S(u) M(ajestad) del Licenciado Castañeda...
en Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.
Año I, Tomo I, Num. 2, diciembre, 1936, p. 230.
2. Andrés Vega Bolaños :Documentos para le historia de
Nicaragua. Tomo VI, Madrid, Imprenta y Litografía Juan Bravo, 1955,
pp. 59-60; transcrito por Eduardo Pérez Valle en "Vida cotidiana
de León Viejo" (Educación, Núm. 19, enero-febreromarzo,
1962, p. 20).
3. Nicolás Buitrago Matus : León, la sombra de Pedrarias.
Suplemento de Revista Conservadora, Núm. 25, octubre, 1962, p. 45.
|
|
Pero, como lo subraya el autor, no paró
ahí el celo del obispo fundador: redactó las constituciones
para el buen gobierno del nuevo centro; gestionó una pensión
de las Reales Cajas para su sostenimiento; le cedió parte de sus
diezmos y se encargó personalmente de cobrar las contribuciones
que, por disposición del Concilio, debían hacer todos los
curatos de la diócesis. Semejante solicitud en la fundación
del primer centro regular de enseñanza que existió en Nicaragua
confiere al obispo de las Navas y Quevedo especial relevencia en la historia
de
nuestro desenvolvimiento cultural.
El ejemplo del obispo de las Navas y Quevedo
fue seguido por otros sobresalientes prelados, a quienes Arellano dedica
capítulo especial como benefactores del Colegio Seminario. Y luego,
en el siguiente, se refiere a los primeros nicaragüenses que obtuvieron
grados universitarios, Como éstos no podían obtenerse en
el Colegio Seminario de León, los Jóvenes se veían
precisados a abandonar sus hogares y emprender largo viaje hacia la capital
del Reino para colmar sus ansias de saber en la famosa Universidad de San
Carlos de Guatemala, la única que existía en la Capitanía
General.
Capítulo importante de la obra es el que
Arellano consagra a señalar la influencia de la Ilustración,
en Centroamérica. Para la historia del desenvolvimiento de las ideas,
en los albores de nuestra cultura, es de particular interés lo que
Arellano expone.
| 1.1.2. OTROS CONVENTOS DE MERCEDARIOS
Durante el siglo XVI los mercedarios
fundaron conventos en Natividad (Honduras), Nueva Segovia y Granada.
Los dos primeros fueron arruinados
por un fuerte temblor en 1656 y el tercero, una
de las cosas más notables que vio el viajero Tomás Gage en
1637, aún funcionaba a comienzos del siglo XIX.(4)
Otro convento de mercedarios, fundado
a principios del siglo XVII, fue el del puerto de El Realejo.(5) Finalmente,
como lo prueba una escritura del 28 de Enero de 1704, los mismos frailes
tenían en Posoltega otro Convento llamado "Nuestra Señora
de las Mercedes Rendención de Cautivos".
| Jorge Eduardo Arellano
N 0 T A S
4. El decreto del 8 de octubre de 1830 -que abolió los establecimientos
monásticosrefiere la existencia de este convento; véase a
J.C. Vcaza Tigerino y Joaquín Cuadra Ch. :Derechos Naturales del
Individua Managua, Editorial El Mensajera de Jesús (s.a.: 1939),
p. 14.
5. Así lo refiere Antonio Vázquez de Espinosa, quien pasó
por esa villa en 1613, en su Compendio y Descripción de las Indias
Occidentales; tal información se encuentra en Chinandega (Managua,
Tipografía Heuberger 1963) de Ramón Romero, quien reproduce
gran parte de las páginas dedicadas a Nicaragua por dicho cronista. |
|
El ansia de saber, que caracterizó al siglo
XVIII español con el advenimiento de la Casa de Borbón, se
extendió a las colonias americanas. En el Reino de Guatemala se
concreta la célebre "Sociedad Económica de Amigos del País".
Pero la ilustración -como advierte Arellano-
era un fenómeno europeo que tenía su centro en Francia. Más
que en otra parte, allí el hombre del viejo mundo -insatisfecho
de su vida tradicional- tendió por mera inquietud científica
o humana a cosmopolitalizarse, a fundir todos los testimonios y noticias
sobre las razas y los pueblos como en una ciencia de la humanidad.
En él funcionaba un racionalismo investigador
que le permitía definirse no como francés, ni como español,
sino COMO hombre universal". De esa toma de conciencia, como observa Arellano,
brotó la Enciclopedia, resumen de la sabiduría del intelectual
del siglo XVIII. En España, el enciclopedismo francés se
transforma en el despotismo ilustrado, que si bien participa del mismo
" estado de espíritu" no llega al ateísmo de los franceses.
Participando de "una actitud de conciencia fundamentalmente
cartesiana, animado por la misma fe en el hombre y el progreso", el despotismo
ilustrado español, aceptó el poder absoluto del Rey, aunque
racionalizado, y "se manifestó en un reformismo económico
y social de arriba hacia abajo y en un exagerado filantropismo de carácter
personal".
Las nuevas ideas comenzaron a circular y a ganar
adeptos en las colonias americanas, a raíz de las ordenanzas liberales
de Carlos 111: 'La misma España -señala Arellano paradójicamente,
sembraba las raíces ideológicas de la independencia".
Arellano traza así los ragos del ilustrado
de aquella época:
" La mayoría de los ilustrados,
en actitud hostil hacia la escolástica, preferían la autoridad
de la Razón (así con mayúscula) como base ideológica;
y todos ellos, con decidida tendencia al cambio, profesaban una fe optimista
en el progreso y en la destrucción de la ignorancia para lograr
la reforma de los individuos y, en consecuencia, la de la sociedad".
1.1.3. LOS CONVENTOS DE FRANCISCANOS
Y SU PROVINCIA DE SAN JORGE DE NICARAGUA
Los franciscanos, por su lado,
establecieron conventos en León Viejo y en Granada. De los moradores
del primero informa escuetamente Castañeda que eran "dos (religiosos)
de (la orden de) San Francisco' con intenciones de abandonar Nicaragua,
lo que hicieron al poco tiempo.
El de Granada, o de la Concepción,
fue fundado en 1529 por Fr. Toribio de Benavente Motolinia; como dominaba
la lengua náhuatl, este fraile puso "especial cuidado en el bautismo
y conversión de los niños". Motolinia se fue a Guatemala,
y sus compañeros, al trasladarse a otras conversiones de Tierra
Firme, también abandonaron su convento de techo pajizo y paredes
de caña que seria habitado, según el cronista de la Orden
Francisco Ximenez, por "religiosos de nuestro Padre Santo Domingo".
Pero algunos franciscanos permanecieron
en la ciudad, como Fr. Juan de Gabaldo o Gandabo que se hallaba todavía
en 1536 trabajando con Fray Francisco de Aragón. La provincia (franciscana)
de San Jorge de Nicaragua, fundada en 1550 por Fr. Juan de Betanzos, tuvo
de primer maestro provincial a Fr. Pedro Ortiz -electo en 1580- y en 1587,
doce conventos y sesenta y siete frailes; en 1680, catorce conventos y
ciento cuarenta frailes; y en 1700, igual número de conventos y
ciento cuarenta y ocho frailes .(6) "En forma decente y regular", Fray
Pedro de Zúñiga edificó en 1639 el convento franciscano
de León; y, entre los más importantes de la provincia, estaban
el de la Asunción de El Viejo, el de Santiago en Jinotepe, el de
la Concepción en Rivas y el de San Antonio en El Realejo.
En el de Granada, Cabeza de la provincia
y de habitaciones bajas -sin claustro, en cuadros y bien dispuestas con
" el recreo de la laguna" que se divisaba desde lo alto de la celda principal-
residían, en 1750, veinte frailes. (7)
| Jorge Eduardo Arellano
N 0 T A S
6. Demetrio Pérez Ramos :Historia de la colonización española
en América. Madrid, Ediciones Pegaso, 1947, p.467.
7. Pedro Agustín Morel de Santa Cruz: Visita apostólica,
topográfica, histórica y estadística de los pueblos
de Nicaragua y Costa Rica libro del mes de Revista Conservadora del Pensamiento
Centroamericano, Núm. 87, julio, 1967, p. 6. |
|
'Volviendo a la historia de nuestro Seminario
Conciliar de San Ramón, Arellano subraya la fecunda labor desplegada
por su más insigne Rector el Padre Ayesta.
EL CONVENTO DE SAN PABLO DE
LOS DOMINICOS
Y SU PROVINCIA DE SAN VICENTE
DE CHIAPAS Y GUATEMALA
Como lo recomendaba uno de los
puntos de la instrucción que recibió el obispo Diego Alvarez
Osorio, el dominico Fr. Diego de la Loayza fundó en León
Viejo un tercer monasterio -sostenido por una encomienda concedida por
Pedrarias- del que también habla Castañeda, pero tuvo que
partir y lo dejó en manos de un capellán.
Cuando llegó en 1532,
Fr. Bartolomé de las Casas pudo ocuparlo y darle el nombre de San
Pablo "con todas las ceremonias acostumbradas". Ocupantes asimismo del
convento franciscano de Granada, los dominicos aprendieron la lengua mangue
y catequizaron a los indios; en junio de 1535, sin embargo, dejaron el
convento de San Pablo "solo, sin imágenes, ni retablo, ni cose alguna".
Diez años después
se fundó la provincia dominica de San Vicente de Chiapas y Guatemala
que tenía cinco conventos, incluyendo el de Nicaragua ya repoblado.
A pesar de que en 1545 los dominicos
deseaban abandonarlo por haber perdido una encomienda y refugiarse en él
un pendenciero de apellido Valle, cuñado del obispo Fr. Antonio
de Valdivieso, el convento gozaba de regular prosperidad y hasta se decía
que era rico. Remesa) elogia a sus ocupantes: "eran de tanto provecho como
con su doctrina, vida y ejemplo -afirma de ellos-, como los que en esta
parte más se aventajan en todas las Indias".(8) El convento de San
Pablo era, como refiere el mismo cronista, "grave, de buenos edificios,
de tanta religión y observancia" En 1552 lo visitó el Provincial
Fr. Tomás de la Torre, quien encontró "que todos (sus religiosos)
sabían muy bien la lengua de la Provincia y aprovechaban a los naturales:
en Granada -agrega Remesal- había otros tantos de la misma calidad;
y todos eran en lo substancial de la religión muy buenos frailes".
En 1554 el Vicario Provincial
Fr. Juan de Torres, al querer aplicar rigurosamente ciertas disposiciones,
obligó a desertar a los frailes de los dos conventos: el de San
Pablo y el de la Concepción de Granada. Arrepentido, volvió
a restaurarlos, fracasando en su empresa, pues falleció en un pueblo
del río San Juan y por esa razón sus compañeros se
fueron de Nicaragua.
|
La primera preocupación del Rector fue
tratar de superar las grandes limitaciones económicas de que adolecía
el Seminario desde hacía! más de un siglo, con grave perjuicio
para la enseñanza.
En 1803 habían dejado de existir las cuatro
cátedras creadas y sostenidas por el obispo Huerta y Caso, entre
ellas la de Medicina y Cirugía.
De ahí que el Rector se dedicara a buscar
recursos para la dotación de las cátedras, la reparación
y ampliación del edificio, la adquisición de mobiliario,
el enriquecimiento de la biblioteca, etc.
Todo esto sin descuidar el mejoramiento de la
disciplina de los colegiales y el auspicio constante de actos literarios,
que contribuyeron al despertar intelectual de la provincia. Después
vendrían sus infatigables gestiones para que se autorizara al Seminario
a impartir grados menores, con miras a transformarlo en Universidad.
El extraordinario impulso que el Seminario recibió
durante el rectorado de Ayesta lo hizo constituirse, como apunta Arellano,
en el segundo foco académico de la cultura colonial en Centroamérica.
Significativo fue también, entre los
esfuerzos de esos años, el aporte renovador del Pbro. doctor Tomás
Ruiz, mentalidad auténticamente ilustrada, que trató de superar
la enseñanza tradicional que predominaba en el Seminario.
|
LIV - CONDILLAC
. Este filósofo nació en 1715 y murió en 1780.
Observa con minuciosidad, clasifica con método, expone con lucidez,
pero su pensamiento es poco profundo.
La doctrina de Locke no pareció a Condillac bastante sensualista.
La reflexión, que el filósofo inglés combinaba con
las sensaciones, la miró el ideólogo francés como
inútil complicación del sistema;
en su concepto no hay dos orígenes de nuestras
ideas, sino uno solo: la sensación.
La reflexión, en su principio, no es otra cosa que la sensación
misma, y es más bien un canal por donde pasan las ideas que vienen
de los sentidos que el manantial de ellas. Todo cuanto hay en nuestros
fenómenos internos no es más que la sensación, o primitiva
o transformada. La superioridad pertenece al tacto.
Condillac hizo un esfuerzo por hacernos palpable su sistema ideológico,
y he aquí cómo pretende conseguirlo. Imagina una estatua
organizada como nosotros, animada de un espíritu, pero sin idea
alguna, y le supone un exterior todo de mármol que no le permita
el uso de ningún sentido, reservándose abrírselos
el filósofo según lo creyere conveniente.
Empieza en seguida por abrirle el olfato, porque le parece que éste
es uno de los más limitados en orden a la producción de los
conocimientos, y continúa luego por los demás; los considera
aislados y en conjunto, observa lo que cada cual da de sí, y por
fin se encuentra con el satisfactorio resultado de que la estatua, sin
más que las sensaciones, va adquiriendo deseos, pasiones, juicio,
reflexión; en una palabra, todo cuanto hay y puede haber en el corazón,
en la fantasía, en la voluntad, en el entendimiento. Son admirables
los progresos que hace la estatua, hablando Condillac por ella, como se
supone.
Tan fecundo es semejante método de observación que
el filósofo francés llegó a mirar como inútil
el supo ver que el alma reciba inmediatamente sus facultades de la Naturaleza;
basta que se nos den los órganos para advertimos por el placer y
el dolor de lo que debemos buscar o huir; con dos resortes tan sencillos
la obra del espíritu humano se hace por sí misma; la experiencia
sensible nos produce las ideas, deseos, hábitos, talentos de toda
especie.
Condillac, metido dentro de su estatua, habla como un oráculo;
se conoce que los ideólogos anteriores le parecían caviladores
frívolos; tiene una indecible satisfacción al ver que todo
lo aclara con la antorcha de su nueva teoría. Platón, San
Agustín, Malebranche, tenían mucha dificultad en explicar
la idea del número; Condillac lo extraña, y en dos palabras
les señala el camino para salir del apuro; esos hombres habían
creído que en la idea había algo superior a lo sensible;
esto no es así; la idea del número sólo encierra sensación:
la dificultad queda solventada.
Esta doctrina adquirió por breve tiempo aquella popularidad
que, por ser adquirida con demasiada prontitud, deja sospechar la escasez
de su fundamento y hace presumir lo endeble de su duración.
Así ha sucedido, y si Condillac resucitase tendría el
doble desconsuelo de ver las funestas consecuencias que por de pronto se
sacaron de su doctrina y el que en la actualidad su sistema ha caído
en un profundo descrédito en toda Europa, incluso en Francia. (V.
Filos. fund., lib. IV, caps. I y II. —Ideología, cap. I.)
Historia de la Filosofía - Jaime Balmes
Capítulo LIV - CONDILLAC
Capítulo LIII - Hume
Capítulo LV - Kant
|
En su clase de Filosofía, el Pbro.
doctor Tomás Ruiz, impartía a Condillac. La presencia de
Ruiz en el Seminario, del que fue Vice Rector por cinco años, hizo
posible que el espíritu de la ilustración vivificara las
aulas del antiguo Seminario. Desde su cátedra el prócer esparció
la nueva ideología, que debía rápidamente prender
en varios de sus alumnos más brillantes.
Uno de ellos fue el célebre bachiller
Francisco Osejo, natural de Subtiava, quien llevó estas ideas a
Costa Rica, donde fue el animador de las ideas independentistas. Por ellas
el Ayuntamiento de Cartago le llamó "genio inquieto y perturbador".
"Por lo visto -afirma Arellano- Ruiz divulgó en el Seminario una
corriente de pensamientos distinta de la tradicional que no hizo variar
su estructura; a pesar de ello, fue recogida por algunos discípulos
que salieron del estrecho círculo del escolasticismo, nutriéndose
de nuevas doctrinas".
Pero, con todo y el florecimiento que el Seminario
alcanzó a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, carecía
aún de la facultad de conferir grados universitarios. Por eso el
Rector Ayesta inició gestiones ante la Corona para que se autorizara
al obispo de la diócesis a conferir grados mayores y menores, a-
los alumnos del Seminario. Pero la autorización se limitó
a grados menores contrariando así, en gran medida, los anhelos del
Rector Ayesta, que ambicionaba los grados mayores.
Sin embargo, algo se había logrado en beneficio
del Seminario. Para dar relieve al acto de recepción de la Real
Cédula, el Rector dispuso celebrar una misa solemne con asistencia
del claustro y de las principales autoridades de la ciudad, durante la
cual hizo uso de la palabra, con su reconocida elocuencia, el doctor Tomás
Ruiz, Vice-Rector, del Seminario y Catedrático de Filosofía.
La Universidad menor recibe la protección
de los obispos Vílchez y Cabrera y García Jerez. A la muerte
de Ayesta, a mediados de 1809, correspondió al obispo García
Jerez, promovido a Gobernador Intendente de la Provincia, continuar las
gestiones encaminadas a convertir en Universidad completa "ta media que
funcionaba en el Seminario".
LOS CONVENTOS DE JESUITAS
En Granada y el Realejo hubo
conventos de jesuitas a comienzos del siglo XVII. Siempre en la misma ciudad,
y también por esos mismos años, Gage enumera uno de religiosas;
y Domingos Juarros, en los finales de la colonia, añade otro de
la orden de San Juan de Dios con su hospital.
Los anteriores no fueron todos
los conventos coloniales de Nicaragua, pero sí los principales.
|
Mientras tanto, como puntualiza Arellano, se habían
producido importantes acontecimiento políticos en la Península:
la decadencia de la monarquía absolutista de los Borbones españoles
llegó a su punto más crítico con la proclamación
de de José Bonaparte como Rey de España y el cautiverio de
Carlos IV y su hijo Fernando VII. Las Cortes de Cádiz, en las que
predominó un espíritu liberal y constitucionalista, asumieron
el gobierno en nombre de Fernando VII.
1.2 CENTROS DE INSTRUCCION
Aparte de la enseñanza
misional -existente en otros centros efimeros como "En la doctrina de Fr.
Margil de Jesús junto d la Iglesia de Guadalupe en Granada- la instrucción
que se impartía en Nicaragua, anterior a la erección del
Colegio Seminario de San Ramón, se limitaba al aprendizaje de la
doctrina cristiana y de los rudimentos de Aritmética y Gramática
que incluía Caligrafía, Lectura y Escritura.
1.2.1. LAS ENSENANZAS DE LAS
"DOCTRINAS"
En el. convento franciscano
de la Concepción de Granada, como en el resto de los señalados,
los indios recibían esa enseñanza. A uno de ellos, recién
iniciada la conquista, se le dio oportunidad para educarse en España:
en cédula del 17 de febrero de 1531 fue autorizado Juan de Simancas
para llevarlo consigo.(9) Otra cédula de 1534 ordenó que
los indios de cada pueblo edificasen las casas de los misioneros y que
éstas, ocupadas en su conversión e instrucción, se
anexaran a las iglesias y no pudiesen enajenarse ni ocuparse para otros
usos; y, en la del 14 de noviembre de 1537, la Reina mandó al gobernador
de Nicaragua, Rodrigo de Contreras, a que construyera junto a la Catedral
una escuela de doctrina para hijos de caciques.
No obstante esta preocupación
real, la primera escuela para indios de León Viejo la fundó
en 1542 el Obispo Fr. Francisco de Mendavia; la segunda fue creada treinta
años después por otro Obispo, Fr. Gómez de Córdoba,
el mismo que estableció escuelas de primeras letras en el Realejo,
Granada y Nueva Segovia. Por último, la tercera escuela doctrinal
de León Viejo surgió en 1580, a iniciativa del prelado Fr.
Antonio de Zayas.
| Jorge Eduardo Arellano
N 0 T A S
8. También transcribe este texto de Remesa) el historiador dominico
contemporáneo Fr. Julián Fuente en su obra Los heraldos de
la civilización centroamericana. Reseña histórica
de la provincia dominicana de San Vicente de Chiapa y Guatemala. Li bro
del mes de Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, Núm.
94, julio, 1968, p. 40.
9. Andrés Vega Bolaños :Documentos para la historia de
Nicaragua, Op. cit. tomo I I I; citado por Mauricio Pallais: La historia
de Nicaragua a través de la educación, Managua, Editorial
Nicaragüense, 1967, p. 14. Los datos siguientes del párrafo
se toman de la mona fuerte.
|
|
En esas Cortes Centroamérica estuvo representada
por Antonio Larrazábal, José Antonio López de la Plata
y Florencio del Castillo. Estos dos últimos representaban a Nicaragua
y Costa Rica y habían estado ligados al Seminario. Ante esas Cortes,
a fines de 1811, envió su testimonio el obispo García Jerez
pidiendo la erección de la Universidad.
Estas, finalmente, expidieron el tan esperado
decreto del 10 de enero de 1812 por el cual autorizan que el Seminario
Conciliar de León de Nicaragua se erija en Universidad "con las
mismas facultades que las demás de América". Se cumplían
así los anhelos del Padre Ayesta, aunque éste no logró
vivir para ver realizada su aspiración. Al obispo García
Jerez le correspondió completar la obra de Ayesta y llevarla a feliz
culminación.
El diputado por Nicaragua, José Antonio
López de la Plata, pidió el cumplimiento inmediato de lo
acordado por las Cortes, proponiendo, entre otras cosas, que la Universidad
se llamara de San Fernando, en honor del Rey Fernando VII, y que se gobernara
por constituciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Pero el
12 de febrero del mismo año, nos dice Arellano, el español
Antonio de la Cuesta rindió un informe crítico sobre la situación
del Setminario que por poco da al traste con la ejecución del acuerdo
de las Cortes.
En efecto, de la Cuesta aseguraba en su informe,
entre otras cosas, que un solo catedrático enseñaba, en dos
horas diarias, lógica, metafísica, aritmética, álgebra,
geometría y Física, lo que sólo podía conducir
a que sus discípulos adquirieran "nociones vagas y superficiales"
de tal cúmulo de materias; que no podrían darse grados mayores
ni menores en Filosofía ni en Derecho Canónico, "pues tomando
en cuenta los textos que se leían en ésta (el Van Selvaglo
y el Febeo) merecería el nombre de conferencia al aire libre sobre
cualquier punto de la misma materia antes que el de una instrucción
metódica, ceñida a los elementos de la ciencia como era indispensable".
De la Cuesta llega incluso a decir, en su demoledor informe, que no concebía
cómo podía autorizarse el conferimiento de grados menores
en ciencias eclesiásticas siendo que "en la cátedra de Teología
Moral se explica la Suma del Padre Larraga", texto que consideraba obsoleto
e inadecuado.
LOS
JESUITAS EN EL SIGLO XVII
Ese mismo año desembarcó
en El Realejo, proveniente del Perú, el jesuita Juan de la Plaza
que se dirigía a México.(10) La Provincia era la primera
del Reino de Guatemala que recibía a miembros de la Compañía
de Jesús. Desde entonces hubo interés porque esa orden estableciera
colegios en Nicaragua.
En 1616 los jesuitas de la ciudad
de Guatemala, a instancias del Presidente de la Audiencia Conde de la Gomera,
enviaron al Padre Pedro de Contreras para hablar con el Procurador de Granada
Francisco Pérez de Castro sobre la fundación de un colegio.
El Padre Contreras realizó antes una magnífica labor espiritual.
Recibido por el Obispo Pedro
de Villareal en un pueblo de indios, donde se detuvo tres días a
conversar "materias tocantes al bien de los fieles ", escogió de
posada el Hospital, predicó sermones (cuatro cada viernes y domingo),
confesó a españoles e indios -.-"siendo corto el día
para ellas (las confesiones), le era forzoso gastar gran parte de la noche"-
e hizo "muchas obras de caridad", como revela en su Crónica Andrés
Pérez de Rivas:
"Ocupóse
también el Padre en el tiempo que allí estuvo, en ... reconciliar
amistades, componer pleitos y obras semejantes con que ganó los
ánimos de toda la gente, de suerte que no quisieran que el Padre
saliera de aquellas tierras".
Mientras tanto el vecindario
deseaba la fundación de una Casa -residencia. Pero el Padre Florián
de Ayerve informó en 1618 a su provincial que no podía establecerse
ni gobernarse bien un colegio en Granada. Por eso, después de varias
solicitudes y respuestas negativas, los superiores ordenaron el retorno
a Guatemala de la misión jesuita.
Esta había organizado
provisionalmente, sin embargo, un "pequeño colegió' que prepa
raba a los aspirantes al sacerdocio.
Los vecinos volvieron a pedir,
a través del ayuntamiento, la permanencia de los religiosos. A causa
de esta súplica fervorosa, llegó en 1622 el Padre Luis de
Molina -homónimo y sobrino del teólogo español- y
fundó con otros jesuitas las residencias, o conventos, de El Realejo
y Granada; mas, cuando planeaba la creación de una Vice-provincia,
fue llamado por los superiores.
Con el ejemplo del modesto centro
de instrucción de Granada. los vecinos de el Realejo abrieron otro
de la misma categoría, sostenido por las rentas de Las Cosubinas,
poderosas haciendas donadas por El Cura Vicario del Puerto Antonio de Grijalva.
Al fundarse, el Procurador General de La Villa Felipe de Agüero presentó
el 13 de Febrero de 1621 una exposición al Rey, en la que fijaba
el carácter misional del "colegio" granadino, su inexistencia formal
y los beneficios inmediatos que trajo:
"Con
la venida de los padres de la Compañía (de Jesús)
a la ciudad de Granada de esta provincia, a cierta misión en que
han estado dos o tres años, toda esta provincia de Nicaragua recibió
mucho bien y utilidad para su salvación y buenas costumbres... Y
los hijos de los españoles que en ella nacen, que su ejercicio era
en sabiendo andar, servaquerosy hombres de campo...después que vinieron
dichos padres, se ha visto tan grande enmienda y mejoría aunque
no han tenido colegio ni casa fundada, que unos eran ya muy buenos gramáticos
y latinos, y los pequeños todos a una, políticos, bien criados
y doctrinados en el cathecismo; de manera que se podía esperar de
ellos grandes letras y virtud".
Tal vez no se pudo redactar
parecida afirmación del "colegio" de El Realejo, pero en él
se enseñaba lo mismo: lectura, escritura, catecismo y nociones elementales
de gramática y Latín. Uno de sus profesores, el humilde Hermano
Coadjutor Juan de Aldana, trasmitía "el temor santo de Dios, ayunaba
tres veces a la semana, ejercitaba la caridad con los enfermos y tenía
una especie de Farmacia con drogas y raíces de la tierra—.
De este colegio salían
misiones a las regiones aledañas; una de ellas, cerca de León,
estuvo a cargo del Superior el Padre Alonso de Valencia, quien conocía
la lengua de los indios y, al igual que a los Anales del colegio, envió
la crónica de su misión a su Superior de México.
El colegio de Granada funcionó
durante la misión jesuita, entre 1618 y 1620; y el de El Realejo
también duró poco tiempo, pues en 1636 ya no quedaba de él
resto alguno.(11)
Por tal motivo el nivel de instrucción,
salvo la impartida en el Colegio Seminario de León, siguó
siendo inferior, equivalente a los primeros años de enseñanza
primaria de hoy. Así León, en su nuevo asiento, tuvo otra
escuela de primeras letras fundada por el Obispo Fray Benito de Baltodano
en 1622. Y hasta el 13 de Abril de 1793, en instrucciones del Rey Carlos
III al Gobernador Intendente José Salvador, se mandó abrir
escuelas en los pueblos indios de la provincia.
J.E. Arellano
NOTAS:
10. Todos los datos de este apartado se hallan en el extenso artículo
titulado "La Compañía de Jesús en Nicaragua" (El Diario
Nicaragüense, Granada, jueves 13 de noviembre de 1941); en Jesuitas
centroamericanos, Núm. 1, 1956 (folleto sin lugar ni imprenta ni
páginas numeradas de una Asociación de amigos de los Jesuitas
Centroamericanos) y en Salvador D'arbelles (: Du Lamercier) :Corinto a
través de la historia. Corinto, Tipografía Saballos, 1933,
p. 121.
11. En efecto: Gage -que conoció el puerto ese año- no
da cuenta de ningún Colegio; veáse el "Viaje por Nicaragua
de Thomas Gage' (Cuaderno del Taller San Lucas.) Núm. 2, 7 de mayo,
1943, p. 70).
|
|
Otra dificultad que se presentó para la
instalación definitiva de la Universidad fue de carácter
económico: el Fiscal del Consejo de Indias exigía, antes
que se procediera "a la formación del plan y de la constitución
de la Nueva Universidad" que el obispo y la provincia en general, designaran
los fondos necesarios "para la completa dotación de los maestros
y dependientes de la Universidad, y aumento de cátedras y el método
de estudios conveniente".
| 1.2.3. EL CONVENTO FRANCISCANO
DE GRANADA
El nivel en cuestión parece
haber aumentado hacia la segunda mitad del siglo XVII: efectivamente, en
el convento franciscano de Granada se enseñaba Música, Gramática,
Latín Griego, Filosofía, Matemáticas y Moral, clase
que se recibía dos veces a la semana. Para poner un sólo
ejemplo de sus frutos, basta recordar que uno de sus alumnos, Miguel de
la Quadra, pronunció una oración en latín en nombre
de sus condiscípulos, durante las honras fúnebres del Obispo
Mateo de Navia Bolaños, enterrado en la Iglesia parroquial el 3
febrero de 1772.(12).
J.E. Arellano
NOTAS:
12. Carlos Cuadra Pasos :Discurso de incorporación ( a la Asociación
de Escritores y Artistas Americanos, sección de Nicaragua), en Orto,
Núm. 35, diciembre, 1962, p.24.
|
1.2.4. ¿UN COLEGIO DE
MISIONEROS APOSTOLICOS?
No obstante el acuerdo oficial
de 1793, la enseñanza continuaba bajo la tutela de la Iglesia. Del
11 de octubre de 1709, por ejemplo, data el auto de la Audiencia de Guatemala,
otorgando el pase a la cédula del 14 de Diciembre de 1706 por la
cual el Rey autorizaba que en la Ermita de Ntra. Sra. de Guadalupe extramuros
de la ciudad de Granada, se estableciese un Colegio de Misioneros Apostólicos.113)
No se sabe si llegó a existir este convento.
1.2.5. LOS OBISPOS VILCHEZ Y
TRISTAN
Tampoco hay noticias concretas
de la atención que le dió a la enseñanza el Prelado
Juan Carlos de Vílchez y Cabrera, fundador de algunas escuelas parroquiales
para indios recomendadas por cédulas del 17 de abril de 1770; del
celo pedagógico demostrado por el Dr. Esteban Lorenzo de Tristán,
Obispo electo en 1795, al promover el desarrollo de escuelas públicas
a cargo de clérigos ilustrados como el padre Rafael Agustín
Ayesta, director espiritual de su familia; y de la solicitud del procurador
deCosta Rica, fechada el 16 de Julio de 1799, para la creación de
un convento de monjas en León, en el cual profesarían jóvenes
costarricenses. (14)
J.E. Arellano
NOTAS:
13. Archivo General de Centroamérica, Guatemala, AI 23 Leg. 4596,
fol. 103 v; documento consultado en enero de 1972.
14. Ricardo Blanco Segura :Historia eclesiástica de Costa Rica.
San José, Editorial Costa Rica 1967, pp. 302, 212 y 214.
|
1.2.6. LA ESCUELA PUBLICA DEL
DOCTOR XIMENA
Lo cierto es que, a fines del
mismo siglo, era meritorio instalar centros de enseñanza primaria.
El cura de Granada y luego Rector del Seminario de León, Pedro Ximena,
fundó uno de ellos, según una de sus hojas de servicios:
"Ha establecido a su propia expensa una escuela pública en donde
se enseña gratis a leer y escribir a los niños pobres de
la referida ciudad (Granada), principalmente a los indios del pueblo de
Xalteva, a quienes suministra cartillas, catecismos, papel y demás
necesario, advirtiéndose mucha utilidad con tal loable establecimiento".
(15)
1.2.7. EL MOVIMIENTO ESCOLAR
DE LOS CURAS Y LAICOS
En la misma ciudad había
un movimiento escolar fuera de los conventos sostenidos por sacerdotes
seculares, como los padres José Antonio Chamorro, Benito Soto y
José Antonio Velazco, o por laicos como Miguel de la Quadra, que
en su propia casa enseñaba "a españolitos y a indios sin
devengar un centavo y simplemente por ser útil y ser desafecto a
los ocios de la inteligencia—. (16);
J.E. Arellano
NOTAS:
15. "Relación de los méritos, grados y exercicios literarios
del doctor don Pedro Ximena. Cura Rector de la Iglesia ParroquialdeGranada...",
AG IS, Leg. 591, fol. 4.
16. Citado por Carlos Cuadra Pasos : Los Cuadra' una hebra en el tejido
de la historia de Nicaragua. libro del mes de Revista Conservadora del
Pensamiento Centroamericano, Núm. 83, agosto, 1967, p. 11 datos
sobre las escuelas de Chamorro y Soto se encuentran en las páginas
15 y 16 respectivamente y sobre las clases de Gramática latina y
Filosofía que impartía Velasco, véase a Tomás
Ayón: Historia de Nicaragua. Tomo Ill. Managua, Tipografía
de "El País", 1889, p. 326. |
1.2.8. EL COLEGIO DE PROPAGANDA
FIDE EN LEON
El último centro de instrucción
importante en la época colonial fue el Colegio de Propaganda Fide
de San Juan Bautista de León, fundado por Fr. Ramón de Jesús
Rojas. Gestionada desde 1814 en Guatemala, su creación se autorizó
por cédula del 12 de Diciembre de 1817 a favor de la Congregación
de San Felipe Neri; de manera que el 31 de mayo de 1819 Fr. Ramón
pudo abrir su Colegio de Misioneros, del cual fue su Presidente.
Durante cinco años lo
dirigió con pequeñas interrupciones acompañado de
los frailes Julián Hurtado, Sebastián Leytón y Francisco
Chavarría; en ese lustro puso en acción sus recursos literarios
"para seguir la cadena de la Historia y Cronología de la Iglesia,
los progresos de la Filosofía, las decisiones de los concilios,
las reglas de la disciplina, la economía de la religión".(17)
Uno de sus discípulos, el hondureño José Trinidad
Reyes, ingresó como novicio al Colegio; pero tuvo que salir de Nicaragua
después de la expulsión de su protector el 10 de Febrero
de 1825 por negarse éste a jurar la Constitución de la Federación
Centroamericana.
J.E. Arellano
NOTAS:
17. Cita en Enrique D. Tobar y R. :El apóstol de Ice. Fray José
Ramón de Jesús Rojas (El Padre Guatemala). Guatemala, Ministerio
de Educación 1965, pp. 64-65.
|
José Trinidad Reyes
El Padre José Trinidad Reyes
Por: Esteban Guardiola
Este ínclito varón nació en Tegucigalpa el 11 de
junio de 1797.
Tuvo por padres legítimos a don Felipe Santiago Reyes y a doña
María Francisca Sevilla, modelos de bondad.
Recibió la instrucción primaria en una escuela privada,
que servían gratuitamente unas señoritas de apellido Gómez.
Llegado a la pubertad, aprendió Latín con Fray Juan Altamirano,
en el convento de La Merced; Música, con su padre, y Dibujo, con
Rafael M. Martínez.
Para dedicarse a estudios superiores se trasladó
a León. En la vieja Universidad de la metrópoli nicaragüense
se perfeccionó en Castellano y Latín y cursó Matemáticas,
Filosofía, Cánones y Teología hasta obtener los títulos
de bachiller en las tres últimas materias.
Con esa preparación profesó en el Convento de Recoletos
y en 1822 recibió la sagrada orden sacerdotal.
La guerra civil que en 1824 estalló en el Estado de Nicaragua
obligó a Reyes a salir para Guatemala, en donde entró al
convento en su orden. Allí, en los momentos que le dejaban libres
las prácticas religiosas, se dedicó, en la rica biblioteca
del monasterio, al estudio de las ciencias y a la lectura de los clásicos
latinos y castellanos.
A principios de 1828 obtuvo del Guardián del convento permiso
para venir a Honduras a ver a su familia; y en julio de este mismo año
llegó a Tegucigalpa, instalándose en el abandonado edificio
de los mercedarios.
La revolución de 1829 abolió los institutos monacales
establecidos en Centro América y por este hecho quedó Reyes
secularizado para bien de su patria. En ella ejerció el sacerdocio,
fundó la Universidad, cultivó la Música, fue diputado
al Congreso Nacional y pulsó la lira de poeta.
Como sacerdote, fue humilde, abnegado y caricativo. Su casa fue la despensa
de los pobres. Como el Divino Maestro, amó entrañablemente
a los niños. Nuestro insigne literato Ramón Rosa, refiere
las encantadoras escenas que se efectuaban en la sacristía del templo
de Nuestra Señora de la Concepción, cuando él, que
apenas había salido de la infancia, iba a buscar al anciano y casto
sacerdote, quien le colmaba de suaves caricias, le regalaba nardos y claveles,
que recogía de los pies de la Virgen, y además algunos centavos
para que comprara juguetes.
Contribuyó eficazmente a la erección y reparación
de los templos de Tegucigalpa. El Papa Gregorio XIV lo designó obispo
de Honduras; pero por una deplorable intriga fue nombrado para esa dignidad
otro sacerdote.
Como fundador y Rector de la Universidad, se dedicó con desinterés
a la educación de la juventud, abarcando en ella al hombre y a la
mujer. Escribió un compendio de Física.
Como filarmónico, compuso la música que acompaña
a varias de sus producciones poéticas y la de algunas misas y alabados.
Introdujo el primer piano en Honduras.
Como diputado, trabajó para el bien del país; y como poeta,
produjo himnos patrióticos, poesías amatorias, cantos elegíacos,
lindos villancicos, punzantes sátiras y epigramas y sus bellas pastorelas
Noemí, Micol, Neftalia, Zelfa, Rubenia, Elisa, Albano y Olimpia,
de argumentos sencillos, pero llenos de encantos. No pulió su obra
porque no pensó en la inmortalidad. Regocijar y moralizar a su pueblo
fué su principal tendencia.
Es indudable que a las pastorelas, en las que insertaba el poeta sus
epigramáticos Cuandos, siguen en interés los dulces villancicos
que bien pueden figurar en el Cancionero Español. Están llenos
de alabanzas y ternezas al Niño Dios y van acompañados de
música regocijada que su mismo autor compuso.
Como muestra de villancicos léanse algunas de las seguidillas
que van a continuación:
"Nació en Belén un niño
Tan admirable
Que sin ir a las aulas
Todo lo sabe.
Con ciencia tanta,
Toda la de los hombres
Es ignorancia;
Vamos a verlo,
Y que nos comunique
Algún destello.
Aunque yace tan pobre,
Su grande ciencia
Sabe formar metales
Y hermosas perlas
Es el que sólo
Ha encontrado el secreto
De criar el oro;
Mas lo desprecia,
Y al hombre ha prometido
Mayor riqueza.
|
---------------------------
A los villancicos siguen los Diálogos, que además de tratar
de asuntos de navidad y adoración al divino Infante son verdaderas
sátiras destinadas a combatir los vicios y ridiculeces de la sociedad.
Uno de los más graciosos e intencionados es el titulado Las Mentiras.
He aquí su génesis:
Vivía, por aquel tiempo, en Tegucigalpa, un competente carpintero
(padre de un Licenciando y General que fué más tarde Presidente
de Honduras) quien recibió un día del Padre Reyes algunas
piezas de madera para fabricar unos candeleros destinados a la iglesia
La Merced; pero el tiempo transcurría y había embrollo y
plazos, y nunca llegaban a su destino los referidos utensilios. El Padre
Trino compuso entonces un picarezco diálogo de Navidad y aprovechando
el hecho de que el artesano incumplido llegaba con frecuencia a oír
misa, en la primera oportunidad aprovechable, le dió un papel escrito
en solfa para que lo llevara al coro y le indicó que lo tuviera
en la mano frente al músico que debía ejecutar lo que allí
iba escrito. Fué entonces cuando nuestro protagonista oyó
cantar, estupefacto, lo siguiente:
LAS MENTIRAS
- Yo soy, Niño, un carpintero
Que al verte en un muladar,
Una cuna quiere hacerte,
Si la madera le das.
Y te haré unos candeleros
Sin pedirte medio real.
¡Mentiras! ¡mentiras!
Lo quiere engañar,
¡Y con la madera
Se quiere quedar!
Cajones de muertos y trompos hará;
Esas son pamplinas
¡Vaya por allá!
¡Que salga a chiflidos
Luego del Portal!
------------------------
El carpintero, corrido y avergonzado, al día siguiente principió
a fabricar los candeleros en cuestión.
|
-Murió el Padre Reyes, el 20 de septiembre de 1855, dejando un
imborrable recuerdo. Por tantas ejecutorias, exaltemos su nombre y digamos
con Juan Ramón Molina, el aedo prodigioso:
"Loor al dulce poeta. Alabemos a Reyes,
porque llenó las almas con su cristiana luz;
y supo mostrar siempre a las humildes greyes
el poder de la lira y el poder de la cruz".
Tomado del Libro de Lectura de Quinto Grado, de Miguel Navarro (1945).
|
|
Lo cierto era que las rentas no daban para cubrir
las cátedras. La de Medicina había vuelto a desaparecer por
falta de fondos. El Seminario, como nos informa Arellano, tenía
a la sazón siete cátedras y su dotación sumaban mil
quinientos pesos.
El 19 de agosto de 1813 las Cortes expidieron
un nuevo decreto para dar pronto cumplimiento al del 10 de enero de 1812.
En este decreto las Cortes ordenan que la Universidad
de León observe las Constituciones de la Universidad de Guatemala;
que el obispo de la Diócesis y el Gobernador Jefe Político
del partido procedan a nombrar Rector, eligiéndolo entre los doctores
que residan en la ciudad; que se nombre Cancelario al Maestre Escuela de
la Catedral; facultan al Rector y Cancelario a habilitar para examinadores
de los grados de Licenciado o Doctores, a falta de éstos, a los
catedráticos del Seminario, hasta tanto se complete el número
de ocho Doctores; completado ese número, el Rector y el Cancelario
procederán a instalar la Universidad, nombrando Secretario, Conciliarios,
Bedeles, etc...
Las autoridades de la provincia iniciaron de inmediato
el cumplimiento de las resoluciones de las Cortes, pues existía
el más ferviente deseo de ver realizado, cuanto antes, el viejo
anhelo de contar con una Universidad plena. Arellano nos reseña,
en el capítulo IX de su obra, las medidas que las autoridades competentes
adoptaron en tal sentido: el 18 de abril de 1814, el obispo y el Gobernador
eligieron como primer Rector de la Universidad al Doctor en Sagrados Cánones
Francisco Ayerdi y Cancelario al Maestre-Escuela de la Catedral Juan José
Zelaya; el 30 de abril el Obispo dio posesión solemne al Rector.
Sin embargo, como señala Arellano, una
causa mayor impidió esta vez que la Universidad se instalara: el
absolutismo de Fernando VII, quien de regreso al trono en 1814 disuelve
las Cortes y deroga toda su obra, "declarando nulos sus actos, como si
no hubieran pasado jamás y se quitasen de en medio del tiempo..."
En esta forma, todas las gestiones realizadas hasta entonces se vinieron
al suelo. Fue preciso emprender de nuevo la larga lucha iniciada por Ayesta
y llevada a feliz término por el obispo García Jerez.
El infatigable obispo se dirigió entonces
al Monarca suplicándole autorizara la instalación de la Universidad,
pues era de absoluta necesidad su. establecimiento. El Soberano escuchó
al prelado y expidió el 5 de mayo de 1815 la Real Cédula
de autorización, la que "al llegar a León, causó mucho
regocijo".
Pero faltaba aun otro obstáculo que superar:
no había en la ciudad el número necesario de doctores para
integrar el Claustro. "Entonces, nos refiere Arellano con su acostumbrada
tenacidad, García Jerez comunicó al Secretario de Estado
y del Despacho Universal de Indias el 4 de noviembre del mismo año
que, para dotar algunas cátedras y los reparos de la existencia,
proponía. "el que su Real Magestad se dignase conceder el dictado
y honores a algunas personas beneméritas del Estado Eclesiástico".
Para tales honores propuso al Deán Juan
Francisco de Vílchez y Cabrera y al Canónigo Miguel Jerónimo
Guerrero de Arcos.
Luego, como lo advierte Arellano, el obispo, al
parecer resuelto a inaugurar a la mayor brevedad posible la Universidad,
sin esperar respuesta a sus nuevas solicitudes, procedio a nombrar a los
primeros empleados, a tomar posesión él mismo como Cancelario
de la Universidad y a habilitar, en unión del Rector, a los graduados
que actuarían como doctores en los primeros exámenes de grados.
Estos fueron: el Lcdo. Nicolás Buitrago,
catedrático de Instituta; el Lic. Manuel López de la Plata,
catedrático de Teología Moral; Br. Fr. Vicente Caballero,
catedrático de Teología Escolástica y Br. José
María Guerrero, catedrático de Prima de Filosofía.
Y, como estos no eran suficientes para sus propios exámenes, fueron
habilitados el Padre Lector de Teología del convento de la Merced
Fr. Antonio Capará y los bachilleres Pedro Portocarrero y Pedro
Caballero.
Completado el número de doctores previsto
en los decretos, el obispo procedió a la instalación oficial
de la Universidad a las nueve de la mañana del día 24 de
agosto de 1816, en la Sala Capitular del Palacio de la Diócesis.
Culminaron así muchos años de gestiones, a las que consagraron
sus mejores energías Rafael Agustín Ayesta, Tomás
Ruiz y Nicolás García Jerez.
Estos tres excepcionales eclesiásticos
son los auténticos fundadores de la Universidad de León.
A ellos consagra Arellano, con toda justicia, un capítulo especial
de su obra en el que reseña sus biografías y méritos.
Ellos constituyen la rutilante trilogía
que puso los cimientos de la vida universitaria en Nicaragua. La deuda
de la Patria y de la Universidad con estos ilustres varones, por lo que
en medio de tantas dificultades y estrecheces hicieron, es verdaderan1ente
muy grande. Para Arellano quien más merece el título de fundador
de la Universidad de León es el obispo García Jerez, pues
a sus gestiones se debieron los decretos del 10 de enero de 1812, que erigió
Universidad en el Seminario Conciliar de León y el del 19 de agosto
de 1813 que autorizó su instalación.
También a él se debió la
Real Cédula de confirmación del 5 de mayo de 1815 y todas
las medidas que permitieron su instalación definitiva el 24 de agosto
de 1816.
Capítulo aparte merece, para Arellano,
la situación del indio frente a la educación superior. En
esta sección hace ver que si bien la Universidad estaba abierta
a los indios (y uno de ellos Tomás Ruiz, llegó a figurar
entre los fundadores de la Universidad), lo cierto es que el acceso se
limitaba a la minoría indígena noble y rica; es decir, a
los descendientes de indios que colaboraban con el gobierno colonial. "
Tal fue el caso -nos dice Arellano- de Tomás Ruiz, indio descendiente
de los caciques del pueblo de Chinandega", cuyos padres eran "tenidos por
principales de aquel pueblo en el que ha ejercido oficios políticos
y militares" y el de Juan Modesto Hernández "indio noble de subtiava,
bachiller en Derecho de la Universidad de San Carlos". "pues bien -añade
Arellano- la realidad era ésta: a pesar de la igualdad legal entre
españoles e indios establecida en las constituciones de la Universidad
Carolina para ingresar a la misma, sólo los indios nobles tenían
esa posibilidad; los demás permanecían condenados a la opresión
económica desde los primeros años de la conquista. Sólo
así, en este sentido, hay que interpretar el referido inciso que
dice: ... se declara que los indios (como vasallos libres de Su Magestad)
pueden y deben ser admitidos a grados".
El capítulo XII está dedicado a
reseñar las primeras gestiones del Claustro y de las autoridades
de la recién instalada Universidad. Y el XIII al Padre Dr. Tomás
Ruiz, a quien hasta ahora la historia oficial no ha hecho justicia. Este
olvidado prócer revolucionario de nuestra Independencia es, sin
duda, una de las figuras más singulares que han nacido en Nicaragua:
indio de raza, alumno distinguido del Colegio Seminario, del que llegó
a ser Vice Rector y de la Universidad de San Carlos de Guatemala, de cuyo
claustro formó parte, fue uno de los fundadores de la Universidad
de León y prócer auténtico de la Independencia, por
lo cual luchó dentro de una línea verdaderamente revolucionaria,
participando en varias conjuras y alzamientos que le valieron duras condenas.
La Universidad Nacional, interesada en dar a conocer las ejecutorias de
este universitario "ilustrado" y radical, que con tanto fervor y patriotismo
abogó por una Independencia que implicara un cambio del sistema
y un auténtico avance social, publicó el año pasado,
en su "Colección popular" una biografía del Padre Ruiz, escrita
por el propio Arellano. La inclusión de este capítulo sobre
Ruiz en la historia de la Universidad de León está más
que justificada, pues el "Padre-indio" es uno de los universitarios más
valiosos que ha tenido Nicaragua.
El primer tomo termina con un capítulo
de recapitulaciones y conclusiones. También trae como anexos una
sección de documentos, donde se reproducen, entre otras cosas, la
historia de San Ramón Nonnato, tal como la cuenta Fray Justo Pérez
de Urbe¡ O.S.B.; partes dispositivas de las constituciones del Colegio
Seminario, la relación de méritos y ejercicios literarios
de don Rafael Agustín Ayesta; el dictamen del Real Claustro de la
Universidad de San Carlos de Guatemala sobre la concesión de la
facultad de otorgar grados mayores y menores al Seminario Conciliar de
León; las letras testimoniales sobre Tomás Ruiz; la relación
de méritos y ejercicios literarios del doctor Francisco Ayerdi y
el acta de instalación de la Real Universidad de León de
Nicaragua.
A la sección de documentos sigue una cronología,
que va desde el 10 de enero de 1678 hasta el año de 1819. Cierra
la obra un apéndice informativo y la reseña de las fuentes
bibliográficas y documentales.
La Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua,
como legítima continuadora de la ilustre Universidad de León,
se complace en publicar esta Historia. Su edición representa para
el suscrito uno de los logros de su rectorado que más le llenan
de satisfacción.
León, junio de 1973.
Estracto de la introducción del libro:
Historia de la Universidad de León.
Tomo I. Epoca colonial. León, Editorial
Universitaria, 1973, de Jorge Eduardo Arellano.
|

111.1.
SIGNIFICADO GENERAL Y RESCATE DE SU FUNDADOR ANDRES DE LAS NAVAS Y QUEVEDO.
111.1.1. VALORACION
En
la capital de la provincia de Nicaragua, el 15 de Diciembre de 1680, surgió
el Colegio Seminario de San Ramón gracias al celo del Obispo Andrés
de las Navas y Quevedo (1677-1682), de la orden mercedaria
más tarde arzobispo de Guatemala. Nacido como fruto del Concilio
de Trento, en actitud defensiva contra el protestantismo europeo, formaba
sacerdotes de extracción social criolla; pero ya a finales del siglo
XVI 11 sus aulas admitían becados indígenas y alumnos no
seminaristas. Entonces era, después de la Universidad de San Carlos
en Guatemala, el segundo foco académico de la cultura colonial centroamericana.
111.1.2. DESARROLLO
'En su trabajo monográfico
"Fundación del Seminario y la Universidad" (1939), Sofonías
Salvatierra ha referido detallada y documentalmente el desarrollo cronológico
del primer centro: cómo se remonta a 1678, cuando fueron creadas
en León las cátedras de Latinidad y Lenguas Indígenas
-impartidas respectivamente por los presbíteros y licenciados Antonio
Díaz de Expliella y Cristobal Gutiérrez-; cómo se
erige en Colegio Seminario el 15 de Diciembre de 1680, sostenido por los
diezmos y contribuciones del obispado de León y el producto de una
encomienda de Nindirí; cómo es apoyado por los obispos del
siglo XVIII: el dominicano Agustín Morel de Santa Cruz, los españoles
Esteban Lorenzo de Tristán y Juan Félix de Villegas, y los
nicaragüenses Juan Carlos Vílchez y Cabrera y José Antonio
de la Huerta y Caso;: cómo se aumentan sus cátedras, proyectándose
en las demás provincias del Reino de Guatemala, especialmente en
Costa Rica; cómo es reactivado, renovado por el Pbro. Rafael Agustín
Ayesta, su principal Rector; cómo promueve el despertar intelectual
de la provincia a finales del XVIII y principios del XIX, hasta tal punto
que el 15 de mayo de 1807 se transforma en media universidad, con la facultad
de conferir grados menores de bachiller en Filosofía, Medicina,
Derecho Civil y Derecho Canónico; cómo, el 10 de enero de
1812, se autoriza en él -llamado entonces Seminario Conciliar- el
funcionamiento de la Universidad-con las mismas facultades de las demás
de América"; cómo. en fin, el 24 de agosto de 1816 se instala
definitivamente en su edificio, fundiéndose con ella. la misma Real
Universidad de la Inmaculada Concepción de León.(34)
NOTAS:
28. José Toribio Medina :La imprenta en Guatemala. Segunda Edición.
Guatemala, Tipograf ía Nacional, 1960, p. 328.
29 Id., p. 278.
30. Jose Solana :"Relación de méritos y servicios del
Licenciado don Miguel Larreynaga", en Revista de la Academia de Geografía
e Historia de Nicaragua, Tomo IX, Núm. 1, abril de 1947, p. 80.
31. Ignacio Gómez : 'Biografía¡ del ilustre centroamericano
don Miguel Larreynaga", en
Revista de la Academia de Geografía e Historie de Nicaragua,
Núm. cit., p. 2.
32. José Toribo Medina: La imprenta en Guatemala, Op. cit., p.
368.
33. "Copia modernizada del título de abogado de don Nicolás
Buitiago Sandoval...", en Revista del Archivo General de la Nación,
Año 3, Núm. 3, enero a junio, 1969, pp. 97-104; a esta fuente
pertenecen las citas textuales que haremos sobre el abogado leonés.
34. Sofonías Salvatierra: "La fundación del Seminario
(San Ramón) y la Universidad (de León)", en Contribución
a la historia de Centroamérica, Monografías documentales.
Tomo II. Managua, Tipografía Progreso, 1939, pp. 214-275.
35. José Dolores Gámez :Historia de Nicaragua... Managua,
Tipografía de "El País', 1889, p. 238.
36. Todas las citas que haremos de este testimonio se encuentran en
documentos reproducidos en Agustín Estrada Monroy :Datos para la
historia de la Iglesia en Guatemala. Managua, Tipografía Nacional,
1972, pp. 348-350.
37. En Anastasio Somoza García :El verdadero Sandino o el calvario
de la Segovias. Managua, Tipografía Robelo, 1936, p. 262.
38. Ricardo Blanco Segura :Historia Eclesiástica de Costa Rica.
San José, Imprenta Lehmann, 1967, p. 215. |
111.1.3. IMPORTANCIA
A este Colegio, pues, se le debe
el que León haya sido desde entonces la ciudad universitaria por
antonomasia del país, el centro de la formación de los creadores
republicanos de Costa Rica y Honduras, la gestora más importante
de la super-estructura ideológica de nuestra sociedad, la promotora
de la ciencia y el desarrollo jurídico del Estado, la conservadora
-en fin- de la tradición viva de Nicaragua. La irradiante sombra
intelectual de este abuelo de los colegios centroamericanos -como lo ha
llamado Monseñor Marcelino Areas-, trasciende intrahistóricamente,
en pocas palabras, a nuestros días.
Hijo del espíritu eclesiástico
de León y apéndice de su obispado, el San ¡Ramón
fue producto de la cultura católica, universal y unitaria de la
colonia; y sus aulas prepararon a centenares de latinistas y filósofos,
de canonistas y sacerdotes, de médicos y abogados, de políticos
e intelectuales que seria interminable citar; pero muchos de ellos fueron
hombres que ingresaron a la historia de Nicaragua contribuyendo a su desarrollo
cultural.
111.1.4. INTEGRACION A LA REALIDAD
Mas no se crea que el Colegio Seminario
San Ramón permanecía ajeno, antes de la independencia, a
la mundanidad; ni que rechazaba las inquietudes políticas. Bastante
conocida es la activa participación de uno de sus rectores y de
los seminaristas en unos conflictos con el gobernador Antonio Poveda y
Rivadeneyra, a principios del Siglo XVIII. "En el mes de junio de (1 737)recibió
aviso el gobernador -narra el historiador Gámezde que en el Colegio
Seminario había con frecuencia reuniones públicas de seglares,
en las que acaloradamente se discutía sobre los medios de levantar
al pueblo, consintiendo además juegos prohibidos, en que tomaban
parte
los alumnos" (35) Aparte de no estar completamente inmersos en los estudios
teológicos, los seminaristas tampoco se mantenían totalmente
puros, culminando todo ello con una sentencia del Vicario Eclesiástico
que, clavada en la puerta del Seminario, destituía al Rector y prohibía
la continuación de esos juegos y reuniones.
Esta conciencia de integración
a la realidad culminaría el 4 de junio de 1823. cuando los estudiantes
de la Universidad de León se iniciarían en la política
nicaragüense, intentando un movimiento armado -contra las autoridades
del Imperio Mexicano- que postulaba los principios de libertad y soberanía
del pueblo en oposición al anexionismo, todavía monárquico,
de Iturbide. Y es que en el Colegio Seminario San Ramón ya se había
incubado una corriente ideológica antiescolástica y moderna
que lo convertía en centro propulsor- de ilustración con
la presencia de Fr. Buenaventura García, discípulo del reformador
científico de la Universidad de San Carlos, el costarrricense Fr.
Antonio Liendo y Goicoechea, y sobre todo con la del Dr. Tomás Ruiz,
el célebre Padre-indio, alumno primero y luego Vice-Rector, entre
1802 y 1805, del San Ramón.
111.1.5. NAVAS Y QUEVEDO Y SU FIDELIDAD
EVANGELICA ANTE LA OPRESION COLONIALISTA
Pero lo que deseamos recordar no
son los afanes fundadores del Obispo Navas y Quevedo, ampliamente expuestos
por Salvatierra en su monografía citada, sino su poca divulgada
fidelidad evangélica ante la opresión colonialista; no su
gloriosa actividad educativa, que hizo posible en la pequeña provincia
española que era Nicaragua una institución casi superior
solamente cuarenta y cuatro años después de Harvard College,
sino su denuncia de las depredaciones de algunas autoridades coloniales;
no la erección misma del Colegio Seminario -sus constituciones,
sostén económico, horario, primeros alumnos, etc. sino su
testimonio cuestionador del sistema que le tocó vivir, a raíz
de su única visita pastoral.(36).
Esta la hizo para cumplir con el encargo
del rey: el envío de una serie de informes sobre el estado de la
diócesis. Comentando dichos informes, afirma un historiador guatemalteco:
"Un huracán o terremoto no hubiera causado menos estrago que el
que fray Andrés hizo en los ánimos de todos aquellos que
hasta el momento habían vivido cometiendo toda clase de abusos de
autoridad, robos, atropellos y vejaciones". Y tiene razón, porque
Navas y Quevedo denunció clara, contundentemente, a los principales
responsables de la explotación de la provincia durante esos años.
En carta fechada en Granada el 6 de
abril de 1679, el obispo apunta que acababa de difundir un edicto, mandando
a los curas y doctrineros lo hiciesen notorio al pueblo, inter missarum
solemnia, "para que los miserables indios que se hallaran agoviados de
sus Gobernadores, Corregidores y Alcaldes Mayores, acudiesen a Granada
con sus querellas, dentro de treinta días de la fecha, para poner
lanoticjaen los Reales pies de vuestra Majestad"; y añade "No se
ha cumplido el término de los treinta días y ya son diez
y siete los (pueblos) que han acudido con sus querellas de latrocinios,
robos, malos tratamientos y de execraules tratamientos y de execrables
maldades, hechas por sus corregidores, Gobernadores y Alcaldes mayores".
Mas el obispo no ocultaba los nombres y detallaba los atropellos cometidos
por los últimos.
En Sébaco denunció al
Corregidor, el vizcaíno Jacobo de Algayaga, de quien señala
que "dos pestes generales no hubieran hecho el estrago que este tirano
ha hecho, en esta provincia, con estos miserables indios, con sus tratos
y contratos de ropas prohibidas, comercios de brea y añil, quitándoles
públicamentes a los pobres indios sus mulas, cera, vacas, miel y
caballos, que son los frutos de esta provincia, sin dejar senda a los pobres
naturales por donde respirar". Y agrega el obispo que al vecino de Muy
Roque Díaz -indio que había sacado de las monta.-las muchos
indios caribes que convirtió luego a la fe católica-- Alcayaga
le despojó su caudalillo consistente en setenta vacas y once mulas.
"Es la guadaña de este tirano -continúa Navas y Quevedo -,
como la de la muerte, que a ninguno perdona; tiene ultrajadísimo
el estado eclesiástico porque le predican y reprenden su mala vida".
En viaje a Costa Rica, el obispo comprobó
las opresiones del gobernador de esa provincia: Juan Sáenz; y en
El Realejo las del Corregidor José de Villalobos: "Este es el peor
de los dos que llevó referidos -especifica-; con sus tiranías
y sus tratos y comercios, la mitad de los indios de su partido se han consumido,
unos muertos y otros fugitivos a ¡a montaña, sin reservarles
a estos miserables, ni un triste día de fiesta, de la triste tarea
de sacar maderas del monte, para fábricas de navíos que se
fabrican en El Realejo, tomando el Corregidor el dinero del que fabrica
y dejando a los miserables indios sólo el trabajo de conducirles
a El Realejo...Este es el santo gobierno de José de Villalobos,
Corregidor del Realejo", concluía irónicamente su informe
acerca de este explotador. Y en cuanto a otra autoridad más de esta
calaña, el Corregidor de Subtiava, Navas y Quevedo lo denunció
también como tal: "En estas mismas culpas está comprendido
Don Diego Valdés, Corregidor de Subtiava y en otras peores tiene
estancado hasta el respirar de los pobres indios, y dice con mucha desvergüenza,
que si no es obrando como obra, ¿cómo ha de sacar tres mil
pesos que le costó el dicho Corregimiento?.
El obispo denunció, asimismo,
los abusos y subterfugios de otro tirano: el deán y Comisario del
Santo Oficio Ginez Ruiz, quien gobernaba la diócesis vacante tras
el faIlacimiento del antecesor de Navas y Quevedo. Este, pues, tuvo que
enfrentarse al deán -que por su parte no dejó de desatarle
la guerra y de calumniarlo- hasta que logró desterrar de León.
Sin embargo, no todo era desastroso
en la provincia, pues ésta había sido gobernada por un sujeto
que, después de un conflicto con los criollos granadinos, terminó
de hermano coadjutor jesuita en México, Nos referimos a Pablo de
Loyola, elogiado por Navas y Quevedo: "(En Nicaragua) ha gobernado seis
años el Capitán Don Pablo de Loyola, con la aprobación
general de todos, que puediera haber gobernado el Apóstol San Pedro;
ojalá Señor, fuera su gobierno eterno...: ojalá del
espíritu de Don Pablo de Loyola pudiera, Vuestra Majestad, vestir
las almas de los que gobiernan en estas provincias de mi Obispado; a boca
llena todos le llaman el Gobernador santo".
Con la anterior denuncia de la injusticia,
el hombre del siglo XVII que fue Navas y Quevedo queda rescatado para nuestros
días, pues detrás de ella se halla una orientación
evangélica de signo popular, continuadora de la desarrollada por
el obispo Antonio de Valdivieso en el siglo XVI, pero sin la condición
excelsa del martirio de éste.
III.1.6. EL "VIEJO LEON ESPANOL"
Finalmente, queremos recordar que
el San Ramón no sólo ha constituido una piedra angular de
la cultura nicaragüense: también ha sido un celoso guardián
de ese viejo León español que, según el General Sandino
en su "Manifiesto a los hombres del Departamento leonés", es "símbolo
espiritual de este globo terrestre".
111.2. EL RECTORADO DE RAFAEL AGUSTIN
AYESTA
Con el rectorado de Rafael Agustín
Ayesta a partir de 1787, el Seminario Conciliar recibió un nuevo
impulso. Por algo en 1799, cuando gozaba de una decena de cátedras,
ya se pedía para él la facultad de dar grados académicos
con las mismas prerrogetivas de la Universidad de San Carlos: el 3 de Noviembre
de ese año el Ayuntamiento de Cartago aprobó la idea expuesta
por Francisco Ruiz de Santiago, Procurador General de la Provincia de Costa
Rica.(38)
111.2.1. INICIO DE LA PROYECCION CENTROAMERICANA
Se gestaba su proyección centroamericana
-que más tarde alcanzaría proporciones mayores-, formando
a la mayoría de los sacerdotes costarricenses y recibiendo a jóvenes
de las provincias de Honduras y El Salvador: "con sólo la noticia
del estado en que se hayan las letra enesteColegio -informa el Gobernador
Intendente en Octubre de 1803-, no faltan jóvenes de dichas provincias
que hayan venido a fin de estudiar".(39)
111.2.2. LAS CATEDRAS
Cinco meses antes de redactarse este
informe, habían dejado de existir las cuatro cátedras creadas
y sostenidas por el obispo Huerta y Caso, entre ellas la de Medicina y
Cirugía; ;,'se acabaron con su fallecimiento", afirmaba el mismo
funcionario, agregando: "No prometían una estabilidad que convenía
al intento". Por eso no las incluyó entre las que enseñaban
a fines de 1803:
Cátedra Catedrático
Alumnos Horas Dotación anual
Latinidad (o Gramática Francisco
Chavarría 73 cuatro . 200 pesos
Latina)
Teología Moral Rafael Agustín
Ayesta 15 una 200 pesos
Filosofía Tomás Ruiz
38 dos 200 pesos
Sagrados Cánones Francisco
Ayerdi 19 dos 300 pesos
Teología Escolástica
una 200 pesos
Instituta Civil Nicolás Buitrago
Sandoval 11 una 200 pesos
Leyes Manuel López de la Plata
11 una 200 pesos
Las dos primeras cátedras,
subsistentes desde la fundación del Seminario, estaban dotadas por
la real caja y las restantes de nueva erección, salvo la de Leyes
-mantenida por el rédito o interés devengado de doscientos
pesos por los cuatro mil que había cedido para ese fin el difunto
Arcediano José Antonio López de la Plata- por sus propias
rentas. Persuadido de que ningún catedrático dejaba de cumplir
sus funciones por falta de sustentación económica, el Gobernador
consideró que esos fondos no perjudicaban los otros gastos indispensables
y confirmaba:
"pues es notorio que el presente Rector
ha reedificado la casa del Seminariq fabricado un oratorio, proveído
de ornamentos, al mismo tiempo que han estado corrientes las rentas de
los catedráticos y los alimentos de los seminaristas, por lo que
no duda en afirmar el Intendente, que además de ser suficientes
las dotaciones, son competentes los fondos de donde sacan contribuciones,
y aseguran su estabilidad y permanencia".
111.2.3. EL GOBIERNO ECONOMICO
Ayesta había solucionado el
gobierno económico, la mayor deficiencia del Seminario por muchas
décadas, desde los primeros años de su rectorado. Florencio
del Castillo, a propósito, alude a sus paternales sacrificios en
ese aspecto, exclamando: " ¡Qué economía para ahorrar
los gastos superfluos. Qué industria para aumentar sus rentas".(40)
Además de agregar varias piezas al edificio y de amueblarlas convenientemente,
aumentó la biblioteca; en síntesis: se entregó de
lleno al Seminario y a sus alumnos, vigilándolos con disciplinada
constancia para establecer el orden necesario. Uno de sus contemporáneos
recuerda que se valía de mil arbitrios para promover sus adelantos,
inspirándoles una noble emulación con exhortaciones, reprensiones
y castigos. Y un divulgador de viva tradición apunta que cuidaba
de los mismos "como buen padre de familia, sentándose con ellos
a la mesa diariamente y dándoles ejemplos de frugalidad y buenas
costumbres". (41)
111.2.4. EL DESPERTAR INTELECTUAL
DE NICARAGUA
La provincia comenzó a despertar
intelectualmente debido al infatigable celo de Ayesta. Aunque de mentalidad
tradicional, fortalecida con el ejercicio de la virtud y del amor al prójimo,
el último era un "ilustrado" por su espíritu progresista.
"El amor a las ciencias - refiere el citado del Castillo- fue su pasión
dominante; su alma ilustrada conocía muy bien las utilidades, que
resultan de su cultivo".(42) Durante su rectorado los actos literarios
eran frecuentes. Del Castillo, su discípulo, expresa la satisfacción
que le causaba el progreso literario de los niños: " ¡Que
gozo sentía su alma, cuando un alumno en una edad tierna defendía
en público, y con lucimiento, algunas conclusiones'* (43)
111.2.5. EL EXAMEN DE FLORENCIO DEL
CASTILLO
El examen que defendió el
mismo del Castillo, al terminar sus estudios, repercutió en Guatemala.
Allí, en 1797, un eclesiastico había dicho que Nicaragua
era "la Noruega de la literatura": pues bien, el examen aludido exigía
rectificar esa calificación peyorativa. Al recibirse en la capital
del Reino su tarja manuscrita, un redactor de la Gazeta de Guatemala apuntó
el 20 de Junio de 1802:
"Acordándonos de esta negra
nota (haber llamado Noruega de la literatura a Nicaragua) damos lugar en
nuestro periódico a la siguiente tarja que de la ciudad de León
se ha remitido a ésta para imprimirse, como se acaba de hacer en
castellano con las correspondientes licencias. Por ello se juzgará
o que Nicaragua no estaba tan en tinieblas, o que después de cinco
años le ha entrado su competente Crepúsculo de luz". (44)
Bajo la dirección del catedrático
de Cánones, Francisco Ayerdi, el examen versó sobre."las
conclusiones que ofrecen los Cánones comprendidos en el Código
que vertió Dionisio Exigno, y las que dan los aumentos del código
griego, hasta los Cánones del séptimo Concilio general de
la Iglesia Romana", dando el sustentante "razón de los colectores,
autoridad y tiempo en que se hicieron los códices de que usó
la Iglesia en los primeros ocho siglos, y las demás cosas que conduzcan
a su perfecta inteligencia". (45) Un años después, ya catedrático
de geometría elemental, del Castillo dirigó el examen de
sus alumnos Miguel Alegría y Francisco de Benavente, como da cuenta
la Gaceta el 28 de Noviembre de 1803(46) Ese periódico recogía
frecuentemente crónicas sobre los eventos innovadores del Seminario,
como el dirigido por Tomás Ruiz, catedrático de Filosofía.
Este examinó a sus alumnos Félix Pedro Avilés, Juan
de los Santos suazo, José Dolores Calvo y Desiderio de la Quadra,
quienes sostuvieron los siguientes puntos,: "De Lógica: elementos
del arte de pensar, por Condillac; de Metafísica: su naturaleza,
su división y las materias de que trata. De la (Metafísica)
especial: La existencia de Dios, exponiendo y refutando los varios sistemas
de los ateístas. La incorporeidad del alma: explicando el origen
de sus ideas y las opiniones que hay sobre -su, mutuo comercio.-(47)
111.2.6. LOS ACTOS LITERARIOS
En esos actos literarios -así
se denominaba a las disertaciones públicas- los actuantes merecían
"el aplauso de su instrucción" y los catedráticos daban "pruebas
nada equívocas de su eficacia".(48) Para Octubre de 1803 habían
tenido lugar cuatro y se disponía de otro de Instituta Civil, cuyas
tarjas ya estaban impresas en Guatemala. En León no había
imprenta, aunque era uno de los sueños de Ayesta, motivado seguramente
por las numerosas tarjas que salían del Seminario. A los pocos años
José Cecilio del Valle, en efecto, deseaba que la Diputación
Provincial de León "con el fondo de propios, o elde comunidades
o por suscripción de patriotas, compre una imprenta en España,
en la Habana, o en el norte de América, y se realizan los pensamientos
del benemérito eclesiástico D (on) Rafael Ayesta".(49)
El Seminario Conciliar de León,
corno se dijo, constituía el segundo foco académico de la
cultura colonial en Centroamérica. Surgido a mediados del siglo
XVII, su fin era recoger a la juventud y educarla en buenas y loables costumbres
-de acuerdo a sus constituciones- para que fuera útil a la Catedral,
de acuerdo con el mandato del Concilio de Trento. Desde entonces se prefería
a los naturales y domicilarios de la provincia que, a fines del XVIII,
estudiaban para ocupar los cargos administrativos y eclesiásticos
monopolizados por forasteros. Hasta 1787, su desarrollo fue muy pobre:
no había egresado de sus aulas el número de sacerdotes que
se necesitaba ni éstos obtenían el nivel cultural esperado.
Pero Ayesta remedió la situación, preocupándose por
las costumbres de los seminaristas: gracias a él "cada niño
que recibía en el Seminario, juzgaba que la Provincia le había
puesto a su cuidado, para que conservase su inocencia, para que formase
un verdadero Cristiano, un Eclesiástico perfecto" . (50)
111.2.7. PERSONALIDAD Y OBRA DE AYESTA
El celoso Rector poseía el
secreto de hacerse amar y respetar al mismo tiempo: sus discípulos
le obedecían sin exasperarse, le temían sin aborrecerle y
le amaban sin despreciarlo". A mediados de 1809, al morir su obra había
incluido muchos exámenes públicos -en los cuales se defendieron
conclusiones doctas y extensas- y numerosos ministros formados bajo su
dirección y conducta, "jueces íntegros, jurisconsultos sabidos,
y facultativos hábiles, que ejercen sabiamente el arte de la salud".
Por su parte, el hecho de que la Ilustración se había difundido
hasta en las clases interiores de los barrios obligó al último
Vice-Rector del Seminario, Florencio del Castillo, a formular la siguiente
pregunta afirmativa a las honras de sus funerales: "¿Esta circunstancias
sola, no ha hecho que León sea la primera ciudad, después
de la capital del Reynor'.
111.2.8. LA ENSENANZA TRADICIONAL
Una enseñanza tradicional,
como se ve, predominaba en el plantel de virtudes y letras que era el Seminario.
Casi todos los textos leídos en sus cátedras tenían
esa característica, por ejemplo el natal de Alexandro Ligorio Echarri
y el compendio de Lárraga, ocupados por Ayesta en sus clases de
Teología. La Filosofía andaba por ese mismo camino: era escolástica,
como el curso que había impartido de 1792 a 1794 el Br. José
Antonio Chamorro, egresado del Colegio Tridentino de Guatemala y autor
de unas Propositiones/ et universa Aristotelico Thomistical/Filosofía
y del siguiente folleto de cincuenta páginas:
IEnchyriclio Thesium and certamen
dogmatico-historico, critico, morale, Teologicum, circa principaliores
y Virtutes, Fidel Scilicet, Spem & Charitatem; atque ipfarum vitia
appofita, ex devoto animo sacratum Sancto Ignatio de Loyola Sociatatis
Jesu Fundator, atque in spsius honorem defenditur in Regia, Pontificia
Carolina palestra hujus N. Guatimalae, D. O. M. Ipsius Genitrice semper
Virgen .... (51)
111.2.9. LAS MENTALIDADES ILUSTRADAS
Sin embargo, no todos los estudios
del Seminario eran tradicionales. Tomás Ruíz, conocido por
su auténtica mentalidad ilustrada y por su reacción antiescolástica
en Guatemala, impartía a Condillac en la clase de Lógica
de su cátedra de Filosofía en 1803. Por tanto: la Ilustración
se enseñaba oficialmente en el Seminario. El mercedario Fr. Buenaventura
García se hizo cargo de la Teología Escolástica por
unos meses, hasta que fue destinado a la encomienda de Tegucigalpa, probablemente
por su convicción racionalista; participante de la reforma universitaria
de Liendo y Goicoechea, había sostenido en 1785 que "el conocimiento
de las cosas puramente naturales no debe ser inquirido por los estudios
de las Sagrada Letras, sino que deben ser investigados por la razón
humane'. (52)
No se sabe hasta qué punto
influyeron las ideas renovadoras de estos clérigos. En 1803 García
ya estaba lejos de León: "no tierra esta clase (la de Teología
Escolástica) en la actualidad maestro que la eroeñe".(53)
De manera que es muy probable que no se haya sentido su presencia como
la de Tomás Ruiz, a quien en 1802 el obispo Huerta y Caso "confirió
el título de Vice-Rector de este Seminario".(54) Ruiz desempeñd
ese cargo durante cinco años, tiempo suficiente para imbuir a los
alumnos de su ideología Ilustrada; uno de ellos fue Rafael Francisco
Osejo que introdujo a Rousseau en Costa Rica: en sus escritos citaba al
ingenioso autor del Contrato Social y en su biblioteca aparecía
el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad de condiciones
entre los hombres. A través de Ruiz, conoció la idea de la
soberanía popular que puede apreciarse, como se ha señalado,
en estos párrafos de su folleto: Apología de la Ley Aprilia
y su Confirmatoria: "nada es más importante a la libertad que la
firmeza conveniente para
arrostrar y reprimir los primeros
pasos de la arbitrariedad. Cada ciudadano, como une fracción de
la soberanía y como interesado en la conservación y puntual
observancia de la Ley, tiene el derecho sagrado e incontestable de exigir
el cumplimiento de ésta..."(55)
111.2.10. TOMAS RUIZ Y SU REFORMA
MODERNIZANTE
Por lo visto, Ruiz divulgó
en el Seminario una corriente de pensamiento distinta de la tradicional
que no hizo variar su estructura; a pesar de ello, fue recogida por algunos
discípulos que salieron del estrecho círculo del escolasticismo,
nutriéndose de nuevas doctrinas, como se afirma tradicionalmente.(56)
Y hasta parece que intentó una reforma enti-escolástica y
modernizante, lo más seguro hija de la de Liendo y Goicoechea: en
efecto, escribió un tratado sobre reformas de métodos de
enseñanza. Por la siguiente anécdota todo parece indicar
que se trataba de un texto significativo: "cuando en una ocasión
el Ordinario Eclesiástico quiso obligarlo a retractarse de ciertas
teorías que expuso en su obra como novedades, prefirió la
suspensión de sus funciones sacerdotales a la apostasía de
su criterio convencido".(57)
111.3. SU TRANSFORMACION EN UNIVERSIDAD
MENOR
A pesar de su apreciable desarrollo
durante los últimos años del siglo XVIII, el Colegio Seminario
carecía del derecho de conferir grados universitarios; esta limitación
obligaba a unos cuantos de sus cursantes, como era costumbre, emprender
sus estudios en Guatemala. Si éstos experimentaban desgracias y
estravlos morales, quienes se quedaban en León -sin aquellos grados-
no podían aspirar al desempeño de las funciones públicas
que requerían el doctorado, la licenciatura y el bachillerato.
111.3.1. LA SOLICITUD DE AYESTA
Comprendiendo dichos inconvenientes,
el Rector Ayesta solicitó al Rey que, tras una investigación
previa, autorizara al obispo de la diócesis poder conferir a los
alumnos del Colegio Seminario los grados mayores y menores; en su exposición,
alegaba que en el Colegio de San Antonio en el Cuzco y en los Seminarios
de Santa Fe y Quito -sin mayores méritos que los del Seminario-
se concedía a sus cursantes toda clase de grados por sus respectivos
diocesanos y que la distancia entre aquellos centros y las universidades
de sus reinos era menor que la existente entre León y Guatemala.(58)
111.3.2. LA CEDULA DEL 20 DE MAYO
DE 1803
Elevada al Rey en Madrid por Diego
José Borrero, esta petición tuvo su respuesta en la cédula
del 20 de mayo de 1803 que ordenaba al Capitán General de Guatemala,
Y Presidente de la Audiencia del mismo nombre, Antonio González
Mollinedo y Saravia, un informe del caso. El Procurador Francisco Alvert
siguió las gestiones, solicitando la Audiencia dar curso a la cédula;
así se hizo: el Presidente, en auto del 20 de Septiembre del mismo
año, lo trasladó al Fiscal Diego Piloña -de la misma
Audiencia-, quien a los tres días pidió al Gobernador Intendente
de Nicaragua remitiese un certificado de las cátedras existentes
en León y de sus dotaciones, horas de magisterio y maestros que
la servían, número de cursantes y oyentes de las mismas.
Piloña agregaba que el Gobernador Intendente, debía enumerar
también los autores que se enseñaban, al igual que los exercicios
literarios practicados en cada una de sus cátedras, para que el
informe pudiera introducirse al Real Claustro.
111.3.3. EL DICTAMEN DEL CAUSTRO DE
LA UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS
El Gobernador Intendente rindió
una información satisfactoria. Y en auto del 2 de noviembre de 1803,
el Presidente de la Audiencia entregaba dicho informe al Real Claustro
de la Universidad Carolina que, a la semana, dictaminaba a favor de la
gracia solicitada por Ayesta. Según dicho Claustro, el Rey habría
de nombrar al Rector y a los Diputados que formarían el plan de
estudios y las constituciones de la nueva Universidad; "podrá también
autorizarlos -prosegía- para examinar y dar grados mayores y menores
a los que se presentaren teniendo los requisitos de la ley".159) En esta
consideración, la Junta podría otorgar doce grados mayores
a las personas dignas del título de Doctor sin que gastasen nada
y en un examen secreto y riguroso, hecho por los mismos diputados, prefiriendo
conceder esta gracia -en primer lugar- a los catedráticos del Seminario
qu^ la solicitasen y luego a los graduados de Bachiller.
Con la firma de todos los integrantes
del Claustro, entre los cuales se hallaban el Rector Doctor José
Simeón Cañas y el catedrático Doctor Tomás
Ruiz, este dictamen se incorporó al expediente de la exposición
de Ayesta el 10 de noviembre de 1803. Demás está decir que
fue determinante para la obtención de los grados menores y en el
proceso general de la fundación de la Universidad.
111.3.4. LA CEDULA DEL 18 DE AGOSTO
DE 1806
Los trámites continuaron lentamente
en la Audiencia, de manera que hasta el 18 de agosto de 1806 vino la autorización
real. Esta se limitaba a los grados menores que debían conferirse
según lo dispuesto en las constituciones universitarias de Guatemala.
Luego, el 7 de abril de 1807, el Fiscal de la misma Audiencia expresó
que el Rector del Colegio Seminario San Ramón admitiese y proveyese
las representaciones que hicieran los aspirantes a grados nombrando Secretario
que se entendiera con los mismos, los asistiese y llevase las matrículas;
dispuso, además que se exigiese derechos a todos aquellos que los
solicitaran, debiendo el Rector llevar cuenta exacta para rendirla en su
oportunidad al Vice-patronato de la Audiencia.
111.3.5. EL DICTAMEN DEL ASESOR GENERAL
DE LA AUDIENCIA
El Asesor General, a 10 del mismo
mes, dictaminó que Ayesta estaba autorizado para conferir los grados
y que debía hacerlo "en conformidad a la práctica de esta
Real Universidad (de San Carlos)"; por eso suplicaba al Claustro de la
misma un ejemplar de sus constituciones para ser enviado al Rector del
Colegio Seminario de León. Añadía que, nombrados los
"empleados de necesidad en las funciones y cargos de estos ejercicios",
se consultaran a la Audiencia "las dudas e impedimentos que ocurriesen
en su ejecución".(60) Así, el 13 de mayo Ayesta juramentaba
-in verbo sacerdotis et ad Santa Dei Evangelia- cumplir con la cédula
real y los dictámenes del Claustro de la capital del Reino y de
la Audiencia. Ese mismo día, en consecuencia, nombró Secretario
a Pedro Solís y convocó a los catedráticos para que
el 16, a las nueve de la mañana, concurriesen a la capilla del Seminario
con sus alumnos a oir la comunicación de que su centro de estudios
ya podía otorgar grados menores.
111.3.6. MISA SOLEMNE DE GRACIAS Y
SERMON DE TOMAS RUIZ
Ayesta también decidió
celebrar una misa solemne de gracia por la cédula recibida, "patente
la Magestad sacramentada, Sermón y Te-Deum" el 15 de mayo, convidando
a los cuerpos distinguidos, comunidades religiosas y personas visibles
de la ciudad para que solemnizaran la función "y que acompañando
sus oraciones con las de este Seminario pidan al Señor continúe
sus vendiciones (sic) sobre esta casa".(61) Con toda pompa, el acto se
llevó a efecto en la fecha señalada. La nota de mayor relieve
consistió en el sermón del catedrático de Filosofía
y Vice-Rector Doctor Tomás Ruiz, orador fogoso que deleitaba siempre
a su auditorio. Tal fue la celebridad de esa pieza que llegó a imprimirse
ese mismo año en la imprenta guatemalteca de Ignacio Beteta.(62)
IV.1. DE LA UNIVERSIDAD MENOR A LA
INSTALACION DEFINITIVA IV.1.1. DISCURSO DEL DOCTOR QUIÑONES E INICIO
DE LAS CLASES
El 16 de mayo de 1807, veinticuatro
horas después de las gracias al Altísimo, el Colegio Seminario
San Ramón se erigió en Universidad menor. Todos los catedráticos
y alumnos, reunidos en la capilla a las nueve de la mañana, recibieron
la comunicación oficial como lo había acordado el Rector.
La ceremonia de esediaconcluyó, antes deiniciarse las clases, con
41 discurso del Dr. Francisco Quiñones, responsable de la cátedra
de Medicina, restablecida a iniciativa del voto consultivo de la Audiencia
que, a 22 de octubre de 1804, la había solicitado "por estar destruidas
las provincias de este Reino del auxilio de facultativos de esta clase".163)
IV.1.2. EJEMPLOS DE LA ACTIVIDAD UNIVERSITARIA
Dt.de entonces, León comenzó
a tener una actividad universitaria continua que no es necesario detallar.
Basta referir tres de sus ejemplos iniciales más importantes: la
solicitud de Ayesta al Presidente de la Audiencia, el 7 de julio de 1807,
para usar las armas reales y fabricar una cátedra de caoba destinada
a los actos públicos; la obtención del título de Bachiller
en Filosofía, en octubre de 1808, por el mulato Florencio Fonseca
-que pidió declarar nulo el bachiller Pedro Agüero, odiosa
distinción que no prosperó- y el elogio de la Gazeta de guatemala,
en el mes siguiente, a las tarjas de los graduados en Medicina que, bajo
la dirección del doctor Quiñones, habrían de disertar
sobre los principios de Cirugía de Hernán Boerhave: Aphorismi
de cognoscendis et curandis morbis in ix usum doctrinas medicae; se trataba
de José Antonio Lacayo y Manuel del Sol.
IV.1.3. LA MUERTE DE AYESTA Y LA GESTION
DE GARCIA JEREZ
Pero el 4 de julio de 1809 fallecía
el Rector Ayesta en León y en sus funerales los catedráticos
Florencio del Castillo y Francisco Ayerdi, respectivamente, pronunciaron
un discurso y un sermón. ¿Quién, entonces, seguiría
sus gestiones para obtener los grados mayores? El obispo Fr. Nicolás
García Jerez, activo propulsor de la Universidad, quien antes de
finalizar el año siguiente hallábase en León cuando
surgía en la provincia el ánimo independentista. Por su irreductible
fidelidad monárquica, García Jerez recibió del Capi-
La Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León de
Nicaragua
tán General Antonio González
Mollinedo y Saravia la previsión de ser designado sucesor de José
Salvador en caso de producirse una conmoción popular. Y así
fue: no solamente presidió la Junta formada a raíz del movimiento
del 11 de diciembre de 1811, sino que pocos días más tarde
asumía la Gobernación Intendencia de Nicaragua.
En ese cargo, el obispo García
Jerez continuó la gestión para convertir en completa Universidad
la media que funcionaba en el Seminario; pero antes que la señalemos,
es necesario ubicarla dentro de la situación política de
España en esos años.
IV.1.4. DECADENCIA DE LA MONARQUIA
ABSOLUTISTA DE ESPAÑA
Desde el reinado de Carlos IV, la
monarquía absolutista de los borbones españoles sufría
una franca decadencia hasta el punto de llegar a desaparecer, en 1808,
con la invasión napoleónica; consecuentemente, nació
la aspiración de constituir una monarquía Constitucional.
Trasladados a Francia Carlos IV y su hijo Fernando VII, y proclamado Rey
José Bonaparte, la resistencia española organizó en
Aranjuez, el 25 de Septiembre del año citado, una Junta Central
para gobernar en nombre de Fernando VII. Presidida interinamente por el
Conde de Floridablanca, la Junta convocó a los americanos a integrarla
con una representación de cada una de sus colonias que debía
ser nacido en estas tierras -de acuerdo a la orden real firmada en Sevilla
el 22 de enero de 1809- y al año siguiente hizo otra convocatoria
-esta vez a Cortes Generales y Extraordinariasque desarrolló en
no pocos ilustrados centroamericanos, tanto criollos como españoles,
el ideario constitucionalista. Por decreto del 4 de enero de 1810, la misma
Junta estableció que cada provincia estaba obligada a enviar un
diputado a las Cortes de Cádiz. Guatemala nombró al Canónigo
Penitenciario Antonio Larrazábal. Nicaragua y Costa Rica a Antonio
López de la Plata y a Florencio del Castillo, formado en las aulas
del Seminario, respectivamente.
IV.1.5. EL DECRETO DEL 10 DE ENERO
DE 1812
Examinado el testimonio remitido
por García Jerez a fines de 1811, se expidió el ansiado decreto
el 10 de enero de 1812. Su parte esencial decía: "Atendiendo las
Cortes Generales y Extraordinarias a las circunstancias particulares en
que se halla el Seminanario de León de Nicaragua y las ventajas
que en general resultan a la nación de fomentar los establecimientos
de educación pública decretan: Primero: en el Seminario de
León de Nicaragua se erigirá Universidad con las mismas facultades
de las demás de América".(64) Agregaba que el Consejo de
Regencia de las mismas Cortes ordenaría el plan que regiría
dicha Universidad.Una vez ordenada la ejecución debida, el diputado
por Nicaragua López de la Plata manifestó la utilidad de
su cumplimiento inmediato: el 12 de febrero del mismo año el español
Antonio de la Cuesta rendía un informe crítico del Seminario
en la propia península; el 2 de marzo el encargado del Despacho
y Gracia de la Regencia, Ignacio de la Pezuela, trasladaba al Consejo de
Indias los textos de García Jerez, López de la Plata y Cuesta
para que ordenase el plan de estudios; basado en esas mismas exposiciones,
el Fiscal del mismo Consejo dictaminó el 12 de abril de 1812 que
no se podía proceder a la formación del plan y de la constitución
de la nueva Universidad definitiva, hasta que el obispo y la provincia
en general designaran los fondos necesarios "para la competente dotación
de los maestros y dependientes de la Universidad, y aumento de cátedras
y el método de estudios conveniente—. (65)
Is v ¿iza)oi(..l r
IV.1.7. CATEDRAS Y DOTACIONES
El Seminario o media Universidad
tenía siete cátedras: Latinidad, Teología Moral, Teología
Escolástica, Filosofía, Sagrados Cánones, Instituta
Civil y Leyes (la Medicina había desaparecido de nuevo por falta
de fondos) y su dotación sumaba mil quinientos pesos, pagados de
esta manera: 400 por las reales cajas, 200 por el interés del dinero
que había donado el difunto Arcediano José Albino López
de la Plata y 900 por sus fondos propios. No era firme, pues, la sustentación
económica del ya autorizado establecimiento universitario. Un informe
del Rector Francisco Esteban Mayorga, otro de los nicaragüenses graduados
a fines del siglo XVIII, confirma esa cantidad. La escasez de dinero, sin
embargo, no impedía el desarrollo académico. Por esos días
sucedió un acto de generoso patriotismo: los catedráticos
Francisco Ayerdi, Nicolás Buitrago Sandoval, Francisco Quiñones,
José María Guerrero y Franciso Chavarría, ofrecieron
sus servicios gratuitos para continuar las cátedras que impartían,
pagadas por las donaciones propias del Colegio Seminario.
Mas, en realidad, su enseñanza
era defectuosa: "Con una sola cátedra de Latinidad en la que hay
73 discípulos -decía el Fiscal de la Audiencia, poniendo
un ejemplo— aunque el maestro emplee cuatro horas de enseñanza,
mal habrá atender a tan crecido número de discípulos,
entre los cuales por necesidad hablará de las distintas clases de
rudimentos, sintaxis y propiedad de la lengua latina, sin contar la retórica,
por lo que aquel estudio saldrá precisamente imperfecto y crudo,
vicio que puede durar toda la vida".(66) En resumen, el Fiscal consideraba
preciso para elevar el Seminario a Universidad definitiva aumentar, cuando
no una cátedra de Latinidad, al menos un pasante que ayude al maestro
y lo sustituya en caso de enfermedad o de otro legítimo impedimento,
componer el curso de Filosofía en tres cátedras: una de Lógica
y Metafísica, la otra de Filosofía Moral y la última
de Matemáticas y Física Experimental; sustituir las cátedras
de Teología Moral y Teología Escolástica por las de
Instituciones Teológicas; crear dos o más de Instituciones
Canónicas en vez de la única que existía; enseñar
las fuentes del derecho civil de los roma.
Ínos y del derecho patrio (español)
en las cátedras de Instituta Civil y Leyes; restablecer la de Liturgia
Eclesiástica que había cesado con la muerte de su fundador
el obispo Huerta y Caso; y establecer una de Concilios y otra de Leyes
del Reyno. "Con estas cátedras -conclu ía- se puede uniformar
la Universidad de Nicaragua con las Universidades reformadas en la península".(67)
Aprobado el 5 de Mayo de 1812, este
dictamen fue remitido a la Secretaría de la Gobernación de
Ultramar que despachó orden al Presidente de la Audiencia de Guatemala
el 6 de agosto. Pero el informe de éste nunca llegó y, como
se retrasaba tanto la deseada fundación, las Cortes expidieron un
nuevo decreto el 19 de Agosto de 1813, con el fin de que cuanto antes diera
efecto el decreto del 10 de Enero de 1812, habiendo tenido a bien resolver
los puntos que textualmente decían: "Primero: para que desde luego
se instale la Universidad en la dicha ciudad de León de Nicaragua,
se observarán las Constituciones de la de Guatemala hasta tanto
las Cortes sancionen el plan general de estudios para todas la universidades
del Reyno. Segundo: el Reverendo Obispo de aquella Diócesis y el
actual Gobernador Jefe Político del partido procederán al
nombramiento de Rector para aquella Universidad, eligiéndolo entro
los doctores que allí residan y para Cancelario de misma nombrarán
al que fuere Maestre Escuela de aquella Catedral. Tercero: para el efecto
sólo de facilitar que se confieran los grados mayores en las respectivas
facultades de que hay cátedras erigidas y cursantes en aquel Seminario,
el Rector y Cancelario habilitarán para examinadores de los grados
de Licenciados o Doctores, a falta de éstos, a los catedráticos
del mismo Seminario, hasta tanto que se complete el número de ocho
Doctores, contados los que allí existían, pues llenado que
sea este número se entenderá que ha cesado la habilitación.
Cuarto: los referidos catedráticos que quisieron ascender a los
grados de maestros, Licenciados o Doctores, deberán sufrir así
como los anteriores los exámenes prevenidos por las Constituciones
de la Universidad de Guatemala, a más del grado de Bachiller, años
de pansantía y demás requisitos sin que en este parte se
dispense alguno. Quinto: habiendo el expresado número de ocho Doctores,
congregados que sean, por el Rector y Cancelario, se tendrá por
instalada la Universidad y procederá a los nombramientos de Secretario,
Conciliará, Bedeles y demás oficios que deban nombrarse,
así entre los individuos de que se componga el Claustro como en
los Bachilleres de las respectivas facultades. Y Sexto: se erigirá
en esta Universidad una cátedra de la Constitución de la
Monarquía Española.". (68)
El 29 de Agosto de 1813, el Secretario
de Estado y del Despacho de la Gobernación de Ultramar envió
la anterior resolución al Capitán General Bustamante y Guerra,
quien -al recibirlo- la trasladó al obispo García Jerez.
Este había dejado de gobernar oficialmente Nicaragua desde el 15
de octubre de 1812, fecha en que fue nombrado interinamente el Corona¡
Juan Bautista Cual. Reunidas el 18 de Abril de 1814, ambas autoridades
eligieron Rector de la Universidad al Doctor en Sagrados Cánones
Francisco Ayerdi y Cancelario al Maestre-Escuela de la Catedral Juan José
Zelaya. El 19 se le comunicó el nombramiento al último y
el 29 al primero que, compareciendo ante el obispo, "puesto de rodillas
hizo y prestó el juramento prevenido en las constituciones de la
Reel Universidad de Guatemala que se mandan en el decreto de las Soberanas
Cortes- (el 19 de Agosto de 1813) y "asimismo juró de guardar y
hacer guardar la constitución política de la Monarquía
Española".(69) El 30 de Abril el obispo dispuso dar posesión
formal al primer Rector de la Universidad "con todas las Seremonias, (sic)
y solemnidades", comisionando para ello al Pbro. Francisco (Esteban) Mayorga,
Rector del Seminario.170)
Y el 2 de Mayo, en cumplimiento de
lo mandado en el auto anterior, Mayorga dio posesión a Ayerdi del
nuevo rectorado, reunidos en la capilla con todos los catedráticos
y cursantes. Pero la Universidad no pudo instalarse por una causa mayor.
Fernando VII, de regreso al trono,
disolvía las Cortes por decreto del 4 de Mayo del mismo año
e instauraba la represión absolutista, capturando a los diputados
y condenándolos a presidio. En consecuencia: quedaban abolidos todos
los anteriores decretos; había, pues, que reiniciar las gestiones.
Basado en los ya conocidos decretos del 10 de Enero de 1812 y del 19 de
Agosto de 1813, García Jerez suplicaba al Rey la instalación
universitaria, pues era de absoluta necesidad tal establecimiento, añadiéndole
que fuera Cancelario de la misma el prelado que por tiempos fuere, o el
Vicario Capitular en Sede Vacante, y que los gastos para obtener los grados
mayores no pasaran de trescientos o cuatrocientos pesos; añadía
a su representación, fechada el 19 de octubre de 1814, las diligencias
practicadas en otro tiempo para conseguir la gracia que pedía.
La súplica fue confirmada por
cédula del 5 de Mayo de 1815 y al llegar a León causó
mucho regocijo; mas no podía verificarse la instalación de
la Universidad porque faltaba el número necesario de doctores para
integrar el Claustro. Entonces, con su acostumbrada tenacidad, García
Jerez comunicó al Secretario de Estado y del Despacho Universal
de Indias el 4 de Noviembre del mismo año que, para dotar algunas
cátedras y acudir a los desembolsos exigidos por las nuevas y los
reparos de las existentes, proponía "el que su Real Majestad se
dignase conceder el dictado y honores de doctor a algunas personas beneméritas
del Estado Eclesiáatico".(71) Y más adelante especificaba
los nombres: el Deán Juan Francisco Vílchez y Cabrera y el
Canónigo Miguel Jerónimo Guerrero de Arcos, agregando: "Estos
dos eclesiásticos son de una ejemplar conducta y de un mérito
no vulgar y estoy cierto que, agraciados por S.M., serán apoyo seguro
de esta Real Casa de Enseñanza Pública".
El obispo, decidido a inaugurar los
más pronto posible la Universidad y olvidándose de las respuestas
a sus nuevas solicitudes, nombró a los primeros empleados el 8 de
Noviembre: Secretario y Maestro de Ceremonias con 30 pesos anuales al Br.
José Matías Quiñones; Tesorero con 30 pesos anuales
al Pbro. Pedro Sol is; Bedel, con 18 pesos anuales a Pedro Gómez;
y Bedel con 18 pesos anuales a Cesareo Aragón. De Secretario de
la Universidad menor, Sol ís pasó a la tesorería de
la Universidad con la obligación de llevar a su casa el arca, los
papeles y el dinero existente para rendir cuanta exacta de su estado; lo
mismo hizo el Secretario con el archivo que recibió de manos del
mismo Solís. Todos aceptaron y juraron sus nombramientos: el Secretario
y los Bedeles lo hicieron entre el 9 y el 11. El diez, el Rector Ayerdi
distribuía los gastos de las graduaciones de acuerdo con lo acordado
por la cédula del 5 de Mayo: el acto de repetición ascendía
a 60 pesos, el de Licenciado a 110 y el de Doctor a 314.
El 16 de Noviembre de 1815, en presencia
del Rector Ayerdi y del cuerpo de catedráticos, tomó posesión
de Cancelarlo el propio García Jerez confirmado en ese cargo por
la citada cédula del 5 de Mayo, y el 27 de Noviembre juramentó
el Tesorero. El 8 de Enero de 1816 el Cancelario y el Rector, conforme
los decretos referidos, habilitaron a los siguientes graduados para que
en las primeras noches o exámenes de grado sirvieran como doctores:
Lcdo. Nicolás Buitrago, catedrático de instituta; Lcdo. Manuel
López de La Real Universidad de la Inmaculada Concepción
de León de Nicaragua la Plata, catedrático de Ley;
Br. Pascual López de la Plata,
catedrático de Teología Moral; Br. Fr. Vicente Caballero,
catedrático de Teología Escolástica; Br. José
María Guerrero, catedrático de Prima de Filosofía.
Como éstos no eran suficientes para sus propios exámenes,
principalmente los López de la Plata que tenían impedimento
recíproco por ser hermanos, fueron habilitados el Padre Lector de
Teología del convento de la Merced Fr. Antonio Capará y a
los bachilleres Pedro Portocarrero y Pedro Caballero. Completado el número
de doctores, quedó todo listo para la instalación oficial
que tuvo lugar en la sala del palacio de la Diócesis a las nueve
de la mañana del 24 de Agosto de 1816. Una vez leído los
decretos del 11 de Agosto de 1813 y del 5 de Mayo de 1814, se procedió
a la fundación definitiva, a la que habían entregado sus
energías Rafael Agustín Ayesta, Tomás Ruiz y, sobre
todo, Nicolás García Jerez.
En ese solemne acto se eligieron los
patronos de la Universidad, en primer lugar "María Santísima
Madre de Dios y señora Nuestra en el misterio de su Concepción
Purísima" y, en segundo, al "angélico Padre y Doctor de la
Iglesia Santo Tomás de Aquino, cuyas fiestas se celebrarán
con arreglo a las constituciones de la Real Universidad de Guatemala que
por ahora están mandadas a observar'. Asimismo, según las
mismas constituciones, se crearon los ocho consiliarios nombrándose
a los señores: Doctor Manuel López de la Plata, Doctor Fr.
Vicente Caballero, Doctor Pedro Caballero, Doctor Francisco Quiñones,
Lcdo. Toribio Arguello, Br. Nicolás Buitrago Benavente, Don Pedro
Pérez, Don Narciso Mayorga. Se reeligieron Secretario y Tesorero
respectivamente en las personas del ahora doctor en Derecho José
Matías Quiñonez --cuyo examen se había verificado
el 22 de Agosto- y del Pbro. Pedro Solís; y para bedeles resultaron
electos el ya conocido Cesareo Aragón y Leandro Cerna. Finalmente,
se decretó que el aniversa rio por los difuntos que debía
celebrarse el Claustro correspondiera al día del fallecimiento del
primer Doctor o Licenciado y que, como el tutelar del viejo Seminario Conciliar
era San Ramón Nonnato, se asistiese "permanentemente a solemnizar
su función por el Claustro en forma con las insignias doctorales".
(72)
IV.2. DE LA INAUGURACION EN 1816 AL
ESTADO FORMAL DE 1819
Tres días después de
la inauguración de la Universidad, que se llevó a cabo el
24 de agosto de 1816, el doctor José Maria Quiñones prestaba
juramento para poder ejercer su oficio de Secretario en manos del Rector
Ayerdi. Y mes y medio después se recibía en Costa Rica un
testimonio de la fundación que terminaba: "Todo lo cual (la erección
de la Universidad) le ha parecido a este Claustro deberlo participar a
V(uestra) S(eñoría) de quien espera la aprobación
más justa y de todo su agrado".(73) La persona a que se dirigía
ese documento era al Presidente de la Audiencia.
El 16 de septiembre del mismo año
la máxima autoridad del Reino acusaba recibo del oficio, manifestando
un singular gusto por la instalación; y el 18,Bustamante y Guerra
agradecía al obispo sus expresiones particulares deseándole,
en justa correspondencia, que en la nueva Universidad brillarían
"sanas doctrinas y opiniones (de las) que tanto necesita la religión
y el Estado para confundir a los filósofos que de tantos modos las
han convalido (sic) para rebolucionar (sic) el universo—. (74) El Capitán
General, como se ve, temía a las ideas ilustradas por las acciones
subversivas a que podían conducir.
Previa la decisión unánime
del Claustro, García Jerez solicitó al Rey el 19 de Noviembre
de 1816 que se dignase en permitir que su hermano "el Serenísimo
Sr. Infante don Carlos" fuera protector del establecimiento, lo cual estimularía
a todos para dedicarse "con tesón al cultivo de las ciencias...".(75)
Fernando VII aceptó el 28 de enero del año siguiente y dos
meses más tarde expresaba contribuir "a los adelantamientos de dicha
Universidad para que consiga elevarse al mayor grado de perfección
y esplendor posible". A 15 de Enero de 1817 el Rey había ordenado
a Bustamante y Guerra el envio del informe sobre "la erección de
la Universidad de Nicaragua". El Consejo de Indias no podía resolver,
sin ese texto, la habilitación del grado de doctor para Vílchez
y Cabrera y para Guerrero de Arcos, como también la concesión
de que la Universidad pudiese graduar a cuatro catedráticos pobres,
solicitudes pedidas por García Jerez desde 1815.
La Real Universidad de la Inmaculada
Concepción de León, mientras tanto, seguía funcionando.
Ese título, empleado desde el día de su instalación,
encabezaba el certificado del Rector y del Claustro sobre Manuel Beltranena,
Gobernador Intendente interino; fechado el 17 de Julio de 1817, tenía
por objeto pedir su nombramiento en propiedad: según las autoridades
universitarias, Beltranena era "un sujeto de bellas prendas y particulares
circunstancias". (76) El mismo Claustro agradecía, a 4 de Abril
de 1818, un inapreciable obsequio : la biblioteca del Lcdo. Miguel Larreynaga.
Desde Guatemala, donde era relator de la Audiencia y enseñaba Derecho
Teórico-Práctico en la Universidad de San Carlos, el antiguo
catedrático y ex-alumno del Seminario había enviado a su
ciudad natal cerca de tres mil volúmenes que comprendían"todos
los códigos de nuestra legislación antigua y moderna, y de
todos los autores clásicos de jurisprudencia, y otras obras de literatura
y humanidades", muchas de ellas anotadas de su puño y letra en los
márgenes. (77)
Tres nuevos bachilleres, según
las firmas del texto anterior, integraban el Claustro: Francisco Aguado,
Miguel Robelo y Florencio Romero; además ya no era Rector Ayerdi,
sino Manuel López de la Plata. Este firmó el 19 de Abril
del mismo año la carta de solicitud al Rey para permitir "el que
religiosos de ciencia y de conducta "de la orden franciscana impartieran
clases de Teología en la Universidad; se argumentaba que dicha gracia
había sido concedida en 1686 a la de Guatemala con muy buenos efectos
y pedía que al franciscano notoriamente hábil que se presentaba
se le concediese, sin propinas, el grado en dicha facultad. La anterior
petición fue motivada seguramente por la presencia de Fr. Vicente
Caballero, provincial de la orden franciscana en Nicaragua y catedrático
de Teología Escolástica de la Universidad desde la fecha
de su instalación. Pero no se sabe si fue concedida.
Lo que nunca se obtuvo fue la cédula
de erección. Esta exigía el informe del Capitán General,
quien -en definitiva- nunca lo envió. Primero dijo, el 17 de marzo
de 1818, que reuniría los datos necesarios y que los llevaría
a Madrid. Pero Bustamante yGuerra no cumplió con su palabra. Luego
en Cádiz, después que se le reclamó una vez más,
afirmaba el 26 de Abril de 1819 que los había enviado a la fecha
prometida. Mas Juan Lozano de Torres, del Ministerio de Guerra y Justicia,
lo contradecía al asegurar que no constaba en su archivo el informe
citado. De manera que por un atraso burocrático, la Real Universidad
de León no recibió confirmación oficial de su erección.
Pero fue una realidad, en la medida
que podía serlo en su época, durante cinco años. Ocupando
el mismo edificio del Seminario Conciliar, transformado luego en Universidad
menor, poseía una muy estimable biblioteca, originalmente formada
por Ayesta y enriquecida por las colecciones de Ayerdi y Larreynaga. Este,
ya en Madrid, recibía el 29 de Abril de 1819 el agradecimiento por
su donación de parte del Secretario Fernando Queipo de Llano en
nombre del Infante don Carlos, protector de la Universidad de León,
y del Rey; además, introducía una exposición relativa
a los perjuicios que habría en la provincia de Nicaragua en general,
y en su Universidad en particular, si se dejaba a ésta de segunda
clase. La misión de Larreynaga era obtener que fuera de primera
clase, según el Plan General de Enseñanza propuesto a las
Cortes Reales por su Comisión de Instrucción pública.
Y el prócer criollo, lamentablemente,
no logró lo que se proponía, pues en un informe posterior
del Reino de Guatemala, y en concreto de León, se dice que esta
ciudad "tiene Diputación Provincial, Obispo, Catedral, con número
de Canónigos, Colegio y Universidad de tercera enseñanza",
agregando su autor: "conviene que as¡ continúe".
Por algo esta Real Universidad tenía
escudo propio desde los primeros días de su instalación definitiva.
Estampado en la parte superior y central de la tarja del tema asignado
que defendió uno de sus primeros graduados para doctorarse en Leyes,
José Matías Quiñones, su interpretación heráldica
era la siguiente:
"Dos metales, el oro y la plata, y
cuatro colores, el gules o rojo, el azur o azul, el sinople o verde y el
sable o negro, son los recursos que habla nuestra alma su encantador lenguaje.
El nos dice que poder, riqueza, sabiduría, nobleza, luz, son del
oro; que la plata es pureza, obediencia, firmeza, vigilancia, elocuencia;
que el rojo canta la victoria, la alteza, la audacia, el ardid; que el
azur símbolo es la justicia, verdad, caridad, hermosura, lealtad;
que el verde es esperanza, es fé, es amistad, es respeto; y que
el negro llora la tristeza, el dolor, y sublimiza la prudencia y la honestidad.
En el escudo de nuestra Real Universidad,
el heraldo que lo hizo, de apellido Cabrera, supo combinar estos metales
y colores y escoger las figuras del emblema en el grupo de las naturales.
La ciencia que se difunde en ellas, la expresó por el sol de plata
en campo de azul, y el disco arroja dieciseis lenguas de oro en precioso
torbellino, como queriendo envolver las ocho estrellas de plata, selecta
expresión heráldica ésta, del claustro de los ocho
primeros profesores que entraron aquí, preclaros varones, a inocular
el saber a la juventud para inmunizarla contra el mal y la ignorancia.
IEl castillo surmontado de tres torres,
la central más alta que las otras, por lo que recibe el nombre de
donjonado, representa el edificio universitario resguardado por el león
rampante, en actitud de combate, símbolo de la ciudad que mereció
esta regia gracia, que ella sabrá defender siempre con bravura e
hidalguía. Remata el escudo el yelmo de los caballeros para recordarles
a todos que en las justas del saber y en el ejercicio de sus nobles profesiones
deben portarse como tales. (78) )
No en balde a la misma Real Universidad
asistían algunos estudiantes de las otras provincias del Reino.,
sobre todo de Honduras y Costa Rica, continuando la proyección centroamericana
que el Seminario desempeñaba desde la época de su florecimiento,
es decir, durante el rectorado de Ayesta: de 1787 a 1809. Para ilustrar
esta proyección véase el fragmento de una petición
de beca firmada por el criollo hondureño José Miguel Lardizábal
y dirigida al obispo de Honduras; fechada el 26 de Febrero de 1819, solicita
para uno de sus hijos la beca que gozaba su hijo mayor en el Colegio Tridentino
de Comayagua: "Don Miguel Lardizábal de este vecindario ante V(uestra)
S(eñoría) en la mejor parezco y digo: reconociendo talento
y disposición en mi hijo legítimo José Leocadio Lardizábal,
Colegial de ese Seminario, determiné mandarlo a la Universidad de
León a seguir sus estudios como efecto lo verifiqué el 30
de octubre pasado..."(79)
En 1818, como se apuntó, el
Rector de la Universidad era Manuel López de la Plata; Ayerdi, sin
embargo, aparece como "Rector de la Universidad" en el documento que el
Rey Fernando VII, al 18 de Enero de 1821, lo presentaba como candidato
para una Canongia vacante. Esta había sido pretendida por Ayerdi
desde 1817, cuando aún era Rector; eso explica el que cuatro años
después aún apareciera entre sus méritos tan honroso
cargo.
Para 1819, el estado formal de la
Universidad era el siguiente:
Cátedras Dotación anual
en pesos Oyentes Autores enseñados
Prima de Teología 200 (pagados
de los ton- 11 Tomás Charmes dos propios)
Sagrada Escritura gratuita por iniciativa
del 9 Natal Alejandro catedrático
Teología Moral 200 (pagados
por las 37 (Catecismo de su Santidad 1 Cajas Reales) Pío V
y el Maestro.
Prima de Leyes 200 25 Ilustración
del Derecho Real de España por Juan Salas
Sagrados Cánones L300 25 Devesti
Instituta 200 (pagados de los fondos 25 innio por Juan Salas Propios)
Medicina y Cirugía 1 300 10
Varios autores clásicos de la mejor nota
Latinidad de Mayores 250 25 -o
Latinidad de Menores 50 (pagados
de los fondos -o propios)
Primera de Filosofía 200 (pagados
de los fondos Padre Roselli propios)
Segunda de Filosofía gratuita
por iniciación del catedrático
Los 200 pesos que sostenían
la cátedra de Leyes provenían de los intereses de 4.000 pesos
que, a razón del cinco por ciento, había dotado para su fundación
el Arcediano de la Catedral, ya finado, Don Albino López de la Plata;
capital repartido en tres casas de la ciudad. La dotación de la
cátedra de Sagrados Cánones estaba distribuida en 200 pesos
tomados de los fondos de la Universidad y en 100 de los intereses de 2.000
pesos que había donado el criollo granadino Pedro Chamorro, hallándose
reconocidos en la hacienda de ganado mayor Santa Clara de la jurisdicción
de Granada. Y los 300 de la Medicina y Cirugía la pagaban varios
vecinos que contribuían cada uno con lo que había ofrecido,
extendiéndose este compromiso, según promesa de los mismos,
hasta 1822; desafortunadamente, no se conocen sus nombres.
Por otra parte, la Universidad mantenía
una escuela de primeras letras dotada con ciento ochenta pesos que pagaban
los fondos propios del Ayuntamiento de León(23).
Finalmente, la organización
académica y administrativa era como sigue: Rector: el Señor
Don Manuel López de la Plata, Presbítero, Doctor en ambos
Derechos, Catedrático de Prima de Teología; Pbro. Don Francisco
Ayerdi, Doctor en Sagrados Cánones, Catedrático jubilado
de la misma Facultad; Don Pascual López de la Plata, Doctor en Sagrada
Teología y Doctor en Sagrados Cánones, Catedrático
de Teología Moral, Supernumerario de Sagrada Escritura; M.R.P. Provincial
de San Francisco Fr. Vicente Caballero, Doctor en Sagrada Teología,
Catedrático de Prima Escolástica (Primera de Filosofí#
Pbro. Don Pedro Caballero, Doctor en Sagrados Cánones; Pbro. Don
José María Guerrero, Doctor en Sagrados Cánones, Maestro
en Artes, Catedrático de Filosofía; Pbro. Don José
Matías Quinones, Doctor en Sagrados Cánones, Catedrático
de Prima de esa Facultad; Pbro. Don Juan de los Santos Madriz, Doctor en
Sagrados Cánones; Pbro Don Rafael de la Fuente, Doctor en Sagrada
Teología; Don Francisco Quiñones, Doctor en Medicina, Catedrático
de la misma Facultad; Don Narciso Mayorqa, Maestro en Artes, Catedrático
Supernumerario de Filosofía; Don Juan José Quiñones,
Licenciado en Derecho Civil; Don Nicolás Buitrago Sandoval, Abogado
de la Real Audiencia, Catedrático de Instituta Civil; Tesorero:
Pbro. Pedro Solís y Secretario: Doctor José Matías
Quiñones.
IV.3 BIOGRAFIAS BREVES DE LOS FUNDADORES
Para completar esta reseña
de la Universidad colonial nicaragüense, resta trazar los perfiles
biográficos de sus tres impulsores o fundadores.
IV.3.1. RAFAEL AGUSTIN AYESTA
A Rafael Agustín Ayesta, leonés
de nacimiento, se le considera el primer fundador de la Universidad de
Le6n; el empeño que demostró por obtener para el Colegio
Seminario San Ramón los grados mayores y menores -aunque sólo
haya conseguido los últimos- lo hace merecedor de dicho título,
Descendiente por ambas líneas
de antiguos españoles radicados en la provincia, nació el
29 de noviembre de 1750.(80) Sus padres, Juan Agustín Ayesta y Alfonsa
Naranjo, le dejaron huérfano y destituido de bienes, circunstancia
que le obligó a dedicarse con aplicación constante al estudio
en el Colegio Seminario, dirigido entonces por el obispo Juan Carlos de
Vílchez y Cabrera. En 1773, ordenado de Diácono, el Cabildo
de la Catedral de León le concedió una capellania del Coro,
cuyo nombramiento aprobó el mismo prelado.
Durante la gobernación del
siguiente, que lo hizo capellán de su familia, la carrera de Ayesta
fue pródiga en ascensos: el 3 de Agosto de 1777 se le promovió
al Presbiteriado, el 22 de septiembre de 1780 recibió el título
de Maestro de Ceremonias por uná-nime consentimiento y después
de sufrir examen con todos los eclesiásticos de la ciudad en 1781
se le nombró catedrático interino de Teología Moral
en el Seminario -habiendo obtenido la cátedra definitivamente tres
años después-- y el 10 de enero de 1782, al haber vacado
una canongia por fallecimiento de Antonio José Carmenate, el obispo
Esteban Lorenzo de Tristán "informó los sugetos que consideraba
más idóneos y beneméritos para outenerla, entre los
quales comprendió al nominado Dn. Rafael Ayesta...". Luego, hallándose
vacantes los empleos de Promotor Fiscal y Defensor de los Juzgados de Testamentos,
Capellanías y Obras Pías, y atendiendo a su prudencia y demás
facultades, se le eligió para ellos el 13 de mayo de 1783. Ese mismo
año, a veinte de diciembre, el obispo Juan Félix de Villegas
lo recomendaba para ocupar dignamente cualquier cargo en las iglesias Catedrales
Enterado de su conciencia recta y
literatura, el Tribunal del Santo Oficio de México lo escogió
el 10 de enero de 1784 para Notario, Revisor y Expurgador, cargos que juramentó
en manos del Deán José Antonio de la Huerta Caso, siendo
admitido el 4 de Abril del alto referido. Y el 13 de enero de 1785 Huerta
y Caso se los confirmaba. En certificación del 21 de Noviembre del
siguiente año, el Consejo de Justicia y Regimiento de su ciudad
natal comprobó "su conocida virtud y uruano trato con toda clase
de persona", la aceptación que había merecido de sus obispos
y `la exactitud con que desempeñaba los diferentes empleos que tenía
a su cargo". Villegas, entonces, lo colocó en el Rectorado del Seminario
San Ramón el 4 de Abril de 1787 "Con todas las preeminencias, exenciones
y franquezas que habían gozado sus antecesores", entre ellos José
María Porras, recién fallecido. "Fue allí -escribe
Juan de Dios Vanegas-donde desenvolvió todo el vigor de sus singulares
facultades". (83) No obstante ser conocida su labor en esa responsabilidad,
es oportuno ilustrarla con el testimonio de Florencio del Castillo, el
último Vice-Rector del Seminario:
"...amaba a los niños, como
si hubieran sido sus hijos, y miraba al Colegio como su propia casa. No
tenía excepción de personas, porque estimaba igualmente a
los hijos de los grandes, que de los pequeños; sólo la aplicación,
y la virtud merecían la preferencia de su corazón. De aquí
nacía el cuidado que tomaba, para que se le suministrasen buenos
y sanos alimentos; y para reparar las faltas que pudiere haber...; comía
con ellos todos los días en una misma mesa''.(82)
El mismo texto informa que de esa
manera les impartía lecciones de Urbanidad, inspirándoles
el eseo, el amor a la virtud, el horror al vicio y cuidándolos de
todo aquello que pudiese ofender su salud. Protegía también
a niños pobres: uno de ellos fue Pedro Solís, a quien -además
de auxiliar a su familia- puso de Celador del Seminario, preparó
intelectualmente y envió posteriormente a Guatema!a. Para el 20
de septiembre de 1787, Ayesta ya se desempe,iaba a cabalidad como Rector.
Por eso mereció una certificación
de reconocimiento, suscrita por el Gobernador Juan de Ayssa, para pretender
a culquiera de las prebendas eclesiásticas; igual capacidad le consignaba
en una carta el obispo Villegas rl designarlo entre los candidatos a la
Canongía que a fines del mismo año había dejado José
Ramón de Quirós.El propio Ayesta solicitaba el 6 de febrero
de 1789 la dignidad de Arcediano de la Catedral de León. Dos años
antes había publicado su primer sermón en la imprenta guatemalteca
de Ignacio Beteta. A ese texto siguieron cuatro más: en 1788, 1792,
1795 y 1797, aparecidos bajo el título uniforme de Ordi recitanti
divin officium, misasq, celebrandi in Alma Eclesia Catehedrali Legionensi;
el primero constaba de cincuenta páginas, el segundo de cincuentiseis,
el tercero de cuarentinueve y el cuarto de cuarentisiete, conteniendo todos
las fiestas movibles del año y témporas, como también
el lunario o fases de la luna. Huerta y Caso, al tomar posesión
de su obispado, nombró a Ayesta -por otra parte- Secretario, repartiendo
con él todo el peso del gobierno de la diócesis.
Y a fines de 1807, se le proponía
para otra canongía vacante y, aprincipios de 1809, rechazaba el
curato de Granada que le ofrecía el Deán V ílchez
y Cabrera.
Finalmente, Ayesta falleció
el 4 de Julio del último año. Con la asistencia del Cabildo
Eclesiástico, del clero, de las comunidades religiosas, de los ilustres
cuerpos de la ciudad y de los vecinos distinguidos, su cadáver fue
expuesto en el Seminario y en la Catedral, recibiendo las más solemnes
exequias y pronunciándose en ella dos piezas: una oración
fúnebre de Florencio del Castillo y un sermón de Francisco
Ayerdi. En realidad, como dijo uno de los panegiristas, la juventud había
perdido un padre y las letras un protector. De ahí que el 19 de
Julio de 1909, en medio de un cuantioso número de luces y emblemas
que expresaban el íntimo sentimiento del obispado de León,
recibió honores fúnebres, o postrimeros; colocado el túmulo
en su sitio correspondiente, la Catedral se adomó con ocho pinturas
alegóricas, bajo las cuales estaban escritas versos neoclásicos
alusivos: octavas y liras.
IV.3.2. TOMAS RUIZ
Tomás Ruiz es la segunda figura
clave de los fundadores de la Universidad de León Como se vio oportunamente,
él participó a finales de 1803 en las gestiones para que
la Universidad de San Carlos diese el visto bueno para que se elevase a
rango universitario el Seminario San Ramón. Tomás Ayón,
a propósito, lo confirma: "A los esfuerzos de este ilustrado nicaragüense
(Tomás Ruiz) se debió en gran parte la buena acogida que
dio el Real Claustro (de la Universidad de San Carlos, en Guatemala) al
feliz pensamiento del Rector Ayesta y el dictamen favoraule que dirigió
(el mismo Claustro) al Presidente del Reyno acerca del establecimiento
de Universidad en León-.(83) Este dictamen lo suscribió Ruiz,
con sus demás compañeros, el 9 de noviembre de 1803. Así
que a la idea y efectivas gestiones de Ayesta y a la importancia de la
palabra de Ruiz se debe, originalmente, la creación de la Universidad
de León. El conocido promotor de ésta, como se ha visto,
fue secundado por el que merece el título de segundo fundador de
la misma. Por eso no está demás resumir su trayectoria biográfica,
por lo demás impresionante.
Nacido en Chinandega el 10 de enero
de 1777, Tomás Ruiz llegó a ser un gran orador, humanista
y prócer de la independencia de Centroamérica. Hijo de indios,
tuvo la protección del obispo Juan Félix de Villegas, quien
le consiguió una beca en el Colegio Seminario San Ramón,
donde hizo estudios de Filosofía y recibió las cuatro órdenes
menotes. Trasladado con Villegas a Guatemala, obtuvo al,¡ el grado
menor de Bachiller en Filosofía y curso los estudios de Sagrados
Cánones, Leyes e Instituta, terminándolos con los grados
de Bachiller en ambos derechos.
Residiendo un tiempo en León,
retornó a Guatemala, siendo ordenado sacerdote en 1801 -otra vez
en León- por el obispo José Antonio de la Huerta y Caso.
Y de regreso a Guatemala -era la tercera vez que viajaba a esa capital-
fue investido, a mediados de 1803. de Licenciado en Sagrados Cánones
y, a principios de 1804, de Doctor. (En uno de sus exámenes de Licenciatura
desarrolló este tema: "los estudios de las humanidades son siempre
útiles a los varones eclesiásticos y es necesario que siempre
existan"; y en el de doctorado contestó ampliamente esta pregunta:
"¿A quién deben mayores beneficios los indios: a los sucesores
de Pedro o a los Reyes Católicos?". Los títulos de ambos
temas fueron presentados en latín en su tarja correspondiente).
Entonces Ruiz, primer doctor de raza
indígena en Centroamérica, ya había influido para
convencer al claustro de la Universidad de San Carlos aceptase el establecimiento
de la Universidad en León; asimismo, había enseñado
Filosofía (materia que abarcaba Lógica y Metafísica,
Artimética y Algebra, Geometría y Física) en el Colegio
Seminario San Ramón, cosechando no pocos frutos, entre ellos actos
públicos de sus discípulos reconocidos por su calidad académica.
Pero el más valioso de sus aspectos universitarios fue su actividad
ilustrada. En efecto: desde sus primeros estudios filosóficos surgió
en él la desconfianza hacia la Escolástica, presente en la
mayoría de sus coetáneos imbuidos en las ideas de la Ilustración.
Uno de ellos era su maestro Fr. Matías de Córdoba, famoso
ilustrado; de manera que Ruiz afirmaba, en su examen de bachiller, que
"para la investigación de la verdad y para la demostración
de la misma, el método socrático era más útil
que el escolástico".
Mas este rechazo no se quedaba en
eso sino que trascendía a una inquietud reformista, animada por
un espíritu de conciliación entre lo tradicional y lo moderno;
así, intentó realizarse en ese sentido, lográndolo
en parte: durante más de cinco años, con la colaboración
de un discípulo del reformador académico de la Universidad
de San Carlos, José Antonio Liendo y Goicoechea, divulgó
en el Seminario la corriente de la ilustración. E influyó
en varios de sus alumnos como Rafael Francisco Osejo, posteriormente uno
de los fundadores del estado de Costa Rica. Lo que no llevó a cabo,
como ya vimos, fue su reforma de los planes académicos del Seminario:
en ella puso todo de su parte -habiendo, incluso, escrito una obra, cuyo
manuscrito se extravió definitivamente- hasta el punto de preferir
la renuncia del sacerdocio si le obligaban a retractarse de sus ideas renovadoras.
Mientras tanto, su obra espiritual
como clérigo la había desplegado brillantemente, ejerciendo
varios cargos en la diócesis de León, pronunciando sermones
memorables como uno por el alma de Fr. Juan Gómez -impreso en Guatemala,
1805-, atendiendo el confesionario, etc. Pero siempre fue bloqueado para
aspirar a un cargo superior dentro de la administración eclesiástica
del sistema colonial. Por eso, desengañado y frustado,participó
en la Conjuración de Belén, el principal intento de independencia
en Guatemala, la cual fue descubierta y reprimida. A Ruiz, el fiscal de
la causa pidió que se le condenase al garrote vil; mas la pena se
le conmutó a prisión perpetua. Engrillado y encadenado, padeciendo
enfermedades y viendo muy pocas veces el sol, permaneció en la cárcel
más de seis años; y, aún en esa situación,
siguió propagando sus ideas indenpenden tistas.
Al saber la noticia del indultode
Fernando VII el 28 de Julio de 1817, Ruiz dirigió con sus compañeros
un par de cartas a dicho monarca, en las que denunciaba la represión
del Capitán General José de Bustamante y Guerra; y después
envió una solicitud personal de indulto en el mismo sentido. No
fue, sin embargo, sino hasta el 13 de Diciembre de 1819 que recibió
el indulto real. Inmediatamente, pidió autorización para
trasladarse a Ciudad Real, capital del estado de Chiapas. Y no volvió
más a saberse de su vida.

IV.3.3. NICOLAS GARCIA JEREZ
El tercer personaje que hizo posible
la Universidad de León fue el obispo Nicolás García
Jerez, su más egregio fundador. Tal como fue apuntado, desde 1810
a 1816 gestionó personalmente el proceso de la fundación.
Por él se expidieron los decretos determinantes: el del 10 de Enero
de 1812 que erigía Universidad en el Seminario San Ramón
de León como las demás de América y el del 19 de Agosto
de 1813 que autorizaba la instalación, recomendando los pasos necesarios
a seguir. Recuérdese que, suprimidos ambos decretos por el regreso
al trono de Fernando VII, reinició las gestiones, enviando la representación
del 19 de Octubre de 1814 -en la cual consideraba de absoluta necesidad
el establecimiento universitario- y que todo lo que siguió hasta
la instalación definitiva fue obra suya. Por lo tanto, a nadie más
que a él le corresponde el título de fundador que se le asigna
únicamente, muchas veces, al Rector del Seminario San Ramón.
Sofonías Salvatierra figuró
entre los primeros que reconocieron sus activos esfuerzos, haciéndole
compartir con Ayesta "la gloria imperecedera de ser los fundadores de la
Universidad de León".(84) Sin embargo, se ha visto con claridad
que el referido Rector no fue más allá de impulsar integralmente
el Seminario y de promover su transformación en Universidad. Como
ésto lo consiguió a medias, con la colaboración de
Ruiz, la posteridad debe evocar sus memorias y, aún más,
la de García Jerez.
Por otro lado, éste se opuso
rotundamente a la independencia: como es bien sabido, controló el
movimiento de León en 1811; desde entonces sus actuaciones políticas
fueron de mucha importancia, demostrando ser un realista obcecado y un
empedernido anexionista al Imperio de México. Para su mentalidad
tradicional, el republicanismo era ominoso; por eso intervino palpablemente
en la guerra civil de 1824 y se le desterró ese mismo año
a Guatemala. No es impertinente, por tanto, trazar sus rasgos biográficos
y transcribir algunas opiniones sobre él.
tNatural de Murcia, España,
ingresó a la orden dominica. Prior del convento de Cartagena y Caballero
de la Cruz Isabel La Católica, había renunciado a los arzobispados
de Zaragoza, Valencia y Santa Fe antes de venir a Nicaragua; aquí,
pues, entregó todas sus pasiones los últimos catorce años
de su vida,
Como obispo y gobernador intendente,
se preocupó por el progreso material y espiritual de la provincia,
llegando a construir un puente de mampostería en el barrio de Guadalupe,
a terminar las torres y el frontispicio de la Catedral, a reedificar la
iglesia y convento de la Merced, a erigir un altar mayor y un camarín
para la Virgen de esa Iglesia y a instalar un baño cómodo,
en medio de jardines, para la recreación pública.
Al fallecer en Guatemala el 31 de
Julio de 1825, uno de sus contemporáneos lo definió como
lo que era: "un hijo de España, que sobre todo s• preocupó
en promover los intereses de su antigua patria".(85) Otro, medio siglo
después, afirmaba: "Procuró tantos bienes a Nicaragua que
aún hay en el día muchos que derraman dulces lágrimas
de gratitud".(86) Sus restos fueron trasladados, a fines de 1854, a León,
recibiendo un "Saludo" de Nicolás Aguado; anteriormente, al saberse
de su exhumación en Guatemala, había inspirado estos lamentosa
la "Basílica de Nicaragua":
Ven, ven esposo tierno y en mi seno
Oculta tu cadáver exhumado,
Ya que no pude, en gemebundo duelo
Anunciar tu partida al Cielo Santo.
Ven, y mitiga mi llorar sin mengua
Desde que tú fuistes expulsado pues no se atreve mi callada lengua
Expresar su dolor, su llanto amargo
Ven y reclina tu sagrado cuerpo en
el lecho de amor que te preparo para que duermas sempiterno sueño
mientras el tiempo corre y va eclipsando.
Ven y bendice al desgraciado Pueblo
Que fuera de tu amor privilegiado, Y haz que cesen las desgracias todas
Que de continuo le viven aquejando.
Y al Dios de amor que tu querella
escucha, Una gracia pedid, que derramando De esas manos benditas, generosas,
De este suelo infeliz, mitigue el llanto.(87)El cronista Francisco Ortega
Arancibia, describiendo su personalidad, dice que era de gallarda presencia
y de faz simpática. "Su voz era suave -agrega- y sabia hacer uso
de ella conforme la circunstancia, ¡acompañándola de
los más naturales edemanes".(88) El historiador Ricardo Fernández
Guardia lo conceptuaba como "maestro en el arte de engañar los corazones".(89)
Sin duda fue un hábil político que conocía a fondo
la encrucijada histórica en la que tomó parte contra las
heces del puebb..(90)
V. LA PROYECCION CENTROAMERICANA DE
LAS AULAS SUPERIORES DE LEON
V.1. COSTARRICENSES GRADUADOS EN EL
SEMINARIO CONCILIAR
La Universidad, a pesar de sus interrupciones,
tuvo una apreciable proyección centroamericana en la primera mitad
del siglo XIX. Remontándose a los últimos años del
XVIII, se desarrolló en El Salvador, Honduras y, principalmente,
en Costa Rica. Unida a Nicaragua eclesiástica y políticamente,
y sin ningún establecimiento de enseñanza superior a lo largo
de la colonia, la última provincia del Reino de Guatemala dependía
de su vecina en esos aspectos; era lógico, por tanto que sus principales
hijos realizaran sus estudios primero en el Seminario Conciliar y luego
en la Universidad de León.
Entre los costarricenses graduados
en el primero, sobresalieron Florencio del Castillo, Juan de los Santos
Madríz, José María Peralta, Félix Esteban de
Hoces y Calvo, José María Esquivel, Manuel Alvarado, Joaquín
Rivas, José Arguedas, Joaquín García, José
María Porras, Luciano Alfaro, Félix Romero, Joaquín
Flores y otros.(91)
V.1.1. FLORENCIO DEL CASTILLO
1 Bachiller y sacerdote consagrado
en 1802 en el Seminario, donde enseñaría Geometría
al año siguiente, del Castillo regresó a su patria y en 1808,
de nuevo en León, ocupaba la cátedra de Filosofía
en el mismo centro. Dos años después, mientras ejercía
el Vice-Rectorado del Seminario y al renunciar el Pbro. Nicolás
Carrillo, fue electo Diputado por Costa Rica a las Cortes de Cádiz.
Como no pudo salir para España a través del río San
Juan, viajó a Trujillo, Honduras. El 29 de Junio de 1811 llegaba
a Cádiz y el 11 de Julio se incorporaba a las Cortes. Allí
partició en casi todos los debates contribuyendo con su brillo personal
a la aprobación del decreto que erigiría en Universidad al
Seminario que lo había formado. En México, donde fallecería,
continuó su carrera al sercivio del Imperio de Iturbide.
V.1.2. JUAN DE LOS SANTOS MADRIZ
Sin inclinación a la vocación
religiosa, Madriz huyó de niño por un enojo familiar a tierra
nicaragüense y en León ingresó y trabajó en el
Seminario hasta ordenarse en 1813, graduarse de Bachiller en Leyes y Doctor
en Sagrados Cánones y pertenecer al cuerpo docente de la Universidad
de León en 1819. Devuelta en su país, entró de lleno
a la política. Elegido Diputado a las Cortes de Cádiz -cargo
que no tomó posesión- y Presidente de la Junta Superior Gubernativa
y de la Asamblea, fue uno de los redactoresdel Pacto Social Fundamental
Interino de Costa Rica. No obstante, se dedicó también a
la enseñanza: catedrático de 1818 a 1824 de la Casa de Enseñanza
de Santo Tomás y, de 1839 a 1843, Rector de la misma, desempeñó
ese cargo por cinco años más al transformarse ese instituto
en Universidad en 1844.
V.1.3. PERALTA Y LOS OTROS
El cartaginés José
María Peralta fue un orador notable tanto en la cátedra como
en el ejercicio público y se le recuerda por haber colaborado en
la fundación del Colegio San Luis Gonzaga en su ciudad natal. Su
coterráneo, Félix Esteban de Hoces y Calvo, llegó
a ser Vicario General y Capitular del Obispado. José María
Esquivel figuró al frente de un colegio de Cartago en 1801, en los
sucesos pol iticos posteriores a la independencia y entre los catedráticos
de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Manuel Alvarado reglamentó
con Joaquín Rivas ese mismo Instituto y fue miembro de la Junta
Superior Gubernativa y Diputado en varias ocasiones. José Arguedas
impartió clases de Latín y Humanidades en San José.
Lo mismo hicieron en otras ciudades -Cartago, Heredia y Alajuela- José
Joaquín García, José María Porras, Luciano
Alfaro, Félix Romero y Joaquín Flores.
V.1.4. HILARIO HERDOCIA
Igual información que los
anteriores tuvo otro costarricense que se estableció definitivamente
en Nicaragua: Hilario Herdocia. Nacido en Alajuela el 14 de Enero de 1797
y trasladado con su padre a Rivas, donde recibía lecciones de Gramática
Latina, llegó a León y obtuvo los grados de Bachiller en
Artes y Sagrados Cánones. Uno de sus biógrafos, Gregorio
Juárez, detalla que:
"...no sólo hacía progresos
herdocia profundizando las materias canónicas y la Teología
Moral, sino que al propio (sic) tiempo se distinguía de los demás
jóvenes por su dedicación a la iglesia y su recato; por la
práctica de virtudes y frecuencia de los sacramentos; y cuando vistió
hábitos, se hicieron tan notorias sus recomendables prendas, que
no tardó S.S.I. Dr. Don Frai Nicolás García Jerez
en recomendarle como uno de los llamados singularmente al ministerio sacerdotal
y le ordenó de Presbítero el año de 1821 ". (92)
Gozando de la última dignidad
murió en 1857 en medio de su consternada feligresía leonesa.Pero
la proyección de las aulas leonesas en Costa Rica se manifestó
sobre todo en Rafael Francisco Osejo, mestizo del barrio de Subtiava de
la Ciudad de León, donde había nacido en 1794.(93) Bachiller
en Artes del Seminario, Osejo cursaba Derecho Civil y Canónico cuando
el Ayuntamiento de San José lo contrató para impartir la
cátedra de Filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo
Tomás, de la cual fue su primer Rector. Luego desplegó una
valiosa acción como político, educador, legislador y abogado
hasta el punto de ser declarado Benemérito de la Patria. Entre otras
cosas importantes, a él se debió la ley de Instrucción
Pública originada de su exposición del 16 de Marzo de 1831
en su carácter de Diputado a la Asamblea Extraordinaria. Fallecido
hacia 1850, su influencia fue decisiva en la evolución de Costa
Rica.(94)
V.1.6. JOSE TORIBIO ARGUELLO
Otro nicaragüense que se trasladó
a la misma provincia, llamado por Osejo, fue José Toribio Arguello.
Bachiller en Artes del Seminario, Conciliario al momento de su instalación
y Licenciado en Leyes de la misma obtuvo la cátedra de Filosofía
en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Fue Diputado a las
Cortes de Cádiz, se le procesó dos veces por cuestiones políticas
y sus ideas eran muy avanzadas para la época.(95)
V.1.7. LOS ORGANIZADORES POLITICOS
DE COSTA RICA
La Universidad de León aumentó
la influencia del Seminario al graduar a los que organizarían políticamente
Costa Rica: Nicolás Espinoza, Simón Guerrero, Agustín
Gutiérrez Lizaurzábal, Rafael Barroeta, Valentin Gallegos,
Pedro Zeledón, Manuel Aguilar, Braulio Carrillo y José María
Castro Madriz, todos abogados. Los nicaragüenses Espinoza y Guerrero
fueron llamados respectivamente para ocupar el cargo de Asesor de la Junta
Superior Gubernativa y para organizar los tribunales de Justicia. El guatemalteco
Gutiérrez Lizaurzábal y el salvadoreño Barroeta colaboraron
en el ramo judicial. La misma tarea hizo el costarricense Gallegos junto
con sus paisanos Zeledón, fundador de la Enseñanza del Derecho
en Costa Rica; Aguilar: Diputado, Magistrado, Asesor y Jefe de Estado;
y Carrillo, también Jefe de Estado en dos ocasiones.(96)
V.1.8. JOSE MARIA CASTRO MADRIZ
Así como Osejo había
sido el mayor fruto del Seminario Conciliar en Costa Rica, Castro Madriz
lo fue de la Universidad. Josefino de nacimiento, se graduó en ella
de Bachiller en Filosofía el 23 de Diciembre de 1838 y se recibió
de Doctoren DerechoCivil el 1 ro. de Noviembre de 1841, de Maestro en Artes
el 12 de Mayo de 1842 y de Doctor en Filosofía el 22 del mismo mes
y año. Luego, ejerciendo la Presidencia de la República,
decretó la erección de la Universidad de Santo Tomás
el 3 de Mayo de 1845, fue el autor de sus estatutos, uno de sus rectores
y su más grande benefactor. (97)
Por lo visto, las aulas leonesas del
Seminario y de la Universidad fueron los centros progenitores de la estructura
política y educacional de Costa Rica. Así se ha reconocido:
"Durante la organización política de los primeros años
de gobierno, a partir de 1825 -afirma un estudioso costarricense-, prestan
su contingente como legisladores muchos de los sacerdotes graduados en
la Universidad de León".(98) La cultura allí impartida --agrega
- '-influyó directamente en nuestra enseñanza. Aquella cultura,
que emanaba de España, vino a Costa Rica por medio de los graduados
en la Universidad dicha. La organización de la Casa de Santo Tomás,
así como la ley de Instrucción Pública de 1832, constituyen
un reflejo de la cultura de la Universidad leonesa".1991
En la segunda mitad del siglo XIX
esa proyección fue menor, Pero ya será señalada oportunamente.
Por el momento hay que pasar a Honduras, el segundo país beneficiado
por la influencia cultural de las aulas superiores de León.
V.2. JOSE TRINIDAD REYES EN HONDURAS
En compañía de los
devotos que iban a la romería del pueblo nicaragüense de El
Viejo, llegó a la capital de la provincia en Enero de 1815 un joven
hondureño de dieciocho años, a quien por su extracción
popular y pobreza se le había rechazado en el Colegio Tridentino
de Comayagua: José Trinidad Reyes.(100) Había salido el 20
de dicho mes bajo la guarda de Miguel Alvarez, labrador del barrio de la
Plazuela, con una carta de recomendación para el obispo de Nicaragua
Fr. Nicolás García Jerez firmada por su maestro de Latín,
el mercedario Fr. Juan de Altamirano.(101)
V.2.1. ESTUDIOS Y GRADOS
Acogido en casa de José María
Guerrero, padre del Dr. y Pbro. del mismo nombre que luego seria el cuarto
Rector de la Universidad de León, se captó el aprecio genera!
por su dedicación al estudio, y el Obispo García Jerez le
permitió ejercer el oficio de Maestro de Capilla en Catedral. De
esta manera pudo entrar en el Seminario y recibir lecciones de Matemáticas
en el Cuartel de Artillería con Manuel Dávila, militar que
posteriormente seguiría a Morazán en Honduras.
Al poco tiempo, Reyes obtenía
los títulos de Bachiller en Filosofía, Teologíay Derecho
Canónico en la Universidad; y, mientras ayudaba al Pbro. Guerrero
y a sus padres, se sintió llamado al sacerdocio. Para llevar a cabo
su deseo, pidió las debidas letras testimoniales al obispo de su
diócesis, regida por el deán Juan Manuel Fiallos, quien negó
su solicitud. Sin embargo, García Jerez I ordenó de menores
el 17 de Diciembre de 1819, de Sub-diácono el 22 de Diciembre de
.821 y de Diácono y Presbítero el 13 de Enero de 1822,
V.2.2. FRANCISCANO
Para entonces tenía dos años
de haber ingresado como novicio en la orden franciscana gracias a la protección
de Fr. Ramón de Jesús Rojas, fundador del Colegio de Propaganda
Fide de San Juan Bautista, y casi uno de haber hecho su profesión
correspondiente. En esa comunidad permaneció por lo menos hasta
fines de 1825. Diez apios estuvo en Nicaragua, pues, el Padre Reyes.
Disuelto el Colegio de San Juan Bautista
por la expt 'sión de Rojas decretada el 10 de Enero de 1825, Reyes
se trasladó a Guatemala en Marzo• de 1826. Seis años más
tarde la Municipalidad de Tegucigalpa establecía una cátedra
de Gramática Latina confiriéndosela a Reyes. "Yo tendrá
placer de acceder a su solicitud -escribía el 25 de Mayo de 1832
dirigiéndose a los señores de la Municipalidad- y en prestar
a mi patria este pequeño servicio". (102)
V.2.3. DISCIPULOS
Desde entonces tendría muchos
discípulos, entre ellos Yanuario Girón, Máximo Soto,
Alejandro Flores, Miguel Antonio Rovelo y Pedro Chirinos, quienes cursaron
sus estudios -enviados por su maestro- en la Universidad de León.
Pero la guerra de Me¡espín en 1844 les obligó a regresar
a Honduras tras haber obtenido los primeros grados académicos.
V.2.4. LA SOCIEDAD DEL GENIO EMPRENDEDOR
Y DEL BUEN GUSTO
Acostumbrados al estudio y siempre
reunidos alrededor de Reyes, éstos jóvenes decidieron fundar
una Academia o circulo intelectual y así apoyados por él,
inauguraron la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto que se instaló
en el ex-co nio de la Merced el 14 de Diciembre de 1845.
Este sería el origen de la
Universidad de Honduras. El 19 de Septiembre de 1847, en efecto, se fundaba
en el convento de San Francisco con Reyes de Rector, quien había
resuelto todos los antecedentes legales. La Universidad de León,
una vez más, daba virtualmente sus frutos.
V.2.5. FUNDADOR DE LA UNIVERSIDAD
DE HONDURAS
Fundador de la Universidad de su
país, Reyes le dió también sus estatutos. Pero no
pudo ver los óptimos resultados de su obra porque ocho años
después fallecía dejando los más gratos recuerdos
como educador, diputado, orador sagrado, músico, poeta y autor de
pastorelas en verso. (103)
V.3. OTRAS PERSONALIDADES
Por otra parte, uno de los jóvenes
que participarían en el movimiento estudiantil gestado en la Universidad
contra el imperio mexicano, el 4 de Junio de 1823 -Simón Orúe-,
era de San Miguel, El Salvador; el hondureño José Leocadio
Lardizábal, entre otros, había estudiado en las aulas de
la misma Universidad y dos de sus egresados, los licenciados Basilio y
Sebastián Salinas, emigraron a fines de 1842 a Honduras, donde fueron
bien recibidos.
V.3.1. BASILIO Y SEBASTIAN SALINAS
"Ellos -recordaba Juan Prado, sobrino
de los últimos- ejercieron la abogacía en su nueva patria:
tuvieron una inmensa clientela, y aún para complacer a sus bienhechores
abrieron las clases de Gramática, Filosofía, ambos Derechos
y Retórica; por manera que tenían dedicado todo su tiempo
a la enseñanza de la juventud y despachaban sus consultas hasta
por la noche, cumpliendo así exactamente sus compromisos; y toda
aquella juventud de talentos privilegiados como son los hondureños,
hizo rápidos progresos y muy pronto ya hubo preceptores entre los
estudiantes que ocupaban las cátedras de la incipiente Universidad
de Tegucigalpa, de donde han salido notabilísimos hombres de estado
que siguieron alternativamente rigiendo los destinos de Honduras".(104)
V.3.2. UN GUATEMALTECO: MEZA Y ORELLANA
En lo que respecta a Guatemala, las aulas leonesas no tuvieron ninguna
proyección; más bien fue lo contrario: por citar un sólo
ejemplo, el Dr. José Fermín Meza y Orellana, médico
egresado de la Universidad de su país, desempeñó gratuitamente
varias cátedras en la Universidad de León entre 1842 y 1844.(105)
V.3.3. NORBERTO RAMIREZ
El Salvador, en cambio, antes de
tener Universidad en 1841, sentía la presencia de las aulas leonesas,
como se ha señalado: "la muy acreditada Universidad nicaragüense
de León -escribe un historiador salvadoreño- mandaba al suelo
patrio considerable número de graduados".(106) Y uno de sus gobernantes
que lo fue también de Nicaragua, Norberto Ramírez, hizo sus
estudios en ese mismo eslabón centroamericano.
V.3.4. PABLO BUITRAGO EN EL SALVADOR
Durante varias décadas del
siglo XIX, un representante del espíritu universitario leonés
dejó fecundas huellas en El Salvador: Pablo Buitrago -hijo del Dr.
Nicolás Buitrago- quien fuera Rector de la Universidad y el Primer
Director Supremo del país en 1841.
Nacido en León el 21 de Enero
de 1807, obtuvo el grado de Bachiller en Filosofía en la Universidad
leonesa del año de la Independencia y los de Bachiller en ambos
derechos en la de Guatemala cinco años más tarde. Después
de sus altos cargos nicaragüenses, se trasladó a El Salvador
en 1851. Allí impartió las cátedras y el Vice-rectorado.
También fue consejero de la Facultad de Jurisprudencia, Decano de
la misma, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Nicaragua
en El Salvador en 1856, Juez General de Hacienda en 1862, comisionado del
gobierno salvadoreño en 1866 con el fin de ordenar las instrucciones
para el estudio del derecho patrio y Magistrado de la Corte Suprema de
Justicia.
El 25 de Febrero de 1880 volvió
a Nicaragua. Mas ya pertenecía a El Salvador cuyo poder ejecutivo
le concedió su jubilación el 18 de Septiembre del año
siguiente "en consideración a los importantes servicios -decía
el acuerdo- que el ilustre decano de los maestros ha prestado a la Universidad
durante más de treinta años" (107) Y murió en Santa
Tecla el 22 de Julio de 1822. La Universidad salvadoreña le consagró
un mármol en su memoria: por algo había perdido, según
frase de la época, al más insaciable promotor de su engrandecimiento,
al maestro que deció el tiempo más precioso de su vida a
la enseñanza de la juventud, al jurisconsulto más notable
del país, al que elaboró el porvenir del Colegio de Abogados,
a uno de los hombres a quien más debía El Salvador.BARBERENA
Finalmente, es oportuno referir el
curso de Retórica que intentó realizar en la Universidad
de ese mismo país el gran leonés Manuel Barberena, una de
las inteligencias más sólidas de Nicaragua. Anunciado en
el número 53 de la Gaceta del Salvador, corresoondiente al 31 de
Marzo de 1848, decía:
"Aviso. El que suscribe, con miembro
de esta Universidad y deseoso del adelantamiento de la juventud aplicada,
se propone dar un curso de Retórica, que durará ocho meses.
Comenzarán las lecciones el diez que entra, a la hora que el señor
Rector designe.
Los estudiantes deberán saber
todos siquiera el latín de las selectas, y no oirán las lecciones,
sino se examinan antes en la traducción de ellas, o tienen certificados
de latinidad.
El texto de las lecciones será
el de las Instituciones de Quintiliano; pero en sus casos se ampliará
la explicación con textos del orador Cicerón, Aristóteles,
Longinos, Hermógenes, Demetrio Falerio y Dionisio Halicauaso entre
los antiguos; y entre los modernos, Rollín y Blair.
Para los mejores latinos, se dará
en dos días de 'a semana, lecciones del alfabeto griego, de la declinación,
de la conjugación y de la lectura griega, ;—a por las fábulas
de Esocpo, ya por trozos escogidos de Lusias, Homero y Jofaeles. La explicación
de la poética de Horacio, será diaria, como habrá
siempre la de algún trozo de Tito Livio, de las sátiras de
Horacio, o algún discurso de Mureto.
No se admitirá en el curso
dar lecciones de cronología y de Historia griega o romana, ilustrándose
los hechos en lo que hace a la milicia con el tratado de Justo Lipsio.
Estas lecciones son '1tiles para todas
las carreras, y así pueden entrar pasantes y cursantes de todas
clases, y aun no estudiantes que sólo quieran hacerlo por gusto
o inclinación. San Salvador, marzo de 1848.
Manuel Barberena".(108)
Pero tal disposición fue en
vano porque, como informa un testigo, "no hubo quien se presentase al llamamiento
del profundo humanista, que tan generosamente ofrecía trasmitir
la masa del saber que poseía: la juventud no creyó necesario
el estudio de las letras humanas para la perfección de sus estudios,
a pesar y en despecho de la opinión de este hombre eminente—. (109)
V. LA PROYECCION CENTROAMERICANA DE
LAS AULAS SUPERIORES DE LEON
V.1. COSTARRICENSES GRADUADOS EN EL
SEMINARIO CONCILIAR
La Universidad, a pesar de sus interrupciones,
tuvo una apreciable proyección centroamericana en la primera mitad
del siglo XIX. Remontándose a los últimos años del
XVIII, se desarrolló en El Salvador, Honduras y, principalmente,
en Costa Rica. Unida a Nicaragua eclesiástica y políticamente,
y sin ningún establecimiento de enseñanza superior a lo largo
de la colonia, la última provincia del Reino de Guatemala dependía
de su vecina en esos aspectos; era lógico, por tanto que sus principales
hijos realizaran sus estudios primero en el Seminario Conciliar y luego
en la Universidad de León.
Entre los costarricenses graduados
en el primero, sobresalieron Florencio del Castillo, Juan de los Santos
Madríz, José María Peralta, Félix Esteban de
Hoces y Calvo, José María Esquivel, Manuel Alvarado, Joaquín
Rivas, José Arguedas, Joaquín García, José
María Porras, Luciano Alfaro, Félix Romero, Joaquín
Flores y otros.(91)
V.1.1. FLORENCIO DELCASTILLO
Bachiller y sacerdote consagrado
en 1802 en el Seminario, donde enseñaría Geometría
al año siguiente, del Castillo regresó a su patria y en 1808,
de nuevo en León, ocupaba la cátedra de Filosofía
en el mismo centro. Dos años después, mientras ejercía
el Vice-Rectorado del Seminario y al renunciar el Pbro. Nicolás
Carrillo, fue electo Diputado por Costa Rica a las Cortes de Cádiz.
Como no pudo salir para España a través del río San
Juan, viajó a Trujillo, Honduras. El 29 de Junio de 1811 llegaba
a Cádiz y el 11 de Julio se incorporaba a las Cortes. Allí
partició en casi todos los debates contribuyendo con su brillo personal
a la aprobación del decreto que erigiría en Universidad al
Seminario que lo había formado. En México, donde fallecería,
continuó su carrera al sercivio del Imperio de Iturbide.
V.1.2. JUAN DE LOS SANTOS MADRIZ
Sin inclinación a la vocación
religiosa, Madriz huyó de niño por un enojo familiar a tierra
nicaragüense y en León ingresó y trabajó en el
Seminario hasta ordenarse en 1813, graduarse de Bachiller en Leyes y Doctor
en Sagrados Cánones y pertenecer al cuerpo docente de la Universidad
de León en 1819. Devuelta en su país, entró de lleno
a la política. Elegido Diputado a las Cortes de Cádiz -cargo
que no tomó posesión- y Presidente de la Junta Superior Gubernativa
y de la Asamblea, fue uno de los redactoresdel Pacto Social Fundamental
Interino de Costa Rica. No obstante, se dedicó también a
la enseñanza: catedrático de 1818 a 1824 de la Casa de Enseñanza
de Santo Tomás y, de 1839 a 1843, Rector de la misma, desempeñó
ese cargo por cinco años más al transformarse ese instituto
en Universidad en 1844.
V.1.3. PERALTA Y LOS OTROS
El cartaginés José
María Peralta fue un orador notable tanto en la cátedra como
en el ejercicio público y se le recuerda por haber colaborado en
la fundación del Colegio San Luis Gonzaga en su ciudad natal. Su
coterráneo, Félix Esteban de Hoces y Calvo, llegó
a ser Vicario General y Capitular del Obispado. José María
Esquivel figuró al frente de un colegio de Cartago en 1801, en los
sucesos políticos posteriores a la independencia y entre los catedráticos
de la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Manuel Alvarado reglamentó
con Joaquín Rivas ese mismo Instituto y fue miembro de la Junta
Superior Gubernativa y Diputado en varias ocasiones. José Arguedas
impartió clases de Latín y Humanidades en San José.
Lo mismo hicieron en otras ciudades -Cartago, Heredia y Alajuela- José
Joaquín García, José María Porras, Luciano
Alfaro, Félix Romero y Joaquín Flores.
V.1.4. HILARIO HERDOCIA
Igual información que los
anteriores tuvo otro costarricense que se estableció definitivamente
en Nicaragua: Hilario Herdocia. Nacido en Alajuela el 14 de Enero de 1797
y trasladado con su padre a Rivas, donde recibía lecciones de Gramática
Latina, llegó a León y obtuvo los grados de Bachiller en
Artes y Sagrados Cánones. Uno de sus biógrafos, Gregorio
Juárez, detalla que:
'...no sólo hacía progresos
herdocia profundizando las materias canónicas y la Teología
Moral, sino que al propio (sic) tiempo se distinguía de los demás
jóvenes por su dedicación a la iglesia y su recato; por la
práctica de virtudes y frecuencia de los sacramentos; y cuando vistió
hábitos, se hicieron tan notorias sus recomendables prendas, que
no tardó S.S.1. Dr. Don Frai Nicolás García Jerez
en recomendarle como uno de los llamados singularmente al ministerio sacerdotal
y le ordenó de Presbítero el año de 1821 ". (92)
Gozando de la última dignidad
murió en 1857 en medio de su consternada feligresía leonesa.Pero
la proyección de las aulas leonesas en Costa Rica se manifestó
sobre todo en Rafael Francisco Ose jo, mestizo del barrio de Subtiava de
la Ciudad de León, donde había nacido en 1794.(93) Bachiller
en Artes del Seminario, Osejo cursaba Derecho Civil y Canónico cuando
el Ayuntamiento de San José lo contrató para impartir la
cátedra de Filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo
Tomás, de la cual fue su primer Rector. Luego desplegó una
valiosa acción como politico, educador, legislador y abogado hasta
el punto de ser declarado Benemérito de la Patria. Entre otras cosas
importantes, a él se debió la ley de Instrucción Pública
originada de su exposición del 16 de Marzo de 1831 en su carácter
de Diputado a la Asamblea Extraordinaria. Fallecido hacia 1850, su influencia
fue decisiva en la evolución de Costa Rica.(94)
V.1.6. JOSE TORIBIO ARGUELLO
Otro nicaragüense que se trasladó
a la misma provincia, llamado por Osejo, fue José Toribio Arguello.
Bachiller en Artes del Seminario, Conciliario al momento de su instalación
y Licenciado en Leyes de la misma obtuvo la cátedra de Filosofía
en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás. Fue Diputado a las
Cortes de Cádiz, se le procesó dos veces por cuestiones políticas
y sus ideas eran muy avanzadas para la época.(95)
V.1.7. LOS ORGANIZADORES POLITICOS
DE COSTA RICA
La Universidad de León aumentó
la influencia del Seminario al graduar a los que organizarían políticamente
Costa Rica: Nicolás Espinoza, Simón Guerrero, Agustín
Gutiérrez Lizaurzábal, Rafael Barroeta, Valentín Gallegos,
Pedro Zeledón, Manuel Aguilar, Braulio Carrillo y José María
Castro Madriz, todos abogados. Los nicaragüenses Espinoza y Guerrero
fueron llamados respectivamente para ocupar el cargo de Asesor de la Junta
Superior Gubernativa y para organizar los tribunales de Justicia. El guatemalteco
Gutiérrez Lizaurzábal y el salvadoreño Barroeta colaboraron
en el ramo judicial. La misma tarea hizo el costarricense Gallegos junto
con sus paisanos Zeledón, fundador de la Enseñanza del Derecho
en Costa Rica; Aguilar: Diputado, Magistrado, Asesor y Jefe de Estado;
y Carrillo, también Jefe de Estado en dos ocasiones.(96)
V.1.8. JOSE MARIA CASTRO MADRIZ
Así como Osejo había
sido el mayor fruto del Seminario Conciliar en Costa Rica, Castro Madriz
lo fue de la Universidad. Josefino de nacimiento, se graduó en ella
de Bachiller en Filosofía el 23 de Diciembre de 1838 y se recibió
de Doctor en Derecho
Civil el l ro. de Noviembre de 1841,
de Maestro en Artes el 12 de Mayo de 1842 y de Doctor en Filosofía
el 22 del mismo mes y año. Luego, ejerciendo la Presidencia de la
República, decretó la erección de la Universidad de
Santo Tomás el 3 de Mayo de 1845, fue el autor de sus estatutos,
uno de sus rectores y su más grande benefactor. (97)
Por lo visto, las aulas leonesas del
Seminario y de la Universidad fueron los centros progenitores de la estructura
política y educacional de Costa Rica. Así se ha reconocido:
"Durante la organización política de los primeros años
de gobierno, a partir de 1825 -afirma un estudioso costarricense-, prestan
su contingente como legisladores muchos de los sacerdotes graduados en
la Universidad de León".(98) La cultura allí impartida --agrega-
'-influyó directamente en nuestra enseñanza. Aquella cultura,
que emanaba de España, vino a Costa Rica por medio de los graduados
en la Universidad dicha. La organización de la Casa de Santo Tomás,
así como la ley de Instrucción Pública de 1832, constituyen
un reflejo de la cultura de la Universidad leonesa'.(99)
En la segunda mitad del siglo XIX
esa proyección fue menor, Pero ya será señalada oportunamente.
Por el momento hay que pasar a Honduras, el segundo país beneficiado
por la influencia cultural de las aulas superiores de León.
V.2. JOSE TRINIDAD REYES EN HONDURAS
En compañía de los
devotos que iban a la romería del pueblo nicaragüense de El
Viejo, llegó a la capital de la provincia en Enero de 1815 un joven
hondureño de dieciocho años, a quien por su extracción
popular y pobreza se le había rechazado en el Colegio Tridentino
de Comayagua: José Trinidad Reyes.(100) Había salido el 20
de dicho mes bajo la guarda de Miguel Alvarez, labrador del barrio de la
Plazuela, con una carta de recomendación para el obispo de Nicaragua
Fr, Nicolás García Jerez firmada por su maestro de Latín,
el mercedario Fr. Juan de Altamirano.(101)
V.2.1. ESTUDIOS Y GRADOS
Acogido en casa de José María
Guerrero, padre del Dr. y Pbro. del mismo nombre que luego sería
el cuarto Rector de la Universidad de León, se captó el aprecio
general por su dedicación al estudio, y el Obispo García
Jerez le permitió ejercer el oficio de Maestro de Capilla en Catedral.
De esta manera pudo entrar en el Seminario y recibir lecciones de Matemáticas
en el Cuartel de Artillería con Manuel Dávila, militar que
posteriormente seguiría a Morazán en Honduras.
Al poco tiempo, Reyes obtenía
los títulos de Bachiller en Filosofía, Teología
y Derecho Canónico en la Universidad;
y, mientras ayudaba al Pbro. Guerrero y a sus padres, se sintió
llamado al sacerdocio. Para llevar a cabo su deseo, pidió las debidas
letras testimoniales al obispo de su diócesis, regida por el deán
Juan Manuel Fiallos, quien negó su solicitud. Sin embargo, García
Jerez I, ordenó de menores el 17 de Diciembre de 1819, de Sub-diácono
el 22 de Diciembre de ',821 y de Diácono y Presbítero el
13 de Enero de 1822.
V.2.2. FRANCISCANO
Para entonces tenía dos años
de haber ingresado como novicio en la orden franciscana gracias a la protección
de Fr. Ramón de Jesús Rojas, fundador del Colegio de Propaganda
Fide de San Juan Bautista, y casi uno de haber hecho su profesión
correspondiente. En esa comunidad permaneció por lo menos hasta
fines de 1825. Diez años estuvo en Nicaragua, pues, el Padre Reyes.
Disuelto el Colegio de San Juan Bautista
por la expi 'sión de Rojas decretada el 10 de Enero de 1825, Reyes
se trasladó a Guatemala en Marzu de 1826. Seis años más
tarde la Municipalidad de Tegucigalpa establecía una cátedra
de Gramática Latina confiriéndosela a Reyes. "Yo tendré
placer de acceder a su solicitud -escribía el 25 de Mayo de 1832
dirigiéndose a los señores de la Municipalidad- y en prestar
a mi patria este pequeño servicio".(102)
V.2.3. DISCIPULOS
Desde entonces tendría muchos
discípulos, entre ellos Yanuario Girón, Máximo Soto,
Alejandro Flores, Miguel Antonio Rovelo y Pedro Chirinos, quienes cursaron
sus estudios -enviados por su maestro- en la Universidad de León.
Pero la guerra de Me¡espín en 1844 les obligó a regresar
a Honduras tras haber obtenido los primeros grados académicos.
V.2.4. LA SOCIEDAD DEL GENIO EMPRENDEDOR
Y DEL BUEN GUSTO
Acostumbrados al estudio y siempre
reunidos alrededor de Reyes, éstos jóvenes decidieron fundar
una Academia o círculo intelectual y así apoyados por él,
inauguraron la Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto que se instaló
en el ex-co nio de la Merced el 14 de Diciembre de 1845.
.Este sería el origen de la
Universidad de Honduras. El 19 de Septiembre de 1847, en efecto, se fundaba
en el convento de San Francisco con Reyes de Rector, quien había
resuelto todos los antecedentes legales. La Universidad de León,
una vez más, daba virtualmente sus frutos.
V.2.5. FUNDADOR DE LA UNIVERSIDAD
DE HONDURAS
Fundador de la Universidad de su
país, Reyes le dió también sus estatutos. Pero no
pudo ver los óptimos resultados de su obra porque ocho años
después fallecía dejando los más gratos recuerdos
como educador, diputado, orador sagrado, músico, poeta y autor de
pastorelas en verso.(103)
V.3. OTRAS PERSONALIDADES
Por otra parte, uno de los jóvenes
que participarían en el movimiento estudiantil gestado en la Universidad
contra el imperio mexicano, el 4 de Junio de 1823 -Simón Orúe-,
era de San Miguel, El Salvador; el hondureño José Leocadio
Lardizábal, entre otros, había estudiado en las aulas de
la misma Universidad y dos de sus egresados, los licenciados Basilio y
Sebastián Salinas, emigraron a fines de 1842 a Honduras, donde fueron
bien recibidos.
V.3.1. BASILIO Y SEBASTIAN SALINAS
"Ellos -recordaba Juan Prado, sobrino
de los últimos- ejercieron la abogacía en su nueve patria:
tuvieron una inmensa clientela, y aún para complacer a sus bienhechores
abrieron las clases de Gramática, Filosofía, ambos Derechos
y Retórica; por ma nera que tenían dedicado todo su tiempo
a la enseñanza de la juventud y despechaban sus consulta huta por
la noche, cumpliendo así exactamente sus compromisos; y toda aquella
juventud de talentos privilegiados como son los hondureños, hizo
rápidos progresos y muy pronto ya hubo preceptora entre los estudiantes
que ocupaban las cátedra de la incipiente Universidad de Tegucigalpa,
de donde han salido notabilísimos hombres de estado que siguieron
alternativamente rigiendo los destinos de Hondura".(104)
V.3.2. UN GUATEMALTECO: MEZA Y ORELLANA
En lo que respecto a Guatemala, la aulas leonesas no tuvieron ninguna proyección;
más bien fue lo contrario: por citar un sólo ejemplo, el
Dr. José Fermín Meza y Orellana, médico egresado de
la Universidad de su país, desempeñó gratuitamente
varias cátedras en la Universidad de León entre 1842 y 1844.(105)
V.3.3. NORBERTO RAMIREZ
El Salvador, en cambio, antes de
tener Universidad en 1841, sentía la presencia de las aulas leonesas,
como se ha señalado: "la muy acreditada Universidad nicaragüense
de León -escribe un historiador salvadoreño- mandaba el suelo
patrio considerable número de graduados".(106) Y uno de sus gobernantes
que lo fue también de Nicaragua, Norberto Ramírez, hizo sus
estudios en ese mismo eslabón centroamericano.
V.3.4. PABLO BUITRAGO EN EL SALVADOR
Durante varias décadas del
siglo XIX, un representante del espíritu universitario leonés
dejó fecundas huellas en El Salvador: Pablo Buitrago -hijo del Dr.
Nicolás Buitrago- quien fuera Rector de la Universidad y el Primer
Director Supremo del país en 1841.
Nacido en León el 21 de Enero
de 1807, obtuvo el grado de Bachiller en Filosoffa en la Universidad leonesa
del año de la Independencia y los de Bachiller en ambos derechos
en la de Guatemala cinco años más tarde. Después de
sus altos cargos nicaragüenses, se trasladó e El Salvador en
1851. Allí impartió las cátedras y el Vice-rectorado.
También fue consejero de la Facultad de Jurisprudencia, Decano de
la misma, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Nicaragua
en El Salvador en 1856, Juez General de Hacienda en 1862, comisionado del
gobierno salvadoreño en 1866 con el fin de ordenar las instrucciones
para el estudio del derecho patrio y Magistrado de la Corte Suprema de
Justicia.
El 25 de Febrero de 1880 volvió
a Nicaragua. Mas ya pertenecía a El Salvador cuyo poder ejecutivo
le concedió su jubilación el 18 de Septiembre del año
siguiente "en consideración a los importantes servicios -decía
el acuerdo- que el ilustre decaes de loa maestros ha prestado a la Universidad
durante más de treinta anos" (107) Y murió en Santa Tecla
el 22 de Julio de 1822. La Universidad salvadoreña le consagró
un mármol en su memoria: por algo había perdido, según
frase de la época, el más insaciable promotor de su engrandecimiento,
al maestro que deció el tiempo más precioso de su vida a
la enseñanza de la juventud, al jurisconsulto más notable
del país, el que elaboró el porvenir del Colegio de Abogados,
a uno de los hombres a quien más debía El Salvador.Finalmente,
es oportuno referir el curso de Retórica que intentó realizar
en la Universidad de ese mismo país el gran leonés Manuel
Barberena, una de las inteligencias más sólidas de Nicaragua.
Anunciado en el número 53 de la Gaceta del Salvador, corresoondiente
al 31 de Marzo de 1848, decía:
"Aviso. El que suscribe, con miembro
de esta Universidad y deseoso del adelantamiento de la juventud aplicada,
se propone dar un curso de Retórica, que durará ocho meses.
Comenzarán las lecciones el diez que entra, a la hora que el señor
Rector designe.
Los estudiantes deberán saber
todos siquiera el latín de las selectas, y no oirán las lecciones,
sino se examinan antes en la traducción de ellas, o tienen certificados
de latinidad.
El texto de las lecciones será
el de las Instituciones de Quintiliano; pero en sus casos se ampliará
la explicación con textos del orador Cicerón, Aristóteles,
Longinos, Hermógenes, Demetrio Falerio y Dionisio Halicauaso entre
los antiguos; y entre los modernos, Rollín y Blair.
Para los mejores latinos, se dará
en dos días de 'a semana, lecciones del alfabeto griego, de la declinación,
de la conjugación y de la lectura griega, ;•a por las fábulas
de Esocpo, ya por trozos escogidos de Lusias, Hornero y Jofaeles. La explicación
de la poética de Horacio, será diaria, como habrá
siempre la de algún trozo de Tito Livio, de las sátiras de
Horacio, o algún discurso de Mureto.
No se admitirá en el curso
dar lecciones de cronología y de Historia griega o romana, ilustrándose
los hechos en lo que hace a la milicia con el tratado de Justo Lipsio.
Estas lecciones son "Miles para todas
las carreras, y así pueden entrar pasantes y cursantes de todas
clases, y aun no estudiantes que sólo quieran hacerlo por gusto
o inclinación. San Salvador, marzo de 1848. Manuel Barberena".1108)
Pero tal disposición fue en
vano porque, como informa un testigo, "no hubo quien se presentase al llamamiento
del profundo humanista, que tan generosamente ofrecía trasmitir
la masa del saber que poseía: la juventud no creyó necesario
el estudio de las letras humanas para la perfección de sus estudios,
a pesar y en despecho de la opinión de este hombre eminente". (109)
MANFUT.ORG |