»Cutufay»
Un famoso cochero de Masaya
* Auriga desde hace más de cincuenta años
Joselito el niño cantor, El Ruiseñor de España
, escuchó de boca de su cochero hermosas leyendas e
historias de la ciudad de Masaya, así como los relatos
de los aguerridos nativos de Monimbó y también conoció
a los mejores artesanos de la ciudad, los artistas de la danza, y pintores
primitivistas. Al final, el niño cantor resultó gratamente
impresionado por los niños músicos de Masaya, que a temprana
edad le arrancaban alegres sones a las marimbas y guitarras.
Joselito le preguntó a Cutufay que cómo hacían los
nativos de Monimbó para mantener vivas sus tradiciones, costumbres,
ritos, danzas y el famoso Consejo de Ancianos con su alcalde de Vara,
todo nuevo para él, pero también quería realizar el
recorrido por todos los sectores turísticos de Masaya montado
en un solo coche halado por dos caballos y por un solo conductor,
el famoso (Cutufay), en ese entonces recién cumplía
sus 17 años.
El Ruiseñor de España pensaba en toda la historia de Masaya,
y estaba muy concentrado en esas ideas del folklore, que almacena
cuentos de duendes, la serpiente gigante que supuestamente se encuentra
en las profundidades de la Laguna de Masaya, y se acordó también
de un pasadizo secreto de los aborígenes donde existen grandes cantidades
de jeroglíficos y donde hay un grabado de un supuesto Extraterrestre.
Este es el famoso y abandonado sector turístico «Las
Huellas del Cailagua», que bien se pueden explotar en la actualidad.
La mente brillante de Joselito no olvidaba ningún detalle de la
historia de Masaya, ya que había leído en España las
famosas Crónicas de Oviedo, donde menciona que la mayoría
de los «indios» llamados así erróneamente
eran pintores naturales y que sabían combinar muy bien los
colores, pero que nunca los conquistadores descubrieron con
qué sustancias eran elaboradas las pinturas que usaban.
Cuando el tren de llegada se detuvo en la Estación, Joselito por
poco impacta con el asiento delantero, hasta que de pronto a las
ventanillas se acercaron grupos de mujeres jóvenes, bonitas y
arregladas a la moda de la época, traje largo, en el cabello adornado
de flores de reseda y malinche con un aroma especial que percibió
el niño cantor.
Todas a la vez pregonaban una variedad de productos. «Marchantito,
le dijeron a Joselito, compre bollos de a chelín». Otra decía:
«Mirá, amorcito, aquí llevo artesanías y flores
para que le llevés a tu novia», y Joselito respondió:
«No tengo novia, ando buscando una», y se acercó
una muchacha esbelta y morena con cabello largo negro lacio y manifestó:
«Aquí estoy yo para ser tu futura novia».
Luego se bajó del tren acompañado de su tutor y la muchacha
bonita y esbelta, y abordaron exclusivamente la diligencia número
40 que conduciría con mucha destreza y experiencia el famoso y
popular cochero Rolando Marín Obregón (Cutufay).
Cutufay, recordó exactamente que Joselito en ese entonces tenía
once años porque él se lo preguntó. Era de tez blanca
y muy «guapo». Durante todo el día y la noche
el niño cantor de España anduvo montado en el coche
de Rolando Marín, quien lo trasladó a todos los
lugares que él solicitó y después por la noche lo
invitó para que asistiera al desaparecido Teatro González.
Aquí cantó Joselito y fue un gran éxito.
Al día siguiente, después de la presentación del artista
niño, buscó el coche de Cutufay y realizaron
el famoso recorrido por todo Monimbó. Joselito conversó
con miembros del Consejo de Ancianos y el Alcalde de Vara, visitó
el malecón y Las Huellas de El Cailagua y el legendario Coyotepe,
testigo silencioso de muchas historias y batallas.
CUTUFAY COTIZADO POR ARTISTAS NACIONALES E INTERNACIONALES
Como Masaya es la cuna de artistas, cantantes, maestros de la música
como don Alejandro Vega Matus y don Carlos Alberto Ramírez
Velásquez, estos insignes maestros del Pentagrama Musical,
el popular Cutufay también se dio el lujo de andar en su
coche a unos artistas conocidos como Los Guandique y Los Ocoles, a quienes
les gustaba pasear por la noche pagando diez córdobas por
el recorrido.
Don Rolando Marín recuerda como si fuera ayer que se inicio en
este digno trabajo. Fue en 1950, cuando solamente tenía 17 años.
Su papá, don Rafael Marín Calero, le heredó el arduo
oficio de cochero que desde hace cincuenta años mantiene a
mucha honra, y la dignidad de ser el mejor cochero de Masaya.
En aquellos tiempos se acostumbraba que el auriga vistiera de saco
blanco y pantalón azul, y elegantemente pasaban así por
espacio de tres días consecutivos prestando el servicio a los
turistas. Era una costumbre de la época que en la actualidad se
esfumó por el vaivén de la super inflación que impera
en nuestro país.
El coche número de 40 de Cutufay cubría todas las rutas tanto
adentro como afuera de la ciudad, según el gusto del pasajero.
En esa época
existían más de 40 carruajes, diligencias, coches o
berlinas y todos por lo general se estacionaban a primeras horas
de la mañana en los alrededores de la desaparecida estación
del Ferrocarril.
El pasaje por cliente costaba en 1950, solamente cincuenta
centavos, con los cuales se podía, según cuenta Cutufay,
comprar una taza de mondongo «y todavía te daban
vuelto». Otros lugares donde acostumbraban estacionarse
para esperar a los pasajeros, era en los contornos del antiguo
Mercado de Masaya. Esto lo hacían como a las diez de la mañana
y por la tarde se instalaban cerca de las diversas tiendas, donde los dueños
de estos negocios permitían a los aurigas que estuvieran cerca para
prestar los servicios a los clientes que llegaban a comprar.
Los aurigas de Masaya nunca han tenido un parqueo especial para
los coches, para que los turistas nacionales e internacionales sepan
dónde encontrarlos para hacer el recorrido y conocer los lugares
más atractivos de la ciudad.
EL RELINCHO DEL GARAÑON
El doctor Fernando Padilla Algaba, alcalde saliente, solía en sus
tiempos mozos abordar el coche número 40 de Cutufay y de la clínica
era trasladado a las diferentes casas de los pacientes del galeno.
En 1957, don Alcides Gutiérrez, llamó a Cutufay porque él
quería hacer un disco y después de dialogar,
practicaron el Relincho del Garañón. Para 1958, fue trasladado
a Managua a Radio Mundial para hacer un disco del famoso marimbero don
Trinidad Dávila y los que ejecutaron la guitarra fueron Simón
y Méndez.
Don Trinidad Dávila, fue un marimbero muy famoso en Monimbó
y en Nicaragua por haber compuesto la famosa pieza musical conocida
como «La Danza Negra» que se acostumbra ejecutar durante
los velorios del populoso barrio. Cuando doña Carmen Toribio
murió de más de cien años, los marimberos llegaron
y ejecutaron La Danza Negra a media noche.
El marimbero Trinidad en sus buenos tiempos usaba pantalón azul
y cotona blanca con una serie de bordados, pero nunca le gustó
usar zapatos ni caites, porque decía él que dejaría
de percibir las palpitaciones de la madre Tierra y que él
se mantenía en directo contacto con la naturaleza.
Después de prácticas y ensayos se trasladaron a México
donde fabricaron el famoso disco del Relincho del Garañón
y después don Alcides Gutiérrez, le dijo a Cutufay—»Hemos
triunfado, eso era lo que quería en mi vida». El disco
fue muy famoso y aún suena en las
grabaciones
de cassetes. Al disco le puso el nombre ONDINA, en honor a su hermana.
Claramente este famoso personaje fue el que se dedicó a entrenar
a sus caballos para que produjeran el sonido de El Relincho y al
final lo logró y fue grabado en México y traído a
Nicaragua donde también tuvo una gran acogida el nuevo disco
ONDINA.
Viernes
29 de Diciembre de 2000 | El Nuevo Diario —EDWIN SOMARRIBA..
17 DE NOVIEMBRE DEL
2001 / La Prensa
El “cochero invisible”
Desde hace treinta años, don Carlos Durán Ruiz se dedica
a fabricar coches típicos, en Masaya. Se autodenomina
“cochero invisible” y a pesar de la poca demanda,
se resiste a dejar su oficio y confía en que continuará
fabricándolos porque mientras los nicas los reemplazan
por automotores, los extranjeros vienen expresamente
a encargarlos.
Carlos Durán prueba con su familia la resistencia de
los resortes de uno de los coches recién fabricado.
Leopoldo López Arias
Es un cochero, pero no porque vaya manejando alguno de ellos, sino porque
los
construye. Es un “cochero invisible”, según se autodenomina don
Carlos Durán, uno
de los pocos fabricantes de coches típicos que se resisten a dejar
su trabajo.
En el Barrio Santa Rosa, en Masaya, su taller de herrería aparenta
estar en
abandono; sin embargo, él y su familia aún se dedican a construir
carruajes.
“Tengo 30 años de trabajar fabricando coches. Aquí se prepara
todo, desde el chasis
hasta la última pieza que lleva”, explicó rodeado de pedazos
de hules, trozos de
hierro y madera.
El producto de los días de trabajo de este humilde herrero ha traspasado
las
fronteras. El último modelo antiguo que hizo de estos rudimentarios
vehículos está
en Rancho “Castañuela”, México, también se encuentran
en Guatemala, El Salvador,
Costa Rica y algunos hoteles nacionales.
Indicó que en cada obra pone amor, porque éste es un arte
que heredó y nunca
olvidará. Narró que aprendió el oficio con Domingo
García, fabricante de los
primeros coches que circularon por Masaya, quien con dedicación,
esmero y
paciencia le transmitió los conocimientos aprendidos de su padrastro
don Julio
Carranza Morales.
HERENCIA A SUS HIJOS Y NIETOS
Junto a don Carlos, sus hijos y nietos trabajan arduamente en la fragua,
fundiendo al
rojo vivo el hierro tosco para darle forma, haciendo los chasis que llaman
“almas”,
los aros de las ruedas, los resortes tornamesa y medias lunas con su yugo.
De un pedazo de madera de guachipilín salen los tambores donde van
sujetados los
16 rayos al aro de madera y hierro que va forrado con pedazos de hule.
Sus hijas
mujeres no se quedan atrás. Ellas fabrican las toldas, usando madera
seleccionada.
Ante la poca demanda de estos carruajes, don Carlos, también se
dedica a fabricar
berlinas típicas de hierro y madera, de las que elaboran varios
modelos; carros
fúnebres, carretones de caballos con ruedas de madera y carretones
de mano.
CASI EN EXTINCIÓN
Masaya es un departamento que podría tener sus ciudades, su cabecera
y sus ocho
poblaciones municipales, cubiertas de coches típicos, generar fuentes
de trabajo
protegiendo el medio ambiente y atraer más al turismo nacional y
extranjero, pero
no es así, lamentó el fabricante de coches don Carlos Durán
Ruiz.
Por las calles de la Ciudad de la Flores sólo circulan seis coches
típicos, doce
diligencias, 960 taxis y hasta 220 microempresarios granadinos tienen vehículos
automotor que prestan servicio colectivo, según estadísticas
de la Alcaldía.
La razón quizás es porque son pocos los fabricantes de estos
típicos medios de
transporte.
El motivo también puede ser económico. Según Durán,
el precio de un coche típico
es de 2 mil 500 dólares, sin incluir los dos caballos criollos necesarios
para halar el
coche.
En Masaya hay otros talleres pero solamente reparan coches, no los fabrican
debido
a la poca demanda. Sin embargo, don Carlos Durán Ruiz no teme que
este trabajo
termine con la modernización del transporte, “porque hay extranjeros
que aman y
aprecian las cosas típicas y antiguas”— |