1
de Noviembre de 2001 | El Nuevo Diario
La máxima
muestra del muralismo nicaragüense
Murales
de la Iglesia Nuestra Señora de los Angeles
Todo este conjunto de murales de la Iglesia Nuestra Señora de los
Angeles constituyen la muestra máxima del muralismo nicaragüense.
Mantienen una secuencia narrativa conjugando un lenguaje plástico
moderno con una técnica expresionista no exenta de realismo.
Uno de los mayores aciertos reside en la homogeneidad de contenido y
en la unidad narrativa y formal; posiblemente esta unidad radica en la
acertada dirección, capaz de conjugar diferentes tendencias y estilos.
Tanto desde el punto de vista formal como temático, estos murales
alternan el presente con el pasado y lo particular con lo universal,
ofreciéndonos una clara muestra de las múltiples posibilidades
que
pudiera alcanzar el muralismo en nuestro país.
Dra. Mayra Luz Pérez Dra. Dolores Torres
Fragmento del ensayo «La pintura mural en Nicaragua» Revista
Encuentro No 32 Septiembre-Diciembre 1987 Universidad
Centroamericana, Managua
Pintor italiano Sergio Michilini preocupado por la suerte de su obra
El arte no es enemigo de nadie
* Obras murales de la iglesia Santa María de Los Angeles deben ser
preservadas
* Llamado al INC, instituciones culturales y ONG´s para financiar
proyecto de restauración y protección
—Erick Aguirre—
Managua
Desde hace unas semanas está entre nosotros el pintor y escultor
italiano Sergio Michilini, pionero entre los promotores del nuevo arte
público monumental en Nicaragua. Anda de arriba a abajo, casi
hiperquinético, moviéndose siempre de un lado a otro. Tuve
oportunidad
de cenar con él junto a su compañera en casa de Michele Mimmo,
compatriota suyo y amigo común, quien es traductor y profesor de
idioma italiano en la UCA.
Hablamos de muchas cosas que a casi todos nos inquietan en la
actualidad, pero lo que a él más le preocupa, entre tan sombrío
panorama que sobrevino a nuestra conversación, es el hecho inminente
de que los hermosos murales que con alumnos nicaragüenses pintó
hace ya una década en la iglesia católica del barrio Riguero,
terminen
por ser eliminados.
Volvimos a encontrarnos una mañana de éstas, en el Instituto
de
Historia de la UCA, donde le ayudamos a cargar, bajo una leve llovizna
que podía haber arruinado meses de trabajo, una escultura de madera
que acaba de donar al instituto. Fue entonces cuando me habló
rápidamente del mural, de sus preocupaciones y de lo que él
mismo
propone como posible solución.
En realidad, como lo saben bien los vecinos del barrio Riguero y miles
de nicaragüenses, se trata de un conjunto de murales que conforman
una sola obra, un magnífico y trascendental monumento a la Historia
de
Nicaragua, y así exactamente se titula el trabajo. Fue elaborado
entre
julio de 1982 y julio de 1985, en la iglesia Santa María de Los
Angeles, y
constituyó el preámbulo de lo que inmediatamente después
pasaría a
ser la Escuela de Arte Público Monumental de Nicaragua.
En su elaboración empezaron a foguearse, bajo la dirección
de Michilini
y con el apoyo de otros artistas italianos, los primeros pintores
muralistas nicaragüenses. En total son 680 metros cuadrados de
esfuerzo artístico, compuestos por el mural Absidal, los murales
laterales y las policromías e integraciones plástico-decorativas
que
representan fragmentos importantes de nuestra historia.
Hoy, a Michilini le preocupa que la iglesia pueda dejar de ser patrimonio
de la orden de los franciscanos, y que la autoridad eclesial que se haga
cargo de ella, desestime la obra y termine por cometer el pecado de
eliminarla. Los franciscanos, aunque actualmente la han desatendido e
incluso han intentado taparla a los ojos de los feligreses, en realidad
han
tenido la sensatez de preservarla.
Aunque lo cierto es que por Ley de la República (Ley No. 90 publicada
en La Gaceta en abril de 1990) fue declarada parte del Patrimonio
Cultural de la Nación, por lo que cualquier acción u omisión
tendiente a
la destrucción, alteración o daño en los mismos, constituiría
un delito.
A través de las páginas de El Nuevo Diario, Michilini ha
querido hacer un
llamado a las Organizaciones No Gubernamentales, nacionales e
internacionales, sensibilizadas con este asunto, así como a las
instituciones culturales del país; que lo apoyen en el financiamiento
de
un proyecto para la restauración, limpieza y manutención
de la obra. En
todo caso, al Instituto de Cultura es al que corresponde, al menos,
elaborar urgentemente un diagnóstico para llevar a cabo dicho proyecto.
Sería verdaderamente lamentable que este hermoso e importantísimo
trabajo pictórico, que además constituye el embrión
del nuevo arte
público desarrollado en Nicaragua, se perdiera por razones de
intolerancia política y miopía cultural.
Michilini está en total disposición, según nos dijo,
para llegar a un
acuerdo con el padre superior de la provincia franciscana, cuya sede
está en Guatemala, así como con el coordinador en Nicaragua
y el
párroco de la iglesia del Riguero, para sustituir las cortinas fijas
que
actualmente impiden la visión de los murales, con cortinas movibles
de
lona para permitir al público y a los feligreses apreciar la obra.
Esa es su propuesta, y eso fue lo que terminamos conversando la
noche que cenamos en casa de Michelle, después de habernos
lamentado, casi desesperanzadamente, por la suerte del llamado tercer
mundo en el comienzo de este nuevo siglo.
Esa noche me fui pensando en que el secreto de la inagotable
creatividad de la naturaleza es muy simple y, como Michilini y tantos
artistas, el resto de los seres humanos no deberíamos olvidarlo:
la
creación y las obras de arte no son enemigas de nadie.
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